jueves, 2 de diciembre de 2010

Félix de Azua



Muchas y variadas son las actividades a que pueden entregarse dos personas cuyo único nexo es el conocimiento carnal; múltiples las posturas y diversas las circunstancias. Hay un registro notablemente amplio en la mecánica copulatoria como para que el espejismo de felicidad dure por lo menos un par de meses. Es muy similar a lo que dice Conrad sobre el trabajo en el mar, una tarea suficientemente agotadora como para facilitar el descanso, pero no tanto como para dejar exhaustos a los marinos, con lo que desaparecería la marina mercante. Es, en definitiva, algo que no se acaba nunca. Durante aquellos meses pude comprobar las sorprendentes analogías entre la gramática y la fornicación, en lo tocante a variaciones sintácticas, morfológicas y semánticas. Pero llegó un momento en que nos repetimos. Era inevitable, a pesar de sus pechos y sus vulvas. Y lo más probable es que fuera culpa mía, pues en todo aquel tiempo, yo, la verdad, no conseguí tener más que un pene. Historia de un idiota contada por él mismo o El contenido de la felicidad, novela de Félix de Azua. Editorial Anagrama.