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viernes, 20 de mayo de 2011

Somos







Fotos: Puerta del Sol la pasada tarde.

URGENTE: Exige a la Junta Electoral Central que revoque su decisión


De la indignación a la reacción. De unos cientos a unos miles. De unos miles a muchos miles. Espera y verás. El Roto, como siempre, fue quien mejor resumió la nueva situación. ¿Basta con observarla? ¿Con tachar de manipulado al movimiento 15-M, que pide democracia real porque la que tenemos no solo no llena sus necesidades, sino que se ha vaciado de valores?
Pocos días antes de las elecciones, y los candidatos con estos pelos. Me alegro de que la sacudida se produzca. Claro que el domingo, si el resultado sitúa a la derecha al mando, como anuncian las encuestas, y a las puertas del Gobierno de la nación, claro que en ese caso, repito, la culpa será de estos Indignados con Causa y a menudo sin casa, como reza uno de los inteligentes carteles que han esgrimido. De fabricación casera: ¿eso no sugiere nada? Por todos los demonios, qué alivio.
¿La culpa será suya, por plantear ahora sus problemas? ¿Ninguna responsabilidad para un sistema en el que se distingue al bueno del malo contando cuál de los dos partidos que cortan el bacalao lleva más corruptos en las listas?
¿Ni para los medios que también hemos partido el país en dos? ¿Ni para los ciudadanos que tragan con lo que les echen, y los que hacen trampas para no estar en las mesas electorales?
¿Ningún castigo para los indiferentes?
El movimiento 15-M puede crecer, tiene que crecer. Motivos no le faltan, objetivos los encontrará. Canalizará su rabia, como dijo que están haciendo uno de los manifestantes, al que escuché por la radio.
Adelante, a por los sueños, tal como explicó Cristina en la Radio Pública, dándonos a todos la lección de su dignidad, la que aprendió de sus abuelos y sus padres.
Ellos somos nosotros.
Si no entendemos eso, es que no entendemos nada. “Somos” Maruja Torres. El País 19 de mayo de 2011

sábado, 12 de marzo de 2011

Mujeres árabes



La guerra contra Gadafi la perdieron los rebeldes años atrás, cuando Occidente le cambió Pasado por Petróleo y abrió sus palacios a la jaima del tirano y su bufonesca corte. Todo lo que ha tenido que hacer el dictador es seguir tomándole el pelo a esta comunidad occidental más codiciosa y despistada que un inversor en Rumasa de segunda generación. Con suerte, conforme el tiempo avanza -y eso es lo que hace el sátrapa, ganar tiempo-, iremos viendo que, bueno, qué se le va a hacer, fue un bonito intento pero no duró. Al fin y al cabo, la lección de Libia aprovechará a nuestros amiguitos que mandan en Argelia, Arabia Saudí, Yemen, Bahréin y etcétera, un etcétera encabezado por Marruecos. De modo que no habrá mal que por bien no venga. Toma ya, revolución Facebook. Lo de siempre sigue de moda.

¿Qué podemos hacer? Poco. Pero hay algo que sí. Ayer publicaba este periódico dos informaciones, firmadas por mujeres -Georgina Higueras y Nuria Tesón-, dando cuenta, la una, de las palabras de Nawal el Saadawi, y, la otra, de la brutal humillación a que fueron sometidas en Tahrir, por sus propios compatriotas masculinos, cuando se manifestaron en favor de su igualdad de derechos en el nuevo Egipto. El machismo patriarcal atufa, con o sin revolución. Sostengo que el rechazo del velo no puede imponerse, debe surgir de la propia mujer. Pero cuando esa mujer ya existe, y está clamando por sus derechos, hay que ayudarla.

Puede que los gobernantes no sepan o no quieran sacar a Gadafi de su trono. Pero nosotras tenemos muchas formas -somos feministas del Primer Mundo- de colaborar con nuestras hermanas árabes, de hacerles sentir que no están solas.

¿Para qué sirve un Día de la Mujer, si el resto del año nos quedamos quietas?

El País, 10 de marzo 2011. “Mujeres árabes” Maruja Torres.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Iglesia y violencia de género.


La jerarquía católica española no nos deja en paz ni siquiera cuando hasta los ateos nos sentimos tiernos en los días en que reina el Niño Jesús y nos deseamos cosas buenas los unos a los otros y hacemos propósitos para afrontar la vida.

El de Alcalá de Henares -pardiez, lugar de tanta solera literaria no merece a semejante cabestro-, el obispo Juan Antonio Reig Pla, acaba de vincular la violencia de género a los nuevos modelos de familia. Aparte de que se me ocurre que para patrón familiar de fantasía, el que ellos pregonan -casarse con la Iglesia, que las monjas sean esposas de Cristo, etcétera- no es en absoluto manco, lamento comunicarle, pollo, de que poseo información de primera mano sobre eso que afirma de que entre los casados por el altar verdadero no se producen malos tratos.

Mi padre, a quien sin duda la Iglesia perdonó pero yo no, se casó dos veces, las dos por la Iglesia, y a sus dos esposas las embreó hasta cansarse.

La primera recibió como premio divino a su comportamiento -era muy buena y sumisa- fallecer en un bombardeo que sembró el dolor en Barcelona, por parte de los católicos mussolinianos que le echaban una mano a Franco.

La segunda mujer, mi madre, era la que me proporcionaba las buenas noticias que ahora comparto con ustedes y que nunca, nunca en mi vida olvidaré ni disculparé. "Me ha dicho el padre que aguante con resignación cristiana, que es la cruz que me ha tocado llevar".

Eso es lo que me contaba la pobre cuando regresaba del confesionario, ese lugar de amansamiento y control que ha utilizado la institución católica para tenernos sometidas a su patriarcado indecente. Y para, de paso, formar una red de espionaje a nivel mundial que ya quisiera para sí el Mossad. Maruja Torres. El País, 30 de diciembre de 2011.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Aquellas lágrimas

Foto: Aranjuez (Madrid)

En su biografía de Leonard Woolf, Victoria Glendinning cuenta que el día en que su esposa, la escritora Virginia Woolf, se suicidó arrojándose a un río, el caballero anotó en su diario sus minuciosas observaciones de siempre, sobre hechos cotidianos. Nada parecía haber cambiado en su ánimo. Excepto por una cosa: una pequeña mancha en el papel. El único borrón en todo el diario. ¿Una lágrima?
Si la huella de una lágrima en el papel salva el honor de Leonard Woolf para la posteridad, la huella de una lágrima en una carta puede salvar una relación, una amistad. Y aquí, amigos, si que hemos perdido con Internet. Ningún emoticón puede suplantar el beso dolorido que el llanto deposita en la tinta fresca. Maruja Torres. Aquellas lágrimas.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

El maestro.

Foto: Homenaje al maestro en Palencia.

El buen maestro hace que el mal estudiante se convierta en bueno y el buen estudiante en superior.