Mostrando entradas con la etiqueta Juan José Millás. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan José Millás. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de enero de 2017

2017... Más de lo mismo

Masca, Tenerife, enero 2017. Foto Sebastián Navarrete



¿Por qué, ante el reciente informe de Oxfam Intermon, no han sonado las trompetas del Apocalipsis? ¿Por qué no ha caído aún sobre nuestras cabezas una lluvia de fuego y granizo mezclados con sangre? ¿Por qué no han regresado las almas de los muertos para anunciarnos el fin de los tiempos?

Pues porque hay noticias normales y noticias anormales. La noticia por antonomasia es la anormal (que un niño muerda a un perro). Para las normales reservamos un hueco junto a la relación de las farmacias de guardia. Significa que la circunstancia de que ocho personas posean la misma cantidad de riqueza que la mitad de la población del planeta no constituye un escándalo. Es normal que esos ocho ricos sean nuestros dueños, es normal que los ejércitos del mundo permanezcan a su servicio, y es normal que los políticos sensatos, con independencia de los programas por los que fueron votados, se pongan a sus órdenes una vez alcanzado el poder. Es normal asimismo que se facilite a estos millonarios cauces para eludir impuestos, de forma que el coste de los servicios públicos caiga sobre los hombros de quienes menos tienen, cuya sangre, sudor y lágrimas sirven además de combustible para los yates de los odiosos ocho (cortesía de Tarantino).

Juan José Millás. El País 20/01/2017.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Lunes

Madrid, septiembre 2015. Foto Sebastián Navarrete

Los documentos clasificados sirven para averiguar de viejos que lo que nos contaron de jóvenes era mentira. En función del tamaño de la mentira se desclasifican a los diez, a los cincuenta o a los cien años. Algunos, suponemos, no salen nunca a la luz, así que, respecto a determinados asuntos, nos vamos a la tumba creyendo que fueron de un modo cuando en realidad sucedieron de otro. Ahora, sin ir más lejos, se acaban de desclasificar unas actas del Fondo Monetario Internacional que dejan en entredicho la actuación del Gobierno de Zapatero en unas reuniones de 2010. Lo contó este periódico entre el domingo y el lunes pasados sin que la revelación haya hecho crujir las costillas de la vida cotidiana. Acostumbrados como estamos a una dieta de información política en la que el 80%, como en las hamburguesas, es mero cartílago, ya nada nos extraña.

Si dentro de cien años, en la hipótesis indeseable de que continuáramos vivos, nos dijeran que Rajoy, por razones que en este momento se nos escapan, fue en realidad un topo al servicio de la causa separatista catalana, no nos sorprendería en absoluto. Debe de haber en alguna caja fuerte un dossier que explique los beneficios que la derecha española espera obtener del crecimiento exponencial del soberanismo, de otro modo no se explica la tenacidad con la que ha alimentado el anticatalanismo latente en España y el separatismo patente en Cataluña. Hay ejemplos a miles, pero lo último ha sido la idea de llamar en su ayuda a la banca, que es la institución más desprestigiada del Estado. Y no ya a la banca, sino al mismísimo Luis Linde, que viene actuando desde su nombramiento como el jefe de un sindicato amarillo en una empresa de vertidos tóxicos. A ver qué nos cuentan el lunes. Juan José Millás. El País, 25/09/2015

sábado, 31 de mayo de 2014

Éxito gramatical

Foto Sebas Navarrete

Podemos es la primera persona del plural del presente de indicativo del verbo poder y también la primera del plural del presente de subjuntivo del verbo podar. La palabra Podemos genera, pues, una red de significados que activa la malla neuronal, como si fuera nueva. Al aislarla, se transforma en una especie de juguete, quizá en la pieza de un mecano a completar en la cabeza de cada uno. El sujeto elíptico de Podemos es nosotros. Nosotros Podemos. ¿Podemos qué? Aquí se debe añadir el complemento que más plazca al usuario. Podemos detener los desahucios. Podemos parar los pies a los poderes financieros. Podemos aminorar las desigualdades. Podemos dotar a la política de un sentido más noble. Podemos nacionalizar la electricidad, el gas, el agua. Podemos sanear el ambiente. Podemos podar. Podemos, en fin, es una oración gramatical.

El PSOE se fue al carajo cuando dijo No Podemos. No podemos negar a los bancos su derecho a dejarte sin casa, ni a las eléctricas el suyo a quitarte la luz, ni a las gasísticas el de cortarte la calefacción. No podemos, “cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste”, desoír las órdenes del Ibex 35. Aquel No Podemos fundacional de Zapatero marcó el rumbo a Rajoy. No Podemos dejar de pagar la deuda, No Podemos perseguir a los defraudadores fiscales, No Podemos meter en la cárcel a nuestros amigos corruptos, No Podemos evitar que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres…

Estamos gobernados, en efecto, por la lógica del No Podemos (en el doble sentido de poder y podar). Una lógica desde la que una clase corrompida trabaja para sí y para los especuladores que la recogen más tarde en sus Consejos de Administración. El éxito de Podemos es por ahora de carácter sintáctico más que político. Pero la sintaxis no es mal sitio para empezar a hacer política. Juan José Millás. El País, 30/05/2014. “Éxito gramatical”

jueves, 13 de marzo de 2014

¿Qué nos pasa?

Gran Vía de Madrid. Foto Sebas Navarrete

En una época de paro, explotación y supresión de derechos laborales, los sindicatos de clase deberían gozar de un protagonismo del que huyen como de la peste. En una época de políticas de extrema derecha, con atentados gravísimos a las libertades individuales (la ley del aborto,verbi gratia), los partidos de izquierda deberían brillar como el neón en las encuestas de intención de voto. En una época de mentiras públicas diarias, lanzadas a granel en los telediarios, en las emisoras de radio y hasta en el Congreso de los Diputados, la verdad debería declararse Patrimonio de la Humanidad o ser objeto al menos de los cuidados de las especies en extinción. En una época en la que la monarquía se falta el respeto a sí misma cada martes y cada jueves, la República debería constituir una aspiración moral de proporciones ciclópeas. En una época en la que se contempla pasivamente cómo un grupo de inmigrantes se ahoga intentando alcanzar la orilla o, peor aún, se contribuye a que mueran con disparos de pelotas de goma, los que se llaman a sí mismos defensores de la vida deberían incinerarse a lo bonzo ante el Ministerio del Interior para poner en evidencia el cinismo gubernamental. En una época en la que los bancos roban a sus clientes, en la que a los políticos se les descubren cuentas en Suiza un día sí y otro también, en la que los enfermos agonizan y mueren en los pasillos de los hospitales, en la que el peso de la carga fiscal cae sobre las clases medias y bajas, y en la que se amnistía a los defraudadores de gran tonelaje, el periodismo de denuncia debería conocer uno de sus momentos de gloria: deberíamos hacer cola por la mañana, a la espera de que abrieran los quioscos, para conocer el escándalo del día.
¿Qué ocurre entonces? No sé, quizá, que la obsesión por lo que nos pasa, nos impide averiguar lo que pasa. Juan José Millas. El País 28/02/2014.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Compuestos y sin oposición

Cildo Meireles, exposición Palacio de Velazque, Madrid.
Foto de Sebas Navarrete.


Así que Chacón se va para quedarse y Griñán se queda para irse y Rubalcaba está, pero no se le espera. Conviene mencionar también a Patxi López y a Madina, ese breve etcétera que permanece en una suerte de limbo existencial en el que los verbos irse, quedarse o permanecer significan poco o nada. A todo ese lío de egos y fugas, además de los falsos ERE andaluces y ahora también el espionaje catalán, lo llamamos partido, que es como llamar corporación internacional a la tienda de chinos. ¿Se imaginan ustedes a la Coca Cola en manos de esta directiva?

Ya, ya, no se apresuren, no es lo mismo. La Coca Cola sabe a dónde va y a quién ha de rendir cuentas, sabe dónde está el Debe y el Haber, conoce el precio de instalarse en Rusia y el significado de venderse en Israel. La Coca Cola, que parece una empresa, observada con perspectiva, es un partido político. El PSOE, que parece un partido político, empieza a comportarse como una empresa de refrescos. Una empresa que adora el escalafón y experta en tácticas para salir del día a día, aunque sin ninguna estrategia para acabar el año. Yo me quito de en medio, que viene la Diada. Yo me pongo de perfil para que no me vean. Yo hago una declaración de humildad en términos grandilocuentes, etcétera.

¿Y nosotros, qué? ¿Usted y yo, qué? Usted y yo frente a un Gobierno que en el río revuelto gobierna o desgobierna para los suyos, siendo los suyos los Bárcenas de siempre, las Ana Mato de toda la vida, los Sepúlveda de buena familia, los empresarios de abolengo, signifique lo que signifique abolengo. ¿Usted y yo qué, pendientes de un ERE devastador, de una ley de la oferta y la demanda en las que siempre caemos del lado malo? ¿Usted y yo qué, mientras una se va a Miami, el otro al Senado y el otro ni come ni deja comer? ¿Usted y yo qué, coño, aquí, compuestos y sin oposición? El País, 06/09/2013. “Compuestos y sin oposición” Juan José Millas.

lunes, 1 de abril de 2013

"Esto no es España"



Al principio no éramos Grecia, luego no fuimos Islandia, ni Portugal, ni Italia. Ahora resulta que no somos Chipre, menos mal. Me pregunto cuánto tiempo nos falta para que no seamos España. ¡Qué alivio, cuando salga Guindos en la tele anunciándonos que no somos España! Y es que, aunque ya estamos sufriendo un corralito a plazos, no nos extrañaría que de un martes a un miércoles, por dar ejemplo, por experimentar, o para provocar una erección en algún ministro de Finanzas impotente, nos robaran también los ahorros ingenuamente depositados en los bancos. En ese instante, tiempo al tiempo, se nos aparecería Dolores de Cospedal, como la Virgen a los pastorcillos, proclamando: “No preocuparse, nosotros no somos España”.

Si nos creímos un programa electoral inverosímil, nos tragamos cualquier cosa. Estamos deseando que alguien nos diga que aquí no puede ocurrir porque esto no es España. Pero aun en el caso de que fuera España, tranquilos: lo sería de un modo aislado, al modo de las torturas de Diwaniya. Es cierto que para engañar tanto al personal tienes que haberle confundido previamente. Y tienes que haberle confundido mucho. Pero después de lo del despido en diferido de Bárcenas, estamos preparados para todo. No hay más que ver el papanatismo, nunca mejor dicho, con el que recibimos las informaciones sobre la elección del nuevo papa. No parecía que estuviésemos hablando de una institución antidemocrática, misógina, patriarcal, homófoba y colaboradora esencial de algunas de las dictaduras más sangrientas del siglo XX, la española entre ellas. Veía uno el telediario o escuchaba la radio y no daba crédito. Significa que no hay oposición de ningún tipo y en ningún ámbito y que estamos maduros ya para que nos saqueen asegurándonos, mientras nos roban, que esto no es España, ni aquel nuestro cajero automático. El País. “Estamos listos”  Juan José Millás 22 de marzo 2013.

domingo, 10 de marzo de 2013

Acosadores e idiotas




Este expediente se resuelve con dos palabras: da asco. Es una pena que no haya una oficina donde apostatar del género humano.

-Me desapunte usted de esta mierda, por favor.

Hablamos, claro de la alianza, en Ponferrada, entre el PSOE e Ismael Álvarez, una alianza que se veía venir desde que Álvarez obtuviera sus cinco o seis concejales gracias a los votos de una sociedad completamente enferma, una sociedad en la que la víctima, Nevenka Fernández, pese a haber ganado la batalla judicial, perdió la social, pues tuvo que exiliarse. Y en el exilio continúa. Su acosador, en cambio, fue recibido con vítores en todos los bares de la región, donde hizo más amigos de los que tenía antes del crimen. Un héroe.

Se veía venir, decíamos, desde las últimas elecciones municipales. ¿A qué viene ahora la extrañeza de Rubalcaba y los lloriqueos de Oscar López, que en el momento de escribir estas líneas continúa sin dimitir? Lo han hecho todo ante sus ojos. Si lo sabía yo, que soy un piernas, lo sabía toda la ejecutiva del partido. ¿Pero cuánto vale la alcaldía de Ponferrada? Mucho, muchísimo, y hablamos de pasta, de pasta de todos los colores, incluido el negro. Eso ha sido, la pasta. Olvídense ustedes de toda la retórica biempensante del nuevo alcalde, al que daba asco ver en la tele abrazándose, ebrio, a sus compañeros. Parecía una escena del 22 de diciembre, después del Gordo. Y es que, en efecto, le había tocado el Gordo.

En su día, Nevenka se quedó sola, completamente sola, ya que el feminismo de la época pensó: “Que se joda, no haber sido de derechas”. Así me lo reconoció, tras la publicación de mi libro sobre el caso, un grupo de mujeres socialistas que me invitó a cenar y me regaló un ramo de flores. Así que teníamos, por un lado, a Ana Botella, y todos los suyos, solidarizándose con el acosador y, por otro, a toda la izquierda callada frente a lo que consideraba un ajuste de cuentas entre gente de la derecha. Que lo arreglen entre ellos. Que se joda. No haber sido guapa.

Pero porque hay historia, y una historia muy fea, este pacto explícito entre acosadores e idiotas no tiene nombre. ¿Pero dónde estaban, Dios mío, dónde estaban, todas las militantes del PSOE en el momento de consumarse la moción que daba la alcaldía al tonto de Samuel Folgueral? Perdón, ya caigo: estaban celebrando el Día Internacional de la Mujer. Juan José Millás. El País 10 de marzo de 2013.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Estamos hasta los cojones




Como ustedes saben, este periódico es muy bien hablado. Procuramos, por ejemplo, no decir que estamos hasta los cojones para expresar que estamos hartos. Y evitamos en lo posible palabras como mierda. Así que cuando a uno le entran ganas de decir que está hasta los cojones de no ver más que mierda desde que se levanta hasta que se acuesta, se reprime y pone que ya vale, cáspita, de provocar. A ver si no es una provocación lo de los 38 millones de Bárcenas, reunidos a base de llevar la contabilidad de una panadería por las noches y de vender enciclopedias a domicilio los sábados por la mañana. ¿Cómo llamar, por otra parte, a lo de su falso despido y al galimatías en diferido de Cospedal, que en un minuto es capaz de decir más mentiras de las que caben en dos horas? ¿Y cómo digerir lo de los 21.300 euros mensuales que le pagaban las mismas personas que a usted y a mí nos imponen austeridad y nos recomiendan aspirinas para la hepatitis? 21.300 euros, por cierto, de usted y míos, ya que el PP se financia con nuestros impuestos. Por si no bastara, ahora quizá tengamos que hacernos cargo también del paro de ese multimillonario y evasor fiscal, valga la redundancia, que maneja a Rajoy como a una marioneta.
Pero el telediario está empezando. Aún no ha salido la princesa Corinna echándonos en cara los trabajos confidenciales que ha realizado para este pobre país sin cobrarnos un duro (gracias), ni han emitido las imágenes de esa niña con epilepsia a la que Ana Mato ha condenado a muerte. Aún no ha aparecido el analista de turno que calificará a Monti de realista (¿desde qué idea de realidad?) y a Beppo Grillo de payaso (¿comparado, digamos, con Montoro?). Querido redactor jefe, ¿es o no es para escribir con todas las letras que estamos hasta los cojones de la mierda que nos obligan a tragar desde la mañana hasta la noche? Juan José Millás ¡Cáspita! El País 1 marzo 2013.

viernes, 14 de diciembre de 2012

La llaman "crisis" pero es una ESTAFA




¡Vaya engendro de mierda, la patera laboral a la que el Gobierno llamó reforma y en la que embarcó a los currantes de este país jurándoles que si se dejaban arrastrar por las corrientes alcanzarían la tierra prometida! Meses después, la barcaza hace aguas por todas partes y los trabajadores mueren como moscas, siendo los propios compañeros de infortunio quienes han de arrojarlos por la borda. Ya hay seis millones de cadáveres flotando en las aguas del paro, uno de cada cuatro. Te das una vuelta por la barcaza con la que, según Rajoy, atravesaríamos sin problemas el vendaval, cuentas uno, dos, tres y el cuarto es un cadáver. A veces cuentas cuatro muertos seguidos porque la estadística está mal repartida. Hay familias en las que todos sus miembros, desde el primero al último, han fallecido, familias a las que la llegada de Rajoy al poder iba a arreglar la existencia porque él era un tipo que daba confianza y porque era un hombre de palabra, un político que ni prometía lo que no era capaz de llevar a cabo ni llevaba a cabo lo que no había prometido.
Lo cierto es que tampoco se le puede responsabilizar al cien por cien de la botadura de esa inmundicia legal llamada Reforma. Ya ha confesado, y en más de una ocasión, que es un mandado, que carece de libertad para hacer otra cosa. En eso ha sido sincero, ya que, como Zapatero en sus últimos meses, está a las órdenes de las mafias internacionales, esas mafias que se forran prometiendo a la gente un futuro mejor antes de invitarlas a entrar en barcazas metafóricas o reales. Por mil euros te llevo a Europa. Por un voto te saco del apuro. En lugar de sacarnos del apuro, Rajoy nos ha sacado la pasta y se la ha dado, entre otros, a ese nido de mafiosos llamado Bankia. Y usted y yo bebiéndonos la orina con el mismo vaso de plástico con el que achicamos agua de la zodiac. El País 2 de noviembre 2012. “Achicando agua” Juan José Millás.

viernes, 8 de junio de 2012

"Que me den, por mamón"




Me llama mi editora, como todos los años por estas fechas, para pedirme que vaya a firmar a la Feria del Libro de Madrid. Ya sabes lo que pienso yo de las firmas, le digo. Ya sabes lo que pienso yo de las no firmas, dice ella. Durante unos instantes de enorme tensión permanecemos en silencio. Si hay que ir, digo al fin, voy, pero que sepas que lo hago a disgusto. Pues a disgusto, dice ella, no vayas, tampoco queremos forzarte. Al final, como el mejor modo de forzarme es desforzarme, voy y resulta que las seis primeras personas que me solicitan la firma se llaman, por este orden, Carmen, Antonio, Bárbara, Román, Ofelia y Nicolás. Quiere decirse que si unes la primera letra de cada uno de estos nombres sale la palabra “CABRÓN”. Y es que si tú odias a la humanidad con la fuerza con la que la odio yo, la humanidad lo nota, aunque digas buenos días por las mañanas y buenas tardes por las tardes, y ayudes a los ciegos a cruzar las calles y a las señoras a subir el cochecito del bebé al autobús. La humanidad abomina de los misántropos, así que cuando los detecta les devuelve, multiplicado, su odio. No fue el único insulto que recibí, pues tras las personas citadas se acercaron a la caseta Carlos, Eduardo, Ricardo, Dolores y Olvido, o sea, “CERDO”. ¿Es o no es evidente que fui víctima, como ya me temía, de un ataque organizado? Aun así no lograron doblegarme, pues sumando las primeras letras de mis dedicatorias salía la frase “QUE OS DEN, MAMONES”. Me habría gustado construir una oración más larga, más compleja, también más razonada, pero firmé poco. Y firmé poco porque mis lectores, a los que conozco muy bien, se pusieron de acuerdo en pedirme que no les firmara, para fastidiar. No me firmes este libro, por favor, decían. Y yo, claro, no se lo firmaba. Pero si le cuento todo esto a mi editora dice que soy paranoico. Juan José Millas. “¿Paranoia?” El País, 8 de junio de 2012.

jueves, 10 de mayo de 2012

Palabras



Estaba cansado, llovía. Decidí darme una vuelta por el diccionario. Entré por la O, atravesé obedecer, obelisco y óbito y me detuve un rato en obsesión. Me enteré de que una obsesión es una idea fija que ofusca el entendimiento. Giré hacia mi derecha en obtuso, atravesé occisión y océano y dirigí mis pasos a ofuscar. Las temperaturas continuaban descendiendo. Tropecé en ofertorio y en oftalmoscopio, que es un aparato que sirve para mirar el ojo por dentro, pero enseguida vi ofuscar detrás de ofuscación; consiste en trastornar el entendimiento. Con las ideas confundidas, salí de allí, di un salto y me planté en la V; pasé sin detenerme por venera, venerable y venéreo para alcanzar ventana; se trata de una abertura más o menos elevada sobre el suelo, que se deja en una pared para dar luz y ventilación. Me asomé a la abertura; afuera llovía sin pasión, pero sin pausa, como un niño que ha llorado muchas horas sin ser atendido. Una ráfaga de aire arrancó a un árbol siete hojas que cayeron al suelo como manos inútiles, incapaces ya de acariciar o ser acariciadas. Los transeúntes las pisaron sin mirarlas. Abandoné ventana, di la  vuelta y comencé a correr en dirección contraria. Como iba con los ojos cerrados, tropecé en muela y me caí. Averigüe que la muela cordal, también llamada del juicio, es la nace en la edad viril en las extremidades de las mandíbulas. Me acerqué un momento a viril y allí un funcionario me remitió a varonil. Cuando llegué estaba a punto de cerrar, pero pude averiguar que varonil es lo perteneciente o relativo a varón. Deduje que las mujeres carecen de muela cordal. Asqueado por esta muestra de machismo alfabético, abandoné el diccionario por la palabra túmido, hice transbordo en túnel y salí al primer tomo de mi enciclopedia favorita. Caí directamente en andrópolis, que significa cementerio. Llovía. Busqué tu tumba y la mía, nuestra tumba, pero aún no habíamos llegado.
Palabras. Extraído de “Articuentos completos” de Juan José Millás. Editorial Seix Barral. 

viernes, 6 de abril de 2012

Cosa Nostra



La colaboración entre las mafias y el Estado comienza a ser tan estrecha que no sabe uno dónde terminan aquéllas y comienza éste. Llega el crimen organizado y le dice al Estado: “Quítame de encima a este juez que no hace más que tocarme los cojones”. Y el Estado va y se lo quita, hoy por ti, mañana por mí. A la semana siguiente vuelve la mafia y dice: “Fulmina a esta cúpula policial, que ha tenido los huevos de investigarme”. Y el Estado liquida a la cúpula policial para que la bofia tome nota de lo que se puede y de lo que no se puede perseguir. A veces es el mismísimo Al Capone el que telefonea a su homólogo en el Gobierno para exigirle que destituya a un grupo de inspectores de Hacienda que ha osado meter las narices en sus negocios. “Ningún problema”, le responde el homólogo estatal mientras firma el cese de los presuntos implicados.
Pero no han transcurrido ni cien días de todo lo anterior, cuando el jefe de mantenimiento de la mafia se da cuenta de que tiene los sótanos repletos de billetes de 500 euros, con los consiguientes gastos de almacenaje. “Oye”, le dice a su contacto en el Gobierno, “necesitaría blanquear unos 25.000 millones porque se me sale la pasta por las costuras”. “Me viene de perlas”, le responde el contacto gubernamental, “estáis indultados de antemano a cambio de una comisión del 10%”. Y ahí tenemos 25.000 millones, procedentes de la trata de blancas o del tráfico de armas, entrando en el torrente sanguíneo del cuerpo social con todas las bendiciones de los ministerios de Economía y Hacienda. Claro que como necesitamos aparentar que somos gente de orden, endurecemos al mismo tiempo el código penal para los delitos menores, prohibimos el aborto y penalizamos la píldora del día después. Creíamos que solo nos daba órdenes el Tercer Reich, pero la Cosa Nostra aprieta también lo suyo.

“Cosa Nostra” Juan José Millás. El País 6 de abril 2012.

sábado, 4 de febrero de 2012

La hoja de reclamaciones



¿Qué hizo Spanair con los pasajeros atrapados, por la mala fe de sus directivos, en los aeropuertos de medio mundo? Pues ofrecerles hojas de reclamaciones. No bocadillos ni bebidas ni hoteles ni biberones para los bebés, no, solo hojas de reclamaciones, seguramente llenas de casillas con preguntas indescifrables, quizá con el test de Rorschach adjunto. La hoja de reclamaciones devenía así en la última de una serie de burlas y atropellos que comenzaron al adquirir un billete falso, pues se estuvieron vendiendo billetes falsos hasta poco antes de la muerte súbita de la compañía. Las hojas de reclamaciones tienen un tacto suave, como el del papel higiénico, porque quienes las ponen en circulación las utilizan para limpiarse el culo. España está en estos momentos llena de hojas de reclamaciones y de culos. Los políticos, cada vez que nos dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, nos están enseñando el culo, a veces nos lo enseñan al tiempo de limpiárselo con sus programas electorales. Estamos hartos de culos y de hojas de reclamaciones, casi se agradece cuando, por variar, nos hacen una peineta, como la de Aznar en la universidad de Oviedo. ¿Te engaña tu operadora telefónica? Hoja de reclamaciones. ¿Te estafa tu banco? Hoja de reclamaciones. ¿Te tima tu agencia de viajes? Hoja de reclamaciones. ¿Te estabulan en el pasillo del hospital? Hoja de reclamaciones, mire, yo soy un mandado, es todo lo que puedo hacer por usted. Y llevan razón, son unos mandados a punto de quedarse en el paro, nunca hubo tantos mandados dando la cara que ocultan los que mandan ni tantas hojas de reclamaciones ni tantos culos ni tantas peinetas. Hasta los señores del Tribunal Supremo, tan serios y oscuros todos ellos, le están cogiendo el gusto a levantarse la toga y mostrarnos sus partes en un gesto de burla, perra vida. Juan José Millás. El País 3/2/2012

domingo, 29 de enero de 2012

Las palabras de nuestra vida.


Resulta difícil imaginar un artefacto más ingenioso, útil, divertido y loco que un diccionario.
Toda la realidad está contenida en él porque toda la realidad está hecha de palabras. Nosotros también estamos hechos de palabras. Si formamos parte de una red familiar o social es porque existen palabras como hermano, padre, madre, hijo, abuelo, amigo, compañero, empleado, profesor, alumno, policía, alcalde, barrendero…
Escuchamos las primeras palabras de nuestra vida antes incluso de recibir el primer alimento, pues son tan necesarias para nuestro desarrollo como la leche materna. Por eso sabemos que hay palabras imposibles de tragar, como un jarabe amargo, y palabras que se saborean como un dulce. Sabemos que hay palabras pájaro y palabras rata; palabras gusano y palabras mariposa; palabras crudas y palabras cocidas; palabras rojas o negras y palabras amarillas o cárdenas. Hay palabras que duermen y palabras que provocan insomnio; palabras que tranquilizan y palabras que dan miedo.
Hay palabras que matan. Las palabras están hechas para significar, lo mismo que el destornillador está hecho para desatornillar, pero lo cierto es que a veces utilizamos el destornillador para lo que no es: para hurgar en un agujero, por ejemplo, o para destapar un bote, o para herir a alguien. Las palabras nombran, desde luego, aunque hieren también y hurgan y destapan. Las palabras nos hacen, pero también nos deshacen.
La palabra es en cierto modo un órgano de la visión. Cuando vamos al campo, si somos muy ignorantes en asuntos de la naturaleza, sólo vemos árboles. Pero cuando nos acompaña un entendido, vemos, además de árboles, sauces, pinos, enebros, olmos, chopos, abedules, nogales, castaños, etcétera. Un mundo sin palabras no nos volvería mudos, sino ciegos; sería un mundo opaco, turbio, oscuro, un mundo gris, sombrío, envuelto en una niebla permanente. Cada vez que desaparece una palabra, como cada vez que desaparece una especie animal, la realidad se empobrece, se encoge, se arruga, se avejenta. Por el contrario, cada vez que conquistamos una nueva palabra, la realidad se estira, el horizonte se amplía, nuestra capacidad intelectual se multiplica.
Pese a la modestia del primer diccionario que tuve entre mis manos (uno muy básico, de carácter escolar), recuerdo perfectamente la emoción con la que lo abrí y me adentré en aquella especie de parque zoológico de las palabras. Las primeras que busqué fueron, lógicamente, las prohibidas, para ver qué aspecto o qué costumbres tenían, como el niño que en el zoológico busca las jaulas de los animales más raros o exóticos o quizá más crueles. Una vez saciada esa curiosidad, caí rendido ante el misterio de las palabras de cada día. Me fascinaba aquella vocación por decir algo, por significar. A menudo, yo mismo ensayaba definiciones que luego comparaba con las del diccionario, asombrándome ante la precisión de bisturí de aquellas entradas. No se podía decir más ni mejor en menos espacio. Me maravillaba también la invención del orden alfabético, sin duda el más arbitrario de los imaginados por el ser humano y sin embargo el más universalmente aceptado. Al contrario del resto de los órdenes, no se sabe de nadie que haya intentado cambiarlo o subvertirlo.
En el diccionario están todas las palabras de nuestra vida y de la vida de los otros. Abrir un diccionario es en cierto modo como abrir un espejo. Toda la realidad conocida (y por conocer para el lector) está reflejada en él. Al abrirlo vemos cada una de nuestras partes, incluso aquellas de las que no teníamos conciencia. El diccionario nos ayuda a usarlas como el espejo nos ayuda a asearnos, a conocernos. Pero las palabras tienen, hasta que las leemos, una característica: la de carecer de alma. Somos nosotros, sus lectores, los hablantes, quienes les insuflamos el espíritu. De la palabra escalera, por ejemplo, se puede decir que nombra una serie de peldaños ideada para salvar un desnivel. Pero esa definición no expresa el miedo que nos producen las escaleras que van al sótano o la alegría que nos proporcionan las que conducen a la azotea; el miedo o la alegría (el alma) la ponemos nosotros. De la palabra oscuridad se puede predicar que alude a una falta de luz. Pero eso nada dice del temblor que nos producía la oscuridad en la infancia (el temblor, de nuevo, lo ponemos nosotros).
Las palabras tienen un significado oficial (el que da el diccionario) y otro personal (el nuestro). La suma de ambos hace que un término, además de cuerpo, tenga alma. Por eso se habla del espíritu o de la letra de las leyes. Cada vez que abrimos un diccionario y leemos una de sus entradas estamos insuflando vida a una palabra, es decir, nos estamos explicando el mundo.Resulta difícil imaginar un tesoro más grande que el compuesto por el María Moliner, el Coromines o el Larousse, además del Oxford y el de sinónimos y antónimos. No es que ese conjunto fuera perfecto para llevárselo a una isla. Es que él es en sí mismo una isla. Una isla de significado, es decir, una isla de sentido.

Juan José Millás

viernes, 27 de enero de 2012

Juan José Millás, Cafés Literarios de Fuenlabrada


El escritor Juan José Millás ha sido esta pasada noche el invitado y protagonista de los “Cafés Literarios de Fuenlabrada”. El escritor nos habló de su último trabajo “Articuentos Completos” editorial Seix Barral.

La cita tuvo lugar en el Espacio de Usos Múltiples del Centro Cultural Tomás y Valiente  y estuvo presentado por Sagrario López, Coordinadora de las Bibliotecas de Fuenlabrada.

Os dejo unas fotos de este encuentro literario.







viernes, 6 de enero de 2012

A quién creer



El problema con el conductor suicida no es que se mate él, es que mate a una familia que va tranquilamente a Cuenca en su Skoda Octavia respetando todas las señales de tráfico. No sabemos cuántos huesos se rompió Zapatero (parece que ninguno) aquel día de mayo de 2010 en el que se puso a conducir, contra su propio código, a 200 por hora. Pero a nosotros, sus votantes, nos reventó literalmente. ¿Dónde va ese loco?, decíamos mientras él hacía señas de que éramos nosotros quienes conducíamos en la dirección equivocada. Lo malo de estas conductas indeseables es que provocan enseguida imitadores. Ahí tienen ahora a Rajoy saltándose todos los stops y cedas el paso que había jurado respetar, y con los mismos argumentos que su antecesor: el de escuchar voces que le impelen a tomar las direcciones prohibidas de la autopista. Las voces obligaron a Zapatero a ciscarse en su programa como obligan a Rajoy a cagarse en el suyo. Lo raro es que las voces que escuchan los políticos son siempre de derechas, al modo en que las órdenes que escucha los locos son siempre las de matar. Si no lo hacemos, dicen, nos obligarán a hacerlo. ¿Quiénes?, preguntamos. ¿Las mafias financieras, los especuladores bursátiles, los pistoleros de los unos y de los otros, quizá el mismo Dios? Tanto nos da. Un político que oye voces debería dimitir, convocar elecciones y volver a presentarse con el programa de las voces. Eso sería lo decente, pero la decencia, en La Moncloa, dura menos que un porro a la puerta de un instituto. Algún beneficio personal obtendrán, aparte del de salvar a la patria, que tampoco, porque la patria era la familia que iba a Cuenca en el Skoda Octavia. En poco menos de un año, entre unos y otros, han convertido la política en un burdel. Gracias, querida Narbona, por decirnos lo que ya sabíamos. Pero llega un poco tarde. A quién creer. Juan José Millás, El País 6 de enero de 2012.