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sábado, 19 de diciembre de 2009

La muerte en Venecia


“Sus ojos abarcaron la noble figura que se erguía allá abajo, en los lindes del azul, y en un arrebato de entusiasmo creyó abrazar la belleza misma con esa mirada, la forma como pensamiento divino, la perfección pura y única que vive en el espíritu y de la cual, para ser adorada, se había erigido allí una copia, un símbolo lleno de gracia y ligereza. ¡Era la embriaguez! Y, sin advertirlo, o más bien con fruición, el senescente artista le dio la bienvenida”.
…“Porque la Belleza, Fedro, tenlo muy presente, sólo la Belleza es a la vez visible y divina, y por ello también el camino de lo sensible es, mi pequeño Fedro, el camino del artista hacia el espíritu. […] ¿Comprendes ahora por qué nosotros, los poetas, no podemos ser sabios ni dignos? […] De ahí que renunciemos al conocimiento; pues el conocimiento, Fedro, carece de dignidad y de rigor: sabe, comprende, perdona, no tiene forma ni postura algunas, simpatiza con el abismo, es el abismo.”