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jueves, 8 de noviembre de 2018

Cada vez que oigo o leo las palabras PATRIA o BANDERA me acuerdo de esta cita de Hermann Hesse

Foto Sebastián Navarrete Molina

Si hubiera más personas que sintieran mi profundo desprecio por las fronteras, no habría más guerras ni bloqueos. No existe nada más odioso que las fronteras, nada más estúpido. Son como cañones, como generales: mientras reina el buen sentido, la humanidad y la paz, no nos percatamos de su existencia y sonreímos ante ellas, pero en cuanto estallan la guerra y la demencia, se convierten en importantes y sagradas. ¡Hasta qué punto significan durante los años de guerra tortura y prisión para nosotros los caminantes!¡Que el diablo se las lleve! “El caminante” Hermann Hesse.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Árbol II, Herman Hesse


“Cuando se ha talado un árbol y éste muestra al mundo su herida mortal, en clara circunferencia de su cepa y monumento puede leerse toda su historia: en los cercos y deformaciones están descritos con fidelidad todo el sufrimiento, toda la lucha, todas las enfermedades, toda la dicha y prosperidad, los años flacos y los años frondosos, los ataques superados y las tormentas sobrevividas. Y cualquier campesino joven sabe que la madera más dura y noble tiene los cercos más estrechos, que en lo alto de las montañas y en peligro constante crecen los troncos más fuertes, ejemplares e indestructibles.” Extraído de “El caminante” de Hermann Hesse.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Árboles

Ordesa, Foto Sebas Navarrete.
“Los árboles son santuarios. Quien sabe hablar con ellos, quien sabe escucharles, aprende la verdad. No predican doctrinas y recetas, predican, indiferentes al detalle, la ley primitiva de la vida.” Extraído de “El caminante” de Hermann Hesse.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Las fronteras



Si hubiera más personas que sintieran mi profundo desprecio por las fronteras, no habría más guerras ni bloqueos, nada más estúpido. Son como cañones, como generales: mientras reina el buen sentido, la humanidad y la paz, no nos percatamos de su existencia y sonreímos ante ellas, pero en cuanto estallan la guerra y la demencia, se convierten en importantes y sagradas. “El caminante” Hermann Hesse.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

El pensamiento de la diversidad

Toulouse, Francia. Foto Sebas Navarrete

El hombre no posee muy desarrollada la capacidad de pensar, y hasta el más espiritual y cultivado mira al mundo y a sí propio siempre a través del lente de fórmulas muy ingenuas, simplificadoras y engañosas -¡especialmente a sí propio!-. Pues, a lo que parece, es una necesidad innata y enteramente fatal en todos los hombres representarse cada uno su yo como una unidad. Y aunque esta quimera sufra con frecuencia algún grave contratiempo y alguna sacudida, vuelve siempre a curar y surgir lozana. El juez, sentado frente al asesino y mirándolo a los ojos, que oye hablar todo el rato al criminal con su propia voz (la del juez) y encuentra además en su propio interior todos los matices y capacidades y posibilidades del otro, vuelve ya al momento siguiente a su propia identidad, a ser juez, se cobija de nuevo rápidamente en la funda de su yo imaginario, cumple con su deber y condena a muerte al asesino. Y si alguna vez en las almas humanas organizadas delicadamente y de especiales condiciones de talento surge el pensamiento de su diversidad, si ellas, como todos los genios, rompen el mito de la unidad de la persona y se considera como polipartidista, como un haz de muchos yos, entonces, con sólo que lleguen a expresar esto, las encierra inmediatamente la mayoría, llama en auxilio a la ciencia, comprueba esquizofrenia y protege al mundo de que de la boca de estos desgraciados tenga que oír un eco de la verdad. Extraído de “El Lobo Estepario” de Hermann Hesse. Alianza Editorial. Edición decimosexta, año 1980.

viernes, 17 de febrero de 2012

El burgués


El burgués no estima a nada tanto como al yo (claro que un yo desarrollado solo rudimentariamente). A costa de la intensidad alcanza seguridad y conservación; en vez de posesión de Dios, no cosecha sino tranquilidad de conciencia; en lugar de placer, bienestar; en vez de libertad, comodidad; en vez de fuego abrasador, una temperatura agradable. El burgués es consiguientemente por naturaleza una criatura de débil impulso vital, miedoso, temiendo la entrega de sí mismo, fácil de gobernar. Por eso ha sustituido el poder por el régimen de mayorías, la fuerza por la ley, la responsabilidad por el sistema de votación.

Extraído de “El Lobo Estepario” de Hermann Hesse. Alianza Editorial. Decimosexta edición 1980.

lunes, 29 de agosto de 2011

Realidad


Como todos los muchachos, amaba y envidiaba yo ciertas profesiones: al cazador, al ganchero, al carretero, al funámbulo, al explorador del Polo. Pero lo que más me hubiera gustado, con mucho, es haber sido mago. Esta era la dirección más profunda e íntima de mis instintos, cierta insatisfacción con eso que llamaban “realidad” y que en aquellos tiempos me parecía un convenio absurdo de los adultos; pronto me caractericé por el rechazo, unas veces temeroso, otras burlón, de esa realidad, y por el ardiente deseo de hechizarla, de transformarla y de sublimarla. Hermann Hesse.

miércoles, 1 de abril de 2009

Un lobo estepario


Se ha dicho que Hermann Hesse fue viejo en la juventud y joven en su vejez. He aquí sus lecciones de iniciación: librarse de cualquier vínculo con los afectos dolorosos, disolverse en la ilusión del nihilismo, ser el creador de la propia alma, sintetizar en ella todas las fuerzas opuestas, absorber la magia de la naturaleza más allá de todas las patrias, agarrarse a un asa de viento para alcanzar todo aquello que deseábamos ser cuando, al salir de la adolescencia, le leíamos en verano tumbados en una hamaca a la sombra de los álamos. ¿Quién no ha soñado alguna vez con ser como él un lobo estepario?