Si los hombres no estáis contentos, os podéis marchar a otro lugar. Pero, desde luego, las mujeres no podemos. En realidad, no soy mucho mejor que una planta en una maceta: una vez plantada por las manos de mis padres, ya no soy capaz de moverme un solo centímetro a menos que venga alguien a ayudarme. No me queda más remedio que estarme quieta. Estarme quieta hasta que me marchite.
Extraído de “El caminante” de Natsume Sōseki. Editorial Satori. Edición abril 2011.
Extraído de “El caminante” de Natsume Sōseki. Editorial Satori. Edición abril 2011.
