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lunes, 23 de enero de 2012

Contar deforma


Contar deforma, contar los hechos deforma los hechos y los tergiversa y casi los niega, todo lo que se cuenta pasa a ser irreal y aproximativo aunque sea verídico, la verdad no depende de que las cosas fueran o sucedieran, sino de que permanezcan ocultas y se desconozcan y no se cuenten […] La verdad nunca resplandece, como dice la fórmula, porque la única verdad es la que no se conoce ni se transmite, la que no se traduce a palabras ni a imágenes, la encubierta y no averiguada, y quizá por eso se cuenta tanto o se cuenta todo, para que nunca haya ocurrido nada, una vez que se cuenta. Javier Marías, Corazón tan blanco.

viernes, 29 de octubre de 2010

Corazón tan blanco


Para ampliar clicar sobre la foto.

No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó en seguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena, sin atreverse a masticar ni a tragar ni menos aún a devolver el bocado al plato; y cuando por fin se alzó y corrió hacia el cuarto de baño, los que lo siguieron vieron cómo mientras descubría el cuerpo ensangrentado de su hija y se echaba las manos a la cabeza iba pasando el bocado de carne de un lado a otro de la boca, sin saber todavía qué hacer con él. Llevaba la servilleta en la mano, y no la soltó hasta que al cabo de un rato reparó en el sostén tirado sobre el bidet, y entonces lo cubrió con el paño que tenía a mano o tenía en la mano y sus labios habían manchado, como si le diera más vergüenza la visión de la prenda íntima que la del cuerpo derribado y semidesnudo con el que la prenda había estado en contacto hasta hacía muy poco…. Así comienza Corazón tan blanco de Javier Marías. Editorial Anagrama.

martes, 14 de septiembre de 2010

Ustedes nos han hartado.


… Espero que no sea cierto, pero leo que los políticos “están rumiando una ley para que las televisiones privadas” (las públicas no digamos) “se vean obligadas a emitir equis minutos con las buenas obras de cada partido parlamentario”. El argumento es, por lo visto, que “hay que luchar contra el abstencionismo”. Ya es bastante alarmante que se pretenda imponer algo a ningún medio –una medida propia de dictaduras-; pero más aún la imbecilidad que denota: puesto que tenemos tan mala presa, que se nos ensalce por ley y decreto. ¿De verdad la clase política actual no se da cuenta de que eso sería contraproducente y de que la tirria y la desconfianza que se le profesa sólo irían en aumento? ¿De verdad no se dan cuenta los partidos de que les tocaría retirar al 80% de sus cargos (incluidos alcaldes) y sustituirlos por gente impoluta y nueva, o por lo menos no tan bruta? No es que yo crea demasiado en ellas, pero lo que las encuestas expresan desde hace tiempo es meridiano: traigan a otros, ustedes nos han hartado. Javier Marías. El País Semanal. 12 de septiembre de 2010.

martes, 23 de marzo de 2010

La ley de los suceptibles.

…Ahora el Gobierno ha remitido un proyecto de ley de reforma del Código Penal, que afecta a ciento cincuenta artículos. Uno de ellos es el relativo al acoso laboral y, según la información de este diario, “se incrimina la conducta denominada de acoso laboral entendiendo por tal el hostigamiento psicológico u hostil en el marco de cualquier actividad laboral o funcionarial, que humille al que lo sufre, imponiendo situaciones de grave ofensa a la dignidad”. (Las cursivas son mías, y no está de más señalar que esta redacción está hecha con los pies: baste como ejemplo la expresión “hostigamiento hostil”, como si pudiera haber alguno que no lo fuera. En fin.) Lo peligroso y disparatado es que las leyes ya no se limiten a juzgar los hechos incontrovertibles, como ha sucedido toda la vida, sino que dejen entrar en su propia formulación elementos enteramente subjetivos y por lo tanto imposibles de determinar, calibrar y juzgar. ¿Cómo se mide un hostigamiento “psicológico” cuando la psique de cada persona es distinta, única? ¿Cómo la “humillación”, cuando hay sujetos propensos a sentirse humillados por cualquier nimiedad –por una mirada, por un tono de voz, por una ironía, porque se haga caso omiso de sus infundadas quejas o de sus melindres– y otros tan ufanos y seguros de sí mismos que no se sentirán jamás así? ¿Qué objetividad puede aplicarse al concepto de “dignidad”, cuando cada cual lo entiende de una manera, y lo que para unos es indigno para otros no lo es? ¿Ustedes creen que algún político nuestro admite la indignidad de su comportamiento? Seguro que no, y sin embargo, a nuestros ojos, la mayoría incurre en ella un día sí y otro también. ¿Cuándo se sabe si una “ofensa” es “grave”, si lo es precisamente contra algo tan etéreo y variable como la dignidad?
Si se hacen depender los delitos de la percepción subjetiva de las supuestas víctimas, estamos perdidos, porque gente susceptible, pusilánime e histérica la hay en todas partes. Y gente locoide, no digamos, dispuesta a sentirse (peliagudo verbo para condicionar las leyes) ofendida, o acosada, o “irrespetada” –como dicen en la América hispana–, u hostigada sexualmente, por un chiste, un exabrupto, una tomadura de pelo, un vistazo a un escote o una mera discusión. Individuos paranoicos los hay por doquier… Javier Marías. La Ley de los susceptibles. 21 de marzo 2010. El País Semanal.