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martes, 28 de diciembre de 2021
Alcibíades, sobrino de Pericles y discípulo de Sócrates. Líder joven, consentido y muy inteligente, se convirtió en el ídolo de los atenienses. Cierta vez y sin motivo aparente, mandó cortar la cola a un valioso perro de caza que había comprado por una fortuna. Toda la ciudad se lanzó a conjeturar, opinar, condenar, indignarse. Alcibíades, tranquilo y risueño, confió a un amigo que, mientras los atenienses se preocupaban por el rabo de su perro, no se fijaban en su mal gobierno. Irene Vallejo. Foto: playa de San Lorenzo en Gijón, Asturias.
lunes, 20 de diciembre de 2021
Los romanos veneraban el primer día del año a Strenia, la diosa latina de la salud. Así nació la costumbre de ofrecer presentes a los seres queridos, como un rito que vinculaba el “estreno” de los regalos con el deseo de un dulce porvenir. El País Semanal 19/12/2021, Irene Vallejo. Foto en la calle de Preciados, Madrid.
miércoles, 15 de septiembre de 2021
Los neurólogos sostienen que el lenguaje agresivo nos impide comprender, ya que nuestra atención se centra en esquivar golpes. Por el contrario, cuando las ideas se expresan con emoción, suavidad y empatía, abrimos un caudal de confianza que fortalece el sentido de las palabras. Hablar con los demás exige combinar atención y contención. Si nos sentimos agresivos o malhumorados, es preferible alejarnos del terreno de juego para no esparcir por el universo nuestras miserias y debilidades. Irene Vallejo. El País Semanal 12/09/2021.
miércoles, 25 de marzo de 2020
Undécimo día. El emperador chino que ordenó quemar los libros.
En el año 213 a. C. el emperador chino Shi Huandi ordenó que se quemasen todos los libros de su reino. Quería que la historia comenzase con él. Pretendía abolir el pasado porque sus opositores lo invocaban en añoranza de los antiguos emperadores. El plan se llevó a cabo sin piedad ("Los que se sirvan de la Antigüedad para denigrar los tiempos presentes serán ejecutados junto a sus parientes. Quienes oculten libros serán marcados con un hierro candente y condenados a trabajos forzados") Más de cuatrocientos letrados reacios fueron enterrados vivos.
En el año 191 a. C., bajo una nueva dinastía, se pudieron reescribir muchos de aquellos libros perdidos. Corriendo incribles riesgos, los profesionales de las letras habían conservado en la memoria obras enteras en secreto.
Extraído del ensayo, muy recomendable, de Irene Vallejo "El infinito en un junco". Editorial Siruela.
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