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lunes, 23 de mayo de 2011

Libertad



No somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido el día, de tales padres y en tal país, ser atropellados por un coche, ser guapos o feos, etc.) Sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo (obedecer o rebelarnos, ser prudente o temerarios, vengativos o resignados, etc.)

Ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad (que consiste en elegir dentro de lo posible) que la omnipotencia (que sería conseguir siempre lo que uno quiere, aunque pareciese imposible). Por ello, cuanta más capacidad de acción tengamos, mejores resultados podremos obtener de nuestra libertad. - Fernando Savater - Ética para Amador.

miércoles, 12 de enero de 2011

Despedida a plazos




Cuando el teatro era un espectáculo más popular (parece que va a volver a serlo, porque nadie se lo puede bajar gratis de la red) no había representación que no contase con su clac, es decir con un grupo de jovenzuelos que cobraban una módica propina por aplaudir al final de la obra y así motivar al resto del público. También ETA parece dispuesta a dar por concluida su trágica función pero, eso sí, exige un gran éxito de crítica y público. De modo que sacó el sábado a pasear por Bilbao a su clac, formada por los paniaguados, meritorios y comparsas de costumbre, más algunos asimilados a la espera de recaudar votos sin dueño en próximos comicios. Y ahora sale en persona al escenario a saludar, esperando que aplaudamos todos los demás: como no mostremos entusiasmo, es capaz de volver a empezar el dramón desde el acto primero...
Los despistados habituales se apresuran a indicar que se trata de un triunfo de Batasuna sobre ETA. Todo lo contrario: Batasuna sigue jibarizada por los que mandan de verdad, no se atreve a hacerles la mínima crítica o exigencia y además debe soportar que sea ETA la que marque la línea política -territorialidad, autodeterminación, etcétera...- sin dejarles al menos que finjan ser ellos los encargados de esa tarea. Los de Batasuna lo que quieren es ir a las instituciones -que es donde se cobra- pero ETA impone primero la mesa de marras (sí, la de la otra vez, ya saben) y que se atienda a lo que la banda considera que se le debe: su ovación y vuelta al ruedo. Tienen que ser ellos los que dicten al país en qué consiste el contencioso, cómo resolverlo, qué es democrático y qué no, etc...
Cuando decidan que ya se les ha aplaudido lo suficiente y se haya dado a la señorita etarra el consabido ramo de flores, puede que por fin abandonen el escenario y dejen que comiencen Otegi, Txelui Moreno y demás sus bonitos juegos malabares. Antes, ni hablar: ahí siguen y seguirán.
En To be or not to be, el nazi máximo responde a quienes le aclaman con un ¡heil Hitler! diciendo muy satisfecho: ¡heil yo! Pues ahí está el equipo habitual de encapuchados con boina acabando su comunicado aclamándose a sí mismos: "¡Gora ETA, o sea, gora nosotros!". Y se quedan tan contentos de haberse conocido: como para que les pidan condenar sus pasadas fechorías....
En fin, qué asco de función. ¡Venga, a patear esta farsa todos a una!
Fernando Savater. “Despedida a plazos”. El País, 11 de enero de 2011

viernes, 17 de diciembre de 2010

Nacionalismos.

Foto: Vitoria (Alava) España

Lo malo del nacionalismo –una de las cosas malas, porque tiene muchas- es que convierte la entrañable y melancólica afición a la tierra natal en coartada de un proyecto institucional que no sabe justificarse de otro modo. Quiere degradar una forma de amor a documento nacional de identidad. Aún peor: la mirada nacionalista no acepta la tierra natal tal como es, en su limitación y su impureza reales, sino que exige su refrendo a partir de un ideal pasado o futuro que extirpe de ella cuanto no se adecue al plan preconcebido. El nacionalista no ve ni ama lo que hay, sino que calcula lo que le sobra o lo que le falta a lo efectivamente existente. En tal exigencia reivindicativa se desvanece la tierra natal, armonía sin condiciones, y nace la patria, siempre amenazada y oprimida. Aparecen sobre todo los enemigos de la patria, porque sin enemigos el patriota no se entiende a sí mismo. Extraido de “Despierta y lee” de Fernando Savater. Editorial Anagrama.

viernes, 3 de diciembre de 2010

La muerte


Foto: Vondelpark, Amsterdam (Holanda)

La muerte, con su ausencia, ha despertado mi apetito de saber cosas sobre la vida. Quiero dar respuesta a mil preguntas sobre mí mismo, sobre los demás, sobre el mundo que nos rodea, sobre los otros seres vivos o inanimados, sobre cómo vivir mejor: me pregunto qué significa todo este lío en que me veo metido –un lío necesariamente mortal- y cómo me las puedo arreglar en él. Todas esas interrogaciones me asaltan una y otra vez; procuro sacudírmelas de encima, reírme de ellas, aturdirme para no pensar, pero vuelven con insistencia tras breves momentos de tregua. ¡Y menos mal que vuelven! Porque si no volviesen sería señal de que la noticia de mi muerte no ha servido más que para asustarme, de que ya estoy muerto en cierto sentido, de que no soy capaz más que de esconder la cabeza bajo las sábanas en lugar de utilizarla. Querer saber, querer pensar: eso equivale a querer estar verdaderamente vivo. Vivo frente a la muerte, no atontado y anestesiado esperándola. Fernando Savater. Las preguntas de la vida. Editorial Ariel.

jueves, 11 de noviembre de 2010

¿Hasta cuándo?


Han preferido el deshonor a la guerra y ahora tendrán el deshonor y la guerra", dijo Churchill en una ocasión famosa; podríamos parafrasear sus palabras para aplicarlas a las circunstancias de la visita de Benedicto XVI a España: nuestras autoridades renunciaron al laicismo democrático para no pasar por anticlericales y ahora se ven sin dignidad laica y encima tachadas de anticlericales por el beneficiario de su abandono de los principios.
¿Acaso aún no han aprendido que la Iglesia es insaciable y se toma todas las concesiones sin agradecimiento por lo que se le da y con aire ofendido por lo que aún se le niega? En eso se parece mucho a los nacionalismos... a los que tanto debe y que tanto le deben.
El Papa denuncia el terrible laicismo de España no solo a pesar de que recibe en su viaje la pleitesía exagerada de todas las autoridades civiles, no solo pese al financiamiento y privilegios fiscales de la Iglesia, no solo a pesar de que se mantiene el concordato de origen franquista que impone la presencia clerical en la educación y hasta en el ejército, sino por los terribles agravios y la "persecución" que sufre por parte de un Parlamento que legisla sobre el aborto o sobre el matrimonio homosexual sin obedecer al clero y que hasta pretende sustentar una asignatura de educación cívica que no cuenta con el níhil óbstat episcopal.
Para el Papa, estamos como en el año 36 y de ahí a quemar iglesias solo hay un paso. Por lo visto, ni siquiera 40 años de franquismo bajo palio nos autorizan a emanciparnos un poquito de una institución que tan eficazmente ha trabajado por perpetuar el atraso intelectual y la falta de libertades políticas en nuestro país desde comienzos de la modernidad.
Se ha puesto de moda proclamar al inquisitorial Ratzinger nada menos que como una cima de sabiduría insuperable. Para diversos opinadores mediáticos que probablemente no han leído tratado metafísico más profundo que ¿Quién se ha llevado mi queso?, es el primer intelectual europeo, mundial, universal, no inferior en méritos a sabios de la altura de Rappel o Belén Esteban.
Destaca precisamente en teología, una de las ciencias más útiles y con mayor futuro, la única que inventa su objeto mientras dogmatiza sobre él. Por eso puede establecer con especial autoridad la relación entre verdad y libertad. Porque la verdad no es una función que se alcanza a través de la razón que observa, experimenta y deduce, sino la revelación que llega por la boca del que habla desde la infalibilidad. ¡Abajo el relativismo, escuchemos al Absoluto! Y la libertad,claro, es la de obedecer no a humanos vulgares y a las leyes por ellos consensuadas, sino a quienes representan e interpretan el poder de lo sobrehumano...
A algunos de nuestros políticos -no olviden sus nombres a la hora de votar- les encanta que por fin las cosas se pongan así de claras, contra la falta de valores y confusión en que chapoteamos. Además, parece que cuenta con beneficios electorales, de modo que bendito sea Dios.
Por si fuera poco, el Papa merece los máximos honores porque se trata nada menos que de un jefe de Estado. ¡Y menudo Estado, a fe mía! El único de la Europa actual que abiertamente no respeta quisquillosos derechos humanos como la libertad religiosa, la igualdad de sexo para optar a cargos públicos y otras menudencias democráticas semejantes. Es un Estado tan original y único en su género, prueba de la especial protección divina que lo ampara, que se parece mucho más a las teocracias de otros lugares del mundo que a los impíos regímenes laicos que le rodean. El Vaticano es una especie de Arabia Saudí pero decorada por Miguel Ángel y Rafael, lo cual es una gran mejoría estética, aunque en cambio representa poco avance político.
Evidentemente, el gran problema religioso y la mayor amenaza para las libertades públicas en España lo representan las mujeres que llevan velo islámico, no el ver a nuestros representantes electos mostrar todo tipo de deferencia y reconocimiento moral al gobernante de ese Estado modélico... que por lo visto ejemplifica las raíces de la Europa democrática mejor que tanto laicismo y tanta ciencia sin trascendencia como vemos por ahí.
Pese a los menguados coros y danzas que han acompañado la visita papal a Santiago y Barcelona, indudablemente fervorosos (en televisión una señora confesaba: "Se me puso tal nudo en la garganta que no podía ni sacar fotografías"), lo cierto es que las prácticas católicas no dejan de disminuir en nuestro país. ¡Pero si ya incluso hay más matrimonios civiles que eclesiásticos...!
De modo que parece llegado el momento de, sin ofender a los católicos, no agraviar tampoco a quienes no lo somos y a quienes siéndolo comparten con nosotros el deseo de un Estado realmente laico, en el que la religión o la falta de ella sean un derecho de cada cual pero no una obligación de nadie... y mucho menos de las instituciones que son de todos y para todos.
Por eso, es necesaria y urgente una ley de libertad religiosa a la altura de nuestra realidad social y del siglo en que vivimos. Para que los creyentes puedan ejercer a título personal su religión al modo que prefieran, siempre que no conculquen las leyes civiles... y, sobre todo, para que los no creyentes o los que creemos otras cosas no tengamos forzosamente que sentirnos avasallados por la fe de nadie. ¿Hasta cuándo? Fernando Savater. El País 9 de noviembre de 2010

miércoles, 30 de diciembre de 2009

La identidad.


En el congreso Casa Europa, celebrado hace pocos días en Turín por inspiración de Gianni Vattimo, escuché una intervención interesante del ex alcalde de Palermo y actual parlamentario italiano Leoluca Orlando, titulada Identidad y convivencia. Sostuvo que en la UE es preciso dejar de hablar para bien o para mal de "minorías", porque lo que cuenta es que todos formamos parte de la mayoría democrática igual en derechos humanos y garantías civiles. El reconocimiento político de "minorías" estereotipadas consagra una cultura de la pertenencia, según la cual los derechos dependen de la adscripción del ciudadano a tal o cual grupo identitario. Cada identidad se convierte así en un blindaje que justifica excepciones y conculcaciones de las pautas democráticas generales.
…El problema de fondo es que las identidades particulares con las que cada uno definimos lo que somos gozan de una calidez entusiasta y egocéntrica a la que difícilmente puede aspirar la más genérica y compartida identidad democrática. Cada cual disfruta o padece (pero deliciosamente) su ser y sólo se resigna a estar con los demás. De ahí la importancia de una educación cívica, la denostada Educación para la Ciudadanía, que razone y persuada para la formación de un carácter verdaderamente laico en todos los aspectos. Ignoro si este objetivo es ahora alcanzable en nuestra era centrífuga, pero estoy convencido de que es deseable y hasta imprescindible dentro de una actitud progresista más allá de las habituales querellas entre izquierdas y derechas. Fernando Savater. Sobre la identidad democrática. El País 29 diciembre 2009.

viernes, 25 de septiembre de 2009

La palabra.


“Es muy cierto, como dijo Brice Parain, que se intenta conseguir la libertad por medio de la lucha contra el lenguaje; pero para que exista la rebeldía y la crítica es preciso que la palabra siga siendo problema: cuando deja de serlo, no es que nos hayamos libertado, sino que el triunfo del Verbo Absoluto vigente es definitivo”. Fernando Savater. Apología del Sofista.

martes, 22 de septiembre de 2009

Menos Humos.

Hace años, en pleno esplendor de la kale borroka, mi amigo Raúl Guerra Garrido solía decir que en San Sebastián te ponían más multa por aparcar mal un coche que por quemarlo. Supongo que dentro de poco tendremos que aceptar como normal que esté más penalizado dar fuego a un cigarrillo que al retrato del rey o a un ejemplar de la Constitución. Nuestro país es sumamente tolerante para unas cosas y de ejemplar intransigencia en otras. Lo malo es que la proporción entre lo uno y lo otro a veces resulta paradójica. Si se confiere el rango de autoridad a los maestros amenazados por jóvenes asilvestrados no falta quien se escandalice y proclame que eso no resuelve nada porque el respeto hay que ganárselo; pero si se legisla severamente contra la brutalidad conyugal a nadie se le ocurre objetar que la armonía en la convivencia no es asunto judicial. Son las diferencias entre el amor y la pedagogía, como diría don Miguel de Unamuno.
En el caso de la cruzada contra el tabaco, lo único que cabe esperar es que no acabe como la que se mantiene contra las demás drogas prohibidas (también capricho inquisitorial yanqui): es decir, convirtiendo el ocasional abuso privado en una amenaza gansteril al orden público que ponga en jaque a países enteros, como hoy ocurre en México y otros lugares. Se maneja la noción de salud pública como si fuese algo evidente, acerca de la cual nada tienen que opinar cada uno de los sujetos que a fin de cuentas son los que se saben sanos o se ponen enfermos. En efecto, parece demostrado que abusar del tabaco -como de ciertos alimentos o bebidas, deportes de riesgo, desbordamientos eróticos, pasiones ideológicas, etcétera- comporta daños personales. Pero en cambio se ignoran o silencian los beneficios que su uso puede propiciar a quienes saben manejarlo. El sabio Lichtenberg confesó que le gustaría saber cuántos versos espléndidos de Shakespeare se los debemos a un vaso de vino tomado en buen momento, aunque su hígado se resintiese: lo mismo podemos aplicarlo a un cigarro que propicia un proyecto imaginativo, una charla amistosa, la prolongación del encuentro amoroso o una tarde pensativa.
Entiendo que no se debe fumar allí dónde el humo del tabaco moleste a otros, pero ¿por qué los fumadores no pueden disfrutar de un espacio público -sea en un restaurante o en su lugar de trabajo- dónde puedan fumar sin que les molesten quejas ni persecuciones? ¿O es que hay quien se siente alterado porque los demás fumen, sea donde sea? Y dicen de los integristas... Como si fuera más excusable coaccionar al prójimo por la salud de su cuerpo que por la de su alma. Una queja simpáticamente desaforada ante este estado de cosas la hallamos en Fumar puede no matar (editorial SayMon), el divertido exabrupto de Vicente Amiel casi tierno en su impotente ferocidad: hará reír amargamente (rire jaune, dicen los franceses) a los fumadores y hasta a los antitabaquistas con sentido del humor, si hay alguno. Por mi parte, suscribo a Winston Churchill: "Debo hacer constar que mi regla de vida prescribe como un rito absolutamente sagrado fumar cigarros y beber alcohol antes, después y si es necesario durante las comidas y en los intervalos entre ellas". Dénselo por dicho. Fernando Savater. El País 22/09/2009.

viernes, 29 de mayo de 2009

Citar.


“Citar es respirar literatura para no ahogarse entre los tópicos castizos y ocurrentes que se le vienen a uno a la pluma cuando nos empeñamos en esa vulgaridad suprema de no deberle nada a nadie. En el fondo, quien no cita no hace más que repetir pero sin saberlo ni elegirlo...”. Fernando Savater.

martes, 2 de diciembre de 2008

La libertad.

Si tengo una piedra en la mano, soy libre de conservarla o de tirarla, pero si la tiro a lo lejos ya no puedo ordenarle que vuelva para seguir teniéndola en la mano. Lo serio de la libertad es que cada acto libre que hago limita mis posibilidades al elegir y realizar una de ellas.- Fernando Savater - Ética para Amador.