miércoles, 12 de enero de 2011

Despedida a plazos




Cuando el teatro era un espectáculo más popular (parece que va a volver a serlo, porque nadie se lo puede bajar gratis de la red) no había representación que no contase con su clac, es decir con un grupo de jovenzuelos que cobraban una módica propina por aplaudir al final de la obra y así motivar al resto del público. También ETA parece dispuesta a dar por concluida su trágica función pero, eso sí, exige un gran éxito de crítica y público. De modo que sacó el sábado a pasear por Bilbao a su clac, formada por los paniaguados, meritorios y comparsas de costumbre, más algunos asimilados a la espera de recaudar votos sin dueño en próximos comicios. Y ahora sale en persona al escenario a saludar, esperando que aplaudamos todos los demás: como no mostremos entusiasmo, es capaz de volver a empezar el dramón desde el acto primero...
Los despistados habituales se apresuran a indicar que se trata de un triunfo de Batasuna sobre ETA. Todo lo contrario: Batasuna sigue jibarizada por los que mandan de verdad, no se atreve a hacerles la mínima crítica o exigencia y además debe soportar que sea ETA la que marque la línea política -territorialidad, autodeterminación, etcétera...- sin dejarles al menos que finjan ser ellos los encargados de esa tarea. Los de Batasuna lo que quieren es ir a las instituciones -que es donde se cobra- pero ETA impone primero la mesa de marras (sí, la de la otra vez, ya saben) y que se atienda a lo que la banda considera que se le debe: su ovación y vuelta al ruedo. Tienen que ser ellos los que dicten al país en qué consiste el contencioso, cómo resolverlo, qué es democrático y qué no, etc...
Cuando decidan que ya se les ha aplaudido lo suficiente y se haya dado a la señorita etarra el consabido ramo de flores, puede que por fin abandonen el escenario y dejen que comiencen Otegi, Txelui Moreno y demás sus bonitos juegos malabares. Antes, ni hablar: ahí siguen y seguirán.
En To be or not to be, el nazi máximo responde a quienes le aclaman con un ¡heil Hitler! diciendo muy satisfecho: ¡heil yo! Pues ahí está el equipo habitual de encapuchados con boina acabando su comunicado aclamándose a sí mismos: "¡Gora ETA, o sea, gora nosotros!". Y se quedan tan contentos de haberse conocido: como para que les pidan condenar sus pasadas fechorías....
En fin, qué asco de función. ¡Venga, a patear esta farsa todos a una!
Fernando Savater. “Despedida a plazos”. El País, 11 de enero de 2011