sábado, 8 de enero de 2011

Tocar los libros


Juan Carlos Onetti, un desordenado profesional –y fumador empedernido- cuyos libros andaban siempre como descarriados, refería a menudo la historia de esa niña de trece a catorce años que se presentó un día en su casa ofreciéndose a ordenarle la biblioteca tras recitarle el abecedario de corrido, lo que ambos consideraron mérito suficiente. Cuando terminó el trabajo, Onetti contempló aterrado el resultado: la letra J reunía a Joyce, Rulfo, Cocteau, Jiménez, Le Carré, Swift, Cortázar y Borges, entre muchos otros. Lo que le llevó a pensar que colocar los libros por orden alfabético no deja de ser tan arbitrario como amontonarlos por los pasillos.

Y es que poner a Sabato al lado del marqués de Sade sólo porque comparten la misma inicial es como sentar juntos en una comida a Zapatero y Zaplana por idéntico motivo. Una provocación no exenta, como diría mi amigo Ricardo Bada, de cierta justicia poética. O prosaica, tanto da. Extraído de “Tocar los libros” de Jesús Marchamalo. Editorial Fórcola.