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jueves, 22 de abril de 2010

Futuro



El tiempo futuro del verbo es el gran desafío a la muerte, el gran desafío frente a la desesperación. Si pudiéramos soñar –y soñar también es una forma de futuridad-, morir no significaría más que poner término a la mediocridad y a la brevedad de la pequeñez de nuestras vidas como personas. Es fantástico que seamos un animal que concibe tiempos de futuro, o que, en palabras de Eluard, posee le dur désir de durer, y que dispone de una forma verbal para expresarlo. La verdadera condena a muerte consistiría en que alguien nos arrebatase el tiempo futuro del verbo. Si así fuera, sólo podríamos construir, como lo ha dejado dicho Elias Canettí, una especie de fábula sin porvenir, la prisión definitiva, la asfixia. Nos habrían arrebatado ese don que, quizá, sea lo que nos haya permitido sobrevivir al horror, a las masacres, al hambre, a las enfermedades y a todas las sevicias que padece nuestro ser. George Steiner y Cécile Ladjali. Elogio de la transmisión. Siruela.

martes, 20 de abril de 2010

Cálculo y pensamiento.


En la quinta partida entre el campeón del mundo de ajedrez, Kaspárov, y el ordenador de IBM se produjo un cambio trascendental. La máquina realizó una jugada, y Kaspárov, como pudimos comprobar cuando tuvimos acceso a las notas que tomaba, dijo: “Ya no calcula; piensa”. Lo que constituye, en mi opinión, un hito en la historia de la humanidad. Y no dramatizo. Un gran físico diría: “Pobre Kaspárov; confunde las palabras porque nadie es capaz de estableer la distinción entre cálculo y pensamiento”.
Esto representa, en sí, un problema filosófico formidable: ¿Dónde acaba el cálculo y dónde comienza el pensamiento? La máquina ganó, gracias a un movimiento que Kaspárov no había previsto ni analizado, un movimiento en cuya trascendencia no había reparado. George Steiner y Cécile Ladjali. Elogio de la transmisión. Siruela.

viernes, 16 de abril de 2010

El profesor.

Foto: Escultura de Anish Kapoor, El gran árbol y el ojo (2009). Escultura formada por ochenta esferas de acero inoxidable instalada en exterior del museo Gugenheim de Bilbao. Múltiples imágenes se reflejan en sus superficies espejadas, estirándose como un arroyo de relucientes burbujas vítreas. Simultáneamente, cada una de las esferas se refleja a sí misma, a las que tiene alrededor y a todos los componentes que forman la torre. Podemos ver nuestro propio reflejo repetido, así como el reflejo de la arquitectura que nos rodea. El ángulo de las imágenes va cambiando a medida que nuestra mirada asciende por la escultura.

Cuando tenía seis años. El pequeño genio que ya era Paul klee, el gran pintor de la Suiza germana, tuvo un profesor que le pidió, igual que al resto de los alumnos, que dibujase un acueducto. ¡Tarea increíble para aquellos pequeños de seis años! Paul Klee lo hizo, y pintó zapatos en la base de cada uno de los pilares. De entrada, es algo inexplicable: nadie es capaz de imaginar cuál es la sinapsis genial que da lugar a tal idea a los seis años de edad. Pero es que, en segundo lugar, y respondo así a su pregunta, tuvo la enorme suerte de contar con un profesor maravilloso, que ni desanimó al niño, ni rompió el dibujo, al tiempo que le amonestaba para que representase correctamente un acueducto. Por el contrario, dicho profesor avisó a los padres del niño para indicarles que estuviesen preparados, porque ahí podía salir algo grande. Lo que me aterra es la situación contraria: aquella en la que un profesor, por ceguera moral o estética, o por una celotipia inconsciente, es capaz de destrozar al niño por hacer una cosa así, porque podría destruir para siempre, en el seno de una estructura social igualitaria, la posibilidad de ese milagro que es la obra de arte. George Steiner y Cécile Ladjali. Elogio de la transmisión. Siruela.

jueves, 1 de abril de 2010

París.


Ninguna ciudad está tan íntimamente ligada a los libros como París. Si Giraudoux acierta al afirmar que el hombre experimenta la libertad en sumo grado cuando le es dado pasarse por las orillas de un río, el mejor de los paseos y, por tanto, el más feliz de todos, en esta ciudad, conduce hacia el libro, al interior del libro. Porque, desde hace siglos, las hojas trepadoras de la hiedra se han adherido al Sena: París es la gran sala de lectura de una biblioteca cruzada por el Sena. George Steiner y Cécile Ladjali, Elogio de la transmisión. Siruela.

martes, 30 de marzo de 2010

Idiomas.


Toda nueva lengua permite vivir otra vida, permite abrir otras ventanas al mundo y afirmarse en él, al mismo tiempo que ayuda a comprender el mayor número de posibilidades que éste nos ofrece. Como la realidad, al igual que la mentira, es muchas veces algo que se deriva de la lingüística, más vale dominar las diferentes gramáticas. Cécile Ladjali y George Steiner. Elogio de la Transmisión. Siruela.

sábado, 20 de marzo de 2010

Los predicadores del caos.

Foto: Puerta del Sol - Madrid.
Durante los últimos años, nuestras tendencias a la rencilla y al encono han adoptado un tono de ansiedad en lo que toca a todo lo que podría cambiarse para bien. Tanto en el mundo educativo como en la economía política, o en los medios intelectuales, da la impresión de que los vocingleros, los predicadores del caos, cuentan con más facilidades para hacerse oir que quienes intentan llevar a cabo experiencias nuevas para, de ese modo, tratar de cambiar las cosas. George Steiner y Cécile Ladjali. Elogio de la transmisión. Editorial Siruela.

lunes, 1 de febrero de 2010

Elogio de la transmisión.


“Salvo excepciones, cuando los jóvenes van a la Universidad, lo más importante ya ha tenido lugar, porque el momento decisivo se encuentra en la enseñanza secundaria”.
“La responsabilidad de los profesores es tan grande que parece mentira que los padres reflexionen tan poco acerca de en qué manos ponen a sus hijos. Se preocupan por aspectos sin importancia; muchos de ellos piensan (como es el caso más en España que en Francia) que una escuela de pago garantiza una mejor enseñanza, y no se dan cuenta de que el factor fundamental es el profesor y que eso no está ni mucho menos garantizado por la cantidad de dinero que se paga en las matrículas de los colegios (es más, conviene recordar que un profesor de la enseñanza privada en España está peor pagado que un profesor de la enseñanza pública). Un profesor mediocre es “un pecado contra el espíritu santo”, porque el espíritu, la mente, es el elemento más vital y más sagrado del ser humano. Los buenos profesores realizan la “deformación” que inflama las mentes de los alumnos, los malos profesores rebajan a sus estudiantes al nivel de su propia fatiga y su propia indiferencia. Por ello, Steiner piensa que la auténtica enseñanza es una vocación absoluta, que sólo deberían ser profesores quienes están más agradecidos que resentidos por el trabajo que realizan.”
…Deleuze cuenta que su profesor de literatura, cuando él tenía 14 años, era un extravagante que arrastraba a sus alumnos hasta orillas del mar para declamar, a voz en grito y contra las olas, versos de Baudelaire. Nunca se olvidó de él y a partir de ese momento no volvió a ser el mismo. Steiner afirma que si un estudiante percibe que su profesor está un poco loco (o sea, que no es como el resto de la gente), como poseído por lo que enseña, quizá se burlará, pero sin duda escuchará. Y ese es el primer paso para que la transmisión tenga lugar, “el instante milagroso en que comienza el diálogo con una pasión”.

Uno de los libros más apasionantes que se han escrito en estos últimos tiempos sobre la enseñanza: Elogio de la transmisión (Siruela, Madrid 2005), un diálogo entre Cécile Ladjali y George Steiner.