Mientras observamos abochornados el comportamiento de sus señorías en el Congreso, mientras seguimos teniendo la impresión —tal vez algunos la certeza— de que se han convertido en una fábrica de generar problemas, en lugar de actuar con responsabilidad y cordura de acuerdo a su condición de servidores públicos; mientras esto sucede, nos topamos con una dura y triste realidad: medio millón de niños en España carecen de la comida, la ropa, los servicios básicos que afectan a su bienestar o a su educación, convirtiendo España en el tercer país de la UE —después de Rumanía y Bulgaria— con la mayor tasa de pobreza infantil. Ante situaciones tan graves como estas sería deseable que, cuanto antes, sus esfuerzos y energías se limitaran a afrontar los problemas de los ciudadanos, que son muchos y variados, en lugar de desperdiciarlos en debates estériles, pueriles, partidistas y carentes de todo sentido.
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viernes, 23 de noviembre de 2018
martes, 4 de agosto de 2009
Los hijos de los sacerdotes.
Foto: Catedral de Barcelona.No todos los sacerdotes católicos han cumplido con el voto de castidad. Y la Iglesia se ha encontrado así con unos efectos colaterales que la obligan a buscar soluciones. Con los frecuentes abusos sexuales, pero también con el número cada vez mayor de sacerdotes que viven en pareja y que tienen hijos. El diario italiano La Stampa ha publicado que la Iglesia estaba buscando remedio a cuestiones relacionadas con este último asunto, como pueden ser el apellido de esas criaturas nacidas en pecado y si podrán heredar los bienes de su progenitor. El periódico turinés informaba también de que la Santa Sede está preocupada: teme una "avalancha" de procedimientos judiciales que exijan pruebas de ADN para establecer la paternidad de muchos sacerdotes.
¿A quién se le ocurrió lo del celibato, que la Iglesia exigiera a los clérigos "una continencia perfecta y continua para tener un corazón entero al servicio de Dios y los hombres" (canon 277 del Código de Derecho Canónigo)? A Jesús, desde luego que no. No se pronuncia sobre la materia, ni lo hicieron los apóstoles, ni los primeros papas (que estuvieron casados). Así que tuvo que ser un infiltrado con afán de dinamitar el futuro funcionamiento de la institución. No la ha llegado a hundir, pero lo cierto es que a la Iglesia el sexo la está llevando por el camino de la amargura.
En primer lugar, y esto es algo que siempre el Vaticano ha cuidado mucho, por dinero. Un solo ejemplo: la Iglesia católica de Estados Unidos ha pagado en los últimos 30 años más de 1.350 millones de euros para compensar abusos y violaciones realizados por más de 4.000 curas. En segundo lugar, por prestigio. Benedicto XVI quiso hacerse el loco cuando se supo de los 35.000 niños que habían padecido abusos sexuales en Irlanda, pero dos semanas más tarde tuvo que dar la cara y recomendar que se "estableciese la verdad" de lo sucedido.
Con los sacerdotes con pareja y con hijos, la Iglesia debería intervenir por pura eficacia. Pero ya se ha apresurado a desmentir a La Stampa. Así que no es cierto que esté estudiando garantizar los derechos de la mujer y los hijos a través de una especie de contrato civil que permitiría a los niños llevar el apellido del papá-sacerdote y heredar sus bienes personales. Mal asunto: de nuevo la Iglesia no se hace cargo de los errores de los suyos. El País, 4 de julio de 2009.
¿A quién se le ocurrió lo del celibato, que la Iglesia exigiera a los clérigos "una continencia perfecta y continua para tener un corazón entero al servicio de Dios y los hombres" (canon 277 del Código de Derecho Canónigo)? A Jesús, desde luego que no. No se pronuncia sobre la materia, ni lo hicieron los apóstoles, ni los primeros papas (que estuvieron casados). Así que tuvo que ser un infiltrado con afán de dinamitar el futuro funcionamiento de la institución. No la ha llegado a hundir, pero lo cierto es que a la Iglesia el sexo la está llevando por el camino de la amargura.
En primer lugar, y esto es algo que siempre el Vaticano ha cuidado mucho, por dinero. Un solo ejemplo: la Iglesia católica de Estados Unidos ha pagado en los últimos 30 años más de 1.350 millones de euros para compensar abusos y violaciones realizados por más de 4.000 curas. En segundo lugar, por prestigio. Benedicto XVI quiso hacerse el loco cuando se supo de los 35.000 niños que habían padecido abusos sexuales en Irlanda, pero dos semanas más tarde tuvo que dar la cara y recomendar que se "estableciese la verdad" de lo sucedido.
Con los sacerdotes con pareja y con hijos, la Iglesia debería intervenir por pura eficacia. Pero ya se ha apresurado a desmentir a La Stampa. Así que no es cierto que esté estudiando garantizar los derechos de la mujer y los hijos a través de una especie de contrato civil que permitiría a los niños llevar el apellido del papá-sacerdote y heredar sus bienes personales. Mal asunto: de nuevo la Iglesia no se hace cargo de los errores de los suyos. El País, 4 de julio de 2009.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
La víctima y el verdugo.

Hitler fue “un genio militar incomparable” que “dotó a Alemania de orden público y de un régimen ejemplar con un sistema judicial apropiado” Quien proclama tanta admiración por el responsable del exterminio de más de seis millones de judíos se llama Moshe Feiglin y está en el movimiento por el Liderazgo Judío, y forma parte del ala más extremista del Likud, el partido conservador israelí que lidera Benjamin Netanyahu, firme candidato a ganar las elecciones legislativas del próximo 10 de febrero. ¿Quién se atreve ahora a cuestionar esa vieja sentencia que aconseja conocer la historia para no cometer los mismos errores?
Ahora bien, ¿cuáles fueron para Feiglin los errores de aquel “régimen ejemplar”? En un manifiesto que publicó hace cinco años en la página web de su movimiento, y que acaba de desaparecer de la Red en cuanto se ha visto que Feiglin será con toda seguridad uno de los parlamentarios elegidos en las listas del Likud, cuenta lo que haría “el día después” si fuera elegido primer ministro. Lo primero: rezar una plegaria de agradecimiento en el Monte del Templo de Jerusalén. Inmediatamente después sacaría a Israel de las Naciones Unidas, cerraría las embajadas de su país en Alemania y en otras naciones antisemitas, ajustaría los horarios escolares al calendario judío y ordenaría que acabara el flujo hacia la Autoridad Palestina de fondos, bienes, agua, electricidad y comunicación…
En la inspección que hace uno de los líderes nazis a los cargamentos destinados a la construcción de los que serían los campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial, que Vasili Grossman describe en Vida y destino, observa que hay allí “piezas sueltas de varios mecanismos, canalones, cintas transportadoras aún sin montar, tubos de diferentes diámetros, sopladores y ventiladores, trituradoras de huesos…” Feiglin reconoce admirar el orden público del régimen nazi. ¿Y qué opina de su eficacia como maquinaria de destrucción? El líder más extremista del Likud considera que el sionismo es racista y que los palestinos son inferiores. Que sus antepasados fueran víctimas del gran verdugo nazi no parece importarle demasiado. ¿Cuáles son, pues, las lecciones que Feiglin extrae de la historia? La víctima y el verdugo. El País 17 diciembre 2008.
Ahora bien, ¿cuáles fueron para Feiglin los errores de aquel “régimen ejemplar”? En un manifiesto que publicó hace cinco años en la página web de su movimiento, y que acaba de desaparecer de la Red en cuanto se ha visto que Feiglin será con toda seguridad uno de los parlamentarios elegidos en las listas del Likud, cuenta lo que haría “el día después” si fuera elegido primer ministro. Lo primero: rezar una plegaria de agradecimiento en el Monte del Templo de Jerusalén. Inmediatamente después sacaría a Israel de las Naciones Unidas, cerraría las embajadas de su país en Alemania y en otras naciones antisemitas, ajustaría los horarios escolares al calendario judío y ordenaría que acabara el flujo hacia la Autoridad Palestina de fondos, bienes, agua, electricidad y comunicación…
En la inspección que hace uno de los líderes nazis a los cargamentos destinados a la construcción de los que serían los campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial, que Vasili Grossman describe en Vida y destino, observa que hay allí “piezas sueltas de varios mecanismos, canalones, cintas transportadoras aún sin montar, tubos de diferentes diámetros, sopladores y ventiladores, trituradoras de huesos…” Feiglin reconoce admirar el orden público del régimen nazi. ¿Y qué opina de su eficacia como maquinaria de destrucción? El líder más extremista del Likud considera que el sionismo es racista y que los palestinos son inferiores. Que sus antepasados fueran víctimas del gran verdugo nazi no parece importarle demasiado. ¿Cuáles son, pues, las lecciones que Feiglin extrae de la historia? La víctima y el verdugo. El País 17 diciembre 2008.
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