miércoles, 17 de diciembre de 2008

La víctima y el verdugo.


Hitler fue “un genio militar incomparable” que “dotó a Alemania de orden público y de un régimen ejemplar con un sistema judicial apropiado” Quien proclama tanta admiración por el responsable del exterminio de más de seis millones de judíos se llama Moshe Feiglin y está en el movimiento por el Liderazgo Judío, y forma parte del ala más extremista del Likud, el partido conservador israelí que lidera Benjamin Netanyahu, firme candidato a ganar las elecciones legislativas del próximo 10 de febrero. ¿Quién se atreve ahora a cuestionar esa vieja sentencia que aconseja conocer la historia para no cometer los mismos errores?
Ahora bien, ¿cuáles fueron para Feiglin los errores de aquel “régimen ejemplar”? En un manifiesto que publicó hace cinco años en la página web de su movimiento, y que acaba de desaparecer de la Red en cuanto se ha visto que Feiglin será con toda seguridad uno de los parlamentarios elegidos en las listas del Likud, cuenta lo que haría “el día después” si fuera elegido primer ministro. Lo primero: rezar una plegaria de agradecimiento en el Monte del Templo de Jerusalén. Inmediatamente después sacaría a Israel de las Naciones Unidas, cerraría las embajadas de su país en Alemania y en otras naciones antisemitas, ajustaría los horarios escolares al calendario judío y ordenaría que acabara el flujo hacia la Autoridad Palestina de fondos, bienes, agua, electricidad y comunicación…
En la inspección que hace uno de los líderes nazis a los cargamentos destinados a la construcción de los que serían los campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial, que Vasili Grossman describe en Vida y destino, observa que hay allí “piezas sueltas de varios mecanismos, canalones, cintas transportadoras aún sin montar, tubos de diferentes diámetros, sopladores y ventiladores, trituradoras de huesos…” Feiglin reconoce admirar el orden público del régimen nazi. ¿Y qué opina de su eficacia como maquinaria de destrucción? El líder más extremista del Likud considera que el sionismo es racista y que los palestinos son inferiores. Que sus antepasados fueran víctimas del gran verdugo nazi no parece importarle demasiado. ¿Cuáles son, pues, las lecciones que Feiglin extrae de la historia? La víctima y el verdugo. El País 17 diciembre 2008.