viernes, 5 de diciembre de 2008

Catedrales.


La más fuerte impresión de nuestra primera juventud –teníamos a la sazón siete años-, de la que conservamos todavía un vivido recuerdo fue la emoción que provocó, en nuestra alma de niño, la vista de una catedral gótica(…). Después, la visión se transformó, el hábito modificó el carácter vivo y patético de aquel primer contacto, pero jamás hemos podido dejar de sentir una especie de arrobamiento ante estos bellos libros de imágenes que se levantan en nuestras ciudades y que despliegan hacia el cielo sus hojas esculpidas en piedra. Fulcanelli. El misterio de las catedrales.