Escuchar con alguien es generar posibilidades al silencio. Hay quienes no lo soportan y necesitan que haya una proliferación de sonidos. Todo lo pueblan de ruidos, más o menos articulados. Taponan los oídos con la excusa de oír otras melodías. No pueden resistir lo que se escucha en el silencio, el rumor incesante, el murmullo insonoro, o quizá el propio latido de sus deseos e insatisfacciones. Convivir con el silencio constitutivo es la única posibilidad de decir una verdad. Quien lo hace podría tal vez entregarse a la palabra que nos llega y entonces es que daría gusto oírle. Alguien con quien hablar. Ángel Gabilondo. Editorial Aguilar.
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miércoles, 5 de mayo de 2010
jueves, 15 de abril de 2010
Perdonar.

Perdonar no ha de ser un acto de superioridad. El perdón ha de brotar del reconocimiento de nuestras propias fragilidades, lo que no supone en absoluto un acto de humillación. Es un acto de compresión, también para con uno mismo. Pedir perdón no es sólo enunciarlo, es padecer nuestro propio rayo que ha atravesado el corazón de alguien hasta dañar su vida y es luchar, dentro de lo posible, por eludir ese mal. Esta sutil y decisiva relación entre el perdón y la justicia es la base del equilibrio social. No sólo lo siento, es que te pido perdón. No es un estado de ánimo, es una acción. Ángel Gabilondo. Alguien con quien hablar. Editorial Aguilar.
lunes, 22 de marzo de 2010
Los compañeros de trabajo.

Nada es más desalentador que considerar que no hay expectativas de novedad alguna, que ya sabemos quiénes somos y conocemos hasta el último detalle los límites de los compañeros de siempre. Sólo caben formas diversas de aburrimiento. La rutina y el sinsentido de muchas actividades remuneradas producen una verdadera alineación. Trabajar se convierte en una forma de envejecer por la que percibimos cantidades para lograrlo.
De ahí que suela hablarse del clima laboral como de un cierto parte meteorológico, que permite considerar el ambiente como un factor decisivo. No basta con no padecer acoso o extorsión, siempre repudiables, no basta con encontrar respeto en el entorno. Se requiere una complicidad, la percepción de correr una suerte común, de estar en un proyecto, en una tarea, en una empresa compartida. Alguien con quien hablar. Ángel Gabilondo. Editorial Aguilar.
De ahí que suela hablarse del clima laboral como de un cierto parte meteorológico, que permite considerar el ambiente como un factor decisivo. No basta con no padecer acoso o extorsión, siempre repudiables, no basta con encontrar respeto en el entorno. Se requiere una complicidad, la percepción de correr una suerte común, de estar en un proyecto, en una tarea, en una empresa compartida. Alguien con quien hablar. Ángel Gabilondo. Editorial Aguilar.
jueves, 18 de marzo de 2010
La soledad.

El afecto, el amor, la amistad no elimina la soledad, la hacen soportable. Ignorarlo sólo conduce a responsabilizar al otro de nuestra propia soledad. Sentirse acompañado en ella, en la tragedia de la decisión que nadie adoptará por nosotros, en la palabra propia que ningún otro podrá decir en nuestro lugar, en la vida singular e irrepetible que nadie vivirá por mí, en la muerte mía que ningún otro morirá, es un regalo de la vida. Es la soledad sin vida, sin acompañamiento, la que produce deterioro y una tristeza y un aburrimiento sustanciales. Y esto puede ocurrir al lado de alguien, al lado de otros. No hay que dar por supuesto que uno no está solo porque alguien corretee o se siente a nuestro lado, porque seamos mirados o atendidos o requeridos o porque miremos, atendamos o requiramos. Somos en soledad, pero podemos vivirla fecundamente con los demás. Alguien con quien hablar. Ángel Gabilondo. Editorial Aguilar.
martes, 9 de marzo de 2010
Dame tu voz.
Foto: Estatua en la localidad de Navarrete, Logroño.Si no hay mucho que decir, al menos, tu voz. Léeme, siquiera un texto ya dicho. Llama, aunque sea por error para preguntar equivocadamente. Recita, canta o cuenta esa historia que es ya la leyenda de vidas siempre por vivir. Pero dame tu voz, que es poético decir que no necesita remitir a contenido alguno. La voz es ya en sí misma un sentido singular. Déjame dormir en ella. Y, cuando sea preciso, fallecer al arrullo de su despedida.
Alguien con quien hablar. Ángel Gabilondo. Editorial Aguilar.
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