Mostrando entradas con la etiqueta Ángel González. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ángel González. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de abril de 2020

Trigésimo noveno día. Te llaman porvenir porque no vienes nunca...


Porvenir

Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tu llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe donde.
…Mañana!
Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.


Ángel González.

martes, 21 de abril de 2020

Trigésimo octavo día. Un poema de Ángel González.



Aquí, Madrid, mil novecientos
cincuenta y cuatro: un hombre solo.

Un hombre lleno de febrero,
ávido de domingos luminosos,
caminando hacia marzo paso a paso,
hacia el marzo del viento y de los rojos
horizontes -y la reciente primavera
ya en la frontera del abril lluvioso...-

Aquí, Madrid, entre tranvías
y reflejos, un hombre: un hombre solo.

-Más tarde vendrá mayo y luego junio, 
y después julio y, al final agosto-.

Un hombre con un año para nada
delante de su hastío para todo.

Ángel González




miércoles, 21 de noviembre de 2012

Muerte en el olvido

Foto Sebas Navarrete


Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tu me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.

Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verá viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita….

Ángel González “Palabra sobre palabra” Editorial Austral.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Humo son mis obras, ceniza mis hechos

Parque Nacional de Ordesa. Foto Sebas Navarrete


Trabajé el aire,
se lo entregué al viento:
voló, se deshizo,
se volvió silencio.

Por el ancho mar,
por los altos cielos,
trabajé la nada,
realicé el esfuerzo,
perforé la luz,
ahondé el misterio.

Para nada, ahora,
para nada, luego:
humo son mis obras,
ceniza mis hechos.

… y mi corazón
que se queda en ellos.

Ángel González “Palabra sobre palabra” Editorial Austral.

martes, 13 de noviembre de 2012

Muerte en la tarde




De los cientos de muertes que me habitan,
ésta de hoy es la que menos me sangra.
Es la muerte que viene con las tardes,
cuando las sombras pálidas se alargan,
y los contornos se derrumban,
y se perfilan las montañas.

Entonces alguien pasa pregonando
su mercancía bajo la ventana,
a la que yo me asomo para ver
las últimas farolas apagadas.

Por al ceniza de las calles cruzan
sombras sin dejar huellas, hombres que pasan,
que no vienen a mí ni en mí se quedan,
a cuestas con su alma solitaria.

La luz del día huye hacia el oeste.
El aire de la noche se adelanta,
y nos llega un temor agrio y confuso,
casi dolor, apenas esperanza.

Todo lo que me unía con la vida
deja de ser unión, se hace distancia,
se aleja más, al fin desaparece,
y muerto soy,
… y nadie me levanta

Ángel González “Palabra sobre palabra” Editorial Austral.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Aspero Mundo


Autor foto Sebas Navarrete

Te tuve
cuando eras
dulce,
acariciado mundo.
Realidad casi nube,
¡cómo te me volaste de los brazos!

Ahora te siento nuevamente.
No por tu luz, sino por tu corteza,
percibo tu inequívoca
presencia.
…agrios perfiles, duros meridianos,
¡áspero mundo para mis dos manos!

Ángel González “Palabra sobre palabra” Editorial Austral.

martes, 28 de febrero de 2012

A mano amada


A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;

allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

los recuerdos me asaltan.

Unos empuñan tu mirada verde,
otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.

Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver más hondo,
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria

Ángel González, “A mano amada”