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martes, 4 de enero de 2011

Pintura y fotografía.


Van Dyck conseguía pintar la seda de tal forma que parecía oírse su crujido. Sin embargo, a partir del siglo XIX, la ambición de los pintores más famosos no fue ya a la representación brillante de los materiales. Desde la invención de la fotografía los pintores tienden a evitar cualquier tema en el cual los métodos mecánicos puedan resultar una seria competencia. El desarrollo pleno del arte moderno está –mucho más de lo generalmente admitido- influenciado por el fluir de imágenes desde cualquier punto accesibles a la cámara. Decir de una pintura que ofrece una perfecta fidelidad fotográfica es condenar su valor esencial. Esto puede, en cierta medida, explicar la súbita pérdida de popularidad de los pintores retratistas y el desinterés por un arte que parece estar en fase de lenta desaparición. Pero, ¿es justo afirmar que la fotografía ha deseado ocupar este campo abandonado? En cualquier caso, esto ha requerido un cierto tiempo. La fotografía se ha dejado seducir por la imitación de la pintura y por un plagio artístico, mientras que de hecho la cámara es sinónimo de exactitud extrema. De ello resulta una situación grotesca en la que la fotografía ha empezado a perseguir a la pintura, la cual –por su lado- huye, llena de espanto, ante la fotografía. Extraído de “Estética fotográfica” de Joan Fontcuberta. Editorial Gustavo Gili.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Estar en blanco



Mientras crea, la mente del fotógrafo está en blanco. Debería añadir que esta condición se da sólo en casos especiales, principalmente cuando se buscan imágenes. Mientras el fotógrafo está en esta condición, hay algo que le impide descaminarse, que le impide caer por las alcantarillas o incrustarse contra el parachoques de camiones detenidos. Para aquellos que comparen este estar en blanco con alguna especie de vacío estático, debo explicar que es un estar en blanco especial. En realidad es un estado mental muy activo, un estado mental muy receptivo, listo para en cualquier momento atrapar una imagen sin tener, sin embargo, ninguna imagen preformada. Deberíamos subrayar que la falta de una pauta preformada o una idea preconcebida acerca de cómo debe representar cualquier cosa es esencial para esta condición de estar en blanco. Tal estado se asemeja al de una película virgen: parece inerte, pero es tan sensitiva que una fracción de segundo genera vida en ella (no sólo vida, sino una vida). Extraído de “Estética fotográfica" de Joan Fontcuberta. Editorial Gustavo Gili.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La tecnología digital.

Foto: Escultura de Valle Inclán en Pontevedra. Galicia. España.

El uso de software de tratamiento de imagen que sustituiría la técnica del aerógrafo y del fotomontaje. Su divulgación y asimilación entre un público profano terminaría con el mito de la objetividad fotográfica (no tanto por la técnica de manipulación informática en sí como por la brutalidad con que se impondría la facilidad de esta manipulación): desacredita la fotografía como testigo fiable, la credibilidad ya no descansaría en las cualidades intrínsecas de la tecnología, sino en el fotógrafo como autor. La irrupción de la tecnología digital no sólo ha mostrado que la fotografía era un medio primitivo sino también degenerado. Joan Fontcuberta. El beso de judas. Editorial Gustavo Gili, S.L.

viernes, 27 de agosto de 2010

Los signos



Tanto la vida como el arte nos ofrecen numerosos episodios en que se manifiestan el conflicto de los signos. Las huellas dactilares de los documentos de identificación policial suponen un ejemplo de huella directa, en la que la yema de dedo actúa como una plancha de grabado. Pero el sentido de esta impronta puede variar en lo estético y en lo semántico. La leyenda cuenta que en el siglo IX el conde de Barcelona, Wifredo el Velloso, fue herido de muerte en el campo de batalla. Presintiendo su fin cercano, mojó los dedos de una mano en la sangre de la herida y trazó cuatro líneas rojas sobre su escudo de oro. La densidad épica de este gesto la valió a Cataluña su emblema nacional y la historia se ha encargado de impregnar ese blasón del contenido simbólico y grandilocuente propio de estos casos (honor, bravura, esfuerzo, generosidad, sacrificio…) Una metasignificación que nada tiene que ver en sí con el trazo abstracto de esas cuatro barras rojas sobre fondo amarillo. Joan Fontcuberta. El beso de judas. Editorial Gustavo Gili, S.L.

jueves, 26 de agosto de 2010

La verdad



La verdad es un tema escabroso; la verosimilitud, en cambio, nos resulta mucho más tangible y, por supuesto no está reñida con la manipulación. Porque, hay que insistir, no existe acto humano que no implique manipulación. La leche que mamamos de nuestra madre, decía Josep Renau, ya es una forma de manipulación. La manipulación por tanto está exenta per se de valor moral. Lo que sí está sujeto al juicio moral son los criterios o las intenciones que se aplican a la manipulación. Y lo que está sujeto al juicio crítico es su eficacia. Joan Fontcuberta. El beso de Judas, fotografía y verdad. Editorial Gustavo Gili.

miércoles, 16 de junio de 2010

Fotografía manipulada.

Foto: Museo Reina Sofia (Madrid)

 
“Pero en el límite, la elección de una entre diversas posibilidades representa una pequeña dosis de “manipulación”: encuadrar es una manipulación, enfocar es una manipulación, seleccionar el momento del disparo es una manipulación… La suma de todos estos pasos se concreta en una imagen resultante, una “manipulación” sin paliativos. Crear equivale a manipular, y el mismo término de “fotografía manipulada” constituye una flagrante tautología*” (*Repetición de un mismo pensamiento expresado de distintas maneras.) Joan Fontcuberta (1955 Barcelona).

martes, 15 de junio de 2010

La fotografía miente.


Foto Sebas Navarrete


“Toda fotografía es una ficción que se presenta como verdadera. Contra lo que nos han inculcado, contra lo que solemos pensar, la fotografía miente siempre, miente por instinto, miente porque su naturaleza no le permite hacer otra cosa. Pero lo importante no es esa mentira inevitable. Lo importante es cómo la usa el fotógrafo, a que intenciones sirve. Lo importante en suma, es el control ejercido por el fotógrafo para imponer una dirección ética su mentira. El buen fotógrafo es el que miente bien la verdad”
Joan Fontcuberta (1955 Barcelona). Licenciado en Ciencias de la Información, profesor de Estudios de Comunicación Audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y la Harverd University de Cambridge (Massachusetts), funciones que desempeña simultáneamente con su colaboración con diversas publicaciones especializadas en imagen. En 1980 fue co-fundador de la revista Photo Visión, editada en formato bilingüe español e inglés, ocupando el cargo de redactor jefe.