martes, 4 de enero de 2011

Pintura y fotografía.


Van Dyck conseguía pintar la seda de tal forma que parecía oírse su crujido. Sin embargo, a partir del siglo XIX, la ambición de los pintores más famosos no fue ya a la representación brillante de los materiales. Desde la invención de la fotografía los pintores tienden a evitar cualquier tema en el cual los métodos mecánicos puedan resultar una seria competencia. El desarrollo pleno del arte moderno está –mucho más de lo generalmente admitido- influenciado por el fluir de imágenes desde cualquier punto accesibles a la cámara. Decir de una pintura que ofrece una perfecta fidelidad fotográfica es condenar su valor esencial. Esto puede, en cierta medida, explicar la súbita pérdida de popularidad de los pintores retratistas y el desinterés por un arte que parece estar en fase de lenta desaparición. Pero, ¿es justo afirmar que la fotografía ha deseado ocupar este campo abandonado? En cualquier caso, esto ha requerido un cierto tiempo. La fotografía se ha dejado seducir por la imitación de la pintura y por un plagio artístico, mientras que de hecho la cámara es sinónimo de exactitud extrema. De ello resulta una situación grotesca en la que la fotografía ha empezado a perseguir a la pintura, la cual –por su lado- huye, llena de espanto, ante la fotografía. Extraído de “Estética fotográfica” de Joan Fontcuberta. Editorial Gustavo Gili.