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domingo, 20 de junio de 2010

José Saramago. In Memoriam

Foto: La Geria (Lanzarote) Islas Canarias

Esta entrada ya la publiqué en su día. Han sido muchas las entradas que he dedicado a José Saramago. Su blog, sus libros, sus artículos, sus palabras, eran para mi una fuente de inteligencia, coherencia y compromiso.

"A veces la Historia parece un sueño que estuviésemos intentando recordar y que, en este esfuerzo, al mismo tiempo que vamos consiguiendo poner a la vista algunos pormenores ocultos vamos también modificando el propio sueño, alterándose, por lo tanto, no sólo en su significación inmediata como en su sentido profundo. Vamos de historia en historia como vamos de sueño en sueño". José Saramago. Cuadernos de Lanzarote I (1993-1995).

viernes, 14 de agosto de 2009

Galileo. La adjuración (segunda parte de dos)

Foto: Vistas del Parque Nacional del Timanfaya desde el volcán del Cuervo.

“Y sin embargo, se mueve”. Estas palabras las diría como si fuera un susurro casi inaudible Galileo Galilei al terminar la lectura de la abjuración a que fue forzado por los inquisidores generales de la Iglesia Católica el 22 de Junio de 1633. Se trataba, como se sabe, de obligarlo a desmentir, condenar y repudiar públicamente lo que había sido y seguía siendo su profunda convicción, es decir, la verdad científica del sistema copernicano, según el cual es la Tierra la que gira alrededor del Sol y no el Sol alrededor de la Tierra. El estudio del texto de la abjuración de Galileo debería hacerse con conveniente atención en todos los establecimientos de enseñanza del planeta, fuese cual fuese la religión dominante, no tanto para confirmar lo que hoy es una evidencia para todo el mundo, que el Sol está parado y la Tierra se mueve a su alredor, sino como manera de prevenir la formación de supersticiones, lavados de cerebro, ideas hechas y otros atentados contra la inteligencia y el sentido común. Del blog de José Saramago.

miércoles, 22 de julio de 2009

La Historia.

Foto: Gijón (Asturias). Edificios del paseo de S. Lorenzo reflejados en la fachada del hotel Abba.

A veces la Historia parece un sueño que estuviésemos intentando recordar y que, en este esfuerzo, al mismo tiempo que vamos consiguiendo poner a la vista algunos pormenores ocultos vamos también modificando el propio sueño, alterándose, por lo tanto, no sólo en su significación inmediata como en su sentido profundo. Vamos de historia en historia como vamos de sueño en sueño. José Saramago. Cuadernos de Lanzarote I (1993-1995).

miércoles, 27 de mayo de 2009

El valor.

Patricia Kolesnicov es periodista y argentina, más periodista que argentina en mi opinión, pero esto es solo una pequeña idea de literato, colocar la profesión antes que la nacionalidad como si estuviera substituyendo un mundo por otro. Hace años le apareció un cáncer de mama al que se enfrentó con el valor con que solo una mujer es capaz. No lo digo para quedar bien, para ganar indulgencias entre la otra mitad de la humanidad. Si lo digo es simplemente porque lo pienso: ante el dolor, ante el sufrimiento, ellas son mucho más valientes que nosotros. El niño que llora y se queja por haberse desollado una rodilla sigue existiendo en el hombre aunque hayan pasado muchos años, y cuantos más pasen, más se notará esa presencia, la mujer le puso un decidido chupete en la boca y, si no consiguió callarlo del todo, al menos le aplicó sordina a sus lamentos, que los hará relativamente soportables ante oídos y sensibilidades ajenas. El hombre exhibe, la mujer no quiere que se note.
Cuando el cáncer fue vencido, Patricia escribió un libro al que le dio el título de “Biografía de mi cáncer”. No me gustó y se lo dije, pero ella no me hizo caso. El libro (publicado también en Portugal, en la editorial Caminho) traza sin complacencias un recorrido durísimo y, tal vez para honrar la palabra de quienes afirman que existe un humor judío particular (Patricia es judía) el relato, que en otras manos sería grave, inquietante, incluso asustador, despierta frecuentemente en nosotros una sonrisa cómplice, una súbita risa, una irreprimible carcajada. Con un poco más Patricia Kolesnicov se nos mostraría maestra de la paradoja y del más negro de los humores.
Patricia acaba de recuperar los derechos sobre su obra y no se le ha ocurrido mejor idea que ponerla en Internet para uso, disfrute y lección de todo el mundo. Léanla y agradézcanselo. Y, ya puestos, agradézcanme también a mí que soy su amigo y he escrito estas palabras justas, mínimas para lo que ella merece, y que otros (sus lectores) harán crecer a través del respeto y de la admiración. Por su valor. José Saramago.
Enlace al libro.

martes, 12 de mayo de 2009

Hombre nuevo.

Culturalmente, es más fácil movilizar a los hombres para la guerra que para la paz. A lo largo de la historia, la Humanidad siempre ha sido inducida a considerar la guerra como el medio más eficaz para la resolución de conflictos, y siempre los que gobiernan se han servido de los breves intervalos de paz para preparar las guerras futuras. También siempre las guerras se declaran en nombre de la paz. Y siempre para que mañana vivan pacíficamente los hijos son sacrificados hoy los padres…
Esto se dice, esto se escribe, esto se hace creer, ya que se sabe que el hombre, aunque históricamente educado para la guerra, transporta en su espirito una permanente ansía de paz. Por eso ésta es usada tantas veces como medio de chantaje moral por quienes quieren la guerra: nadie osaría confesar que hace la guerra por la guerra, se jura, sí, que se hace la guerra por la paz. Por eso todos los días y en todo el mundo sigue siendo posible que salgan hombres hacia la guerra, sigue siendo posible que la guerra los destruya en sus propias casas.
Hablemos de cultura. Quizá fuera más claro si hablara de revolución cultural, aunque sepamos que se trata de una expresión desgastada, muchas veces perdida en proyectos que la desnaturalizan, consumida en contradicciones, extraviada en aventuras que acabaron sirviendo intereses que le eran radicalmente contrarios. Sin embargo, esas propuestas no siempre fueron vanas. Se abrieron espacios, se ampliaron horizontes, aunque me parezca que ya es más que hora de entender y proclamar que la única revolución realmente digna de tal nombre sería la revolución de la paz, ésa que transformaría al hombre entrenado para la guerra en hombre educado para la paz porque para la paz habría sido educado. Ésa, sí, sería la gran revolución mental, y por tanto cultural, de la Humanidad. Ese sería, finalmente, el tan aireado hombre nuevo.

viernes, 27 de marzo de 2009

Células madre.

Los medios de comunicación de todo el mundo han publicado la noticia: Obama proclama el fin de las trabas ideológicas para avanzar en la investigación de enfermedades que son auténticos martirios para seres humanos. Unos destacan la decisión del Presidente Obama de basar las decisiones científicas en la ciencia, en informes de científicos avalados por sus credenciales y experiencia, y no por su afiliación política o ideología. Palabra más o palabra menos, Obama considera que suprimir o alterar descubrimientos o conclusiones científicas o tecnológicas basándose en sus ideas o creencias es pecar contra la honestidad. Para otros, sin embargo, el pecado es investigar con células madres, por eso el diario del vaticano, L’Osservatore Romano, enseguida recordó que el reconocimiento de la dignidad personal debe ser extendido a todas las fases de la existencia del ser humano, signifique eso lo que signifique, mientras los obispos de Estados Unidos decían que era una triste victoria de la política sobre la ciencia y la ética, y esto ya definitivamente no sabemos qué significa, porque habría que jugar con variables como dogmas, fe, misterios, mucho para esta hora.
Pero ya que estamos en ambiente celosamente religioso, he de confesar que lo que me hubiera gustado leer hoy eran las manifestaciones de alegría de la legión de personas afectadas por enfermedades como el alzhéimer, el párkinson o la diabetes. Y de los entornos de los afectados. Qué gran día para ellos, que gran día para el sentido común. Publicado en el Blog de José Saramago. 11 de marzo 2009.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Sentido común

Los medios de comunicación de todo el mundo han publicado la noticia: Obama proclama el fin de las trabas ideológicas para avanzar en la investigación de enfermedades que son auténticos martirios para seres humanos. Unos destacan la decisión del Presidente Obama de basar las decisiones científicas en la ciencia, en informes de científicos avalados por sus credenciales y experiencia, y no por su afiliación política o ideología. Palabra más o palabra menos, Obama considera que suprimir o alterar descubrimientos o conclusiones científicas o tecnológicas basándose en sus ideas o creencias es pecar contra la honestidad. Para otros, sin embargo, el pecado es investigar con células madres, por eso el diario del vaticano, L’Osservatore Romano, enseguida recordó que el reconocimiento de la dignidad personal debe ser extendido a todas las fases de la existencia del ser humano, signifique eso lo que signifique, mientras los obispos de Estados Unidos decían que era una triste victoria de la política sobre la ciencia y la ética, y esto ya definitivamente no sabemos qué significa, porque habría que jugar con variables como dogmas, fe, misterios, mucho para esta hora.
Pero ya que estamos en ambiente celosamente religioso, he de confesar que lo que me hubiera gustado leer hoy eran las manifestaciones de alegría de la legión de personas afectadas por enfermedades como el alzhéimer, el párkinson o la diabetes. Y de los entornos de los afectados. Qué gran día para ellos, que gran día para el sentido común. Publicado en el Blog de José Saramago. 11 de marzo 2009.

lunes, 16 de marzo de 2009

Córdoba


“Si puedes mirar, ve, si puedes ver, repara” Ensayo sobre la ceguera. José Saramago.

martes, 10 de marzo de 2009

Mujeres.

Acabo de ver en los informativos de televisión manifestaciones de mujeres en todo el mundo y me pregunto una vez más qué desgraciado mundo es éste en que todavía la mitad de la población tiene que salir a la calle para reivindicar lo que para todos ya debería ser obvio…
Me llegan informes oficiales de solemnes instituciones que dicen que por el mismo trabajo la mujer cobra el 16 por ciento menos, y seguramente esta cifra estará maquillada para evitar la vergüenza de una diferencia aún mayor. Dicen que los consejos de administración funcionan mejor si están integrados por mujeres pero los gobiernos no se atreven a recomendar que el cuarenta por ciento, no ya el cincuenta, esté integrado por mujeres, aunque cuando llega el colapso, como en Islandia, llaman a mujeres para dirigir la vida pública y la banca. Dicen que para evitar la corrupción en la organización del tráfico en Lima van a poner guardias mujeres, porque se ha comprobado que ni se dejan sobornar ni piden coimas. Sabemos que la sociedad no funcionaría sin el trabajo de las mujeres que sin la conversación de las mujeres, escribí hace tiempo, el planeta se saldría de su órbita, ni la casa ni quienes la habitan tendrían la calidad humana que las mujeres ponen mientras los hombres pasan sin ver, o viendo no se dan cuenta de que esto es cosa de dos y que el modelo masculino ya no sirve.
Sigo viendo manifestaciones de mujeres en la calle. Ellas saben lo que quieren, es decir, no ser humilladas, cosificadas, despreciadas, asesinadas. Quieren ser medidas por su trabajo y no por lo accidental de cada día. Dicen que mis mejores personajes son mujeres y creo que tienen razón. A veces pienso que las mujeres que he descrito son propuestas que yo mismo querría seguir. Quizá sean sólo ejemplos, quizá no existan, pero de algo estoy seguro: con ellas el caos no se habría instalado en este mundo porque siempre han conocido la dimensión de lo humano. Del blog de José Saramago, 8 de marzo de 2009.

viernes, 27 de febrero de 2009

Justicia.


El día 22 de Julio de 2005, un ciudadano brasileño, Jean Charles de Menezes, de profesión electricista, fue asesinado en Londres, en una estación de metro, por agentes de la policía metropolitana que lo confundieron, dicen, con un terrorista. Entró en un vagón, se sentó tranquilamente, parece que incluso llegó a abrir el periódico gratuito que había recogido en la estación, cuando los policías irrumpieron y lo arrastraron hasta el andén. No lo detuvieron, no lo prendieron, lo derrumbaron violentamente y le dispararon diez balas, siete de ellas en la cabeza. Desde el primer día, Scotland Yard no hizo otra cosa que ponerle obstáculos a la investigación. No hubo juicio. La fiscalía impidió que los policías fuesen incriminados y el juez le prohibió al jurado que pronunciara una sentencia condenatoria. Ya saben, si algún día se les presenta por delante una peluca blanca, de esas que aparecen en las películas, díganle al portador lo que las personas honestas piensan de estas justicias. Del blog de José Saramago.

jueves, 5 de febrero de 2009

La guerra no se puede contar.

Los ojos que tengo no me han servido de mucho. Veo las letras que voy lanzando, una tras otra, sobre la página blanca del ordenador, formo palabras que, mejor o peor, le van contando a quienes me leen ciertas opiniones, ciertas ideas que llamo mías, visiones del mundo les llamaría retóricamente si el mundo se dejase conocer por tan poco. Mucho de lo que veo, sólo lo veo porque otros lo han visto antes. Me duele hasta el remordimiento haber sido tan pocas veces en mi vida el que vio. En rigor, no vivo en una burbuja protectora, pero me doy cuenta de que estoy rodeado de personas dispuestas a evitarme choques que, dicen, e tal vez alguna razón tengan, podrían afectar negativamente mi trabajo. No sé. Lo que sí sé es que el muro de que me siento a veces rodeado, al final es más frágil de lo que parece, lo acometen frecuentemente, con particular violencia, las investidas brutales de la realidad. El libro reciente al que el fotógrafo Gervasio Sánchez le ha dado el título de Sarajevo es uno de eses casos. Aquí le manifiesto mi profunda gratitud por haberme permitido ver con sus ojos, ya que los míos para tan poco me han servido. Y le agradezco también la lealtad personal y profesional que lo condujo a escribir que “la guerra no se puede contar”. Para que no tengamos ilusiones, nosotros los que escribimos. José Saramago.

viernes, 16 de enero de 2009

Lapidaciones y otros Horrores.

La noticia quema. El mufti de Arabia Saudí, máxima autoridad religiosa del país, acaba de emitir una fatua que permite (permitir es un eufemismo, la palabra exacta sería imponer) el matrimonio de niñas de 10 años de edad. El tal mufti (me acordaré de él en mis oraciones) explica el porqué: dice que la decisión es “justa” para las mujeres, al contrario de la fatua anterior, que establecía en 15 años la edad mínima para el matrimonio, cosa que Abdelaziz Al Sheji (ese es su nombre) consideraba “injusto”. Acerca de las razones de este “justo” y de este “injusto”, ni una palabra, ni siquiera se nos dice si las niñas de 10 años fueron consultadas. Es cierto que la democracia brilla por su ausencia en Arabia Saudí, pero, en un asunto de tanto melindre, podría haberse abierto una excepción. En fin, los pedófilos pueden estar contentos: la pederastia es legal Arabia Saudí. Otras noticias que queman. En Irán fueron lapidados dos hombres por adulterio, en Pakistán cinco mujeres fueron enterradas vivas por querer casarse por lo civil con hombres que ellas habían elegido… Aquí me quedo. No aguanto más. Del blog de José Saramago. 15 de enero de 2009. (Ver enlace al blog en mis blogs favoritos)

lunes, 12 de enero de 2009

Imaginemos. José Saramago.

Imaginemos que, en los años treinta, cuando los nazis iniciaron su caza a los judíos, el pueblo alemán hubiera bajado a la calle, en grandiosas manifestaciones que quedarían en la Historia, exigiéndole a su gobierno el final de la persecución y la promulgación de leyes que protegiesen a todas y cada una de las minorías, ya fueran de judíos, de comunistas, de gitanos o de homosexuales. Imaginemos que, apoyando esa digna y valiente acción de los hombres y mujeres del país de Goethe, los pueblos de Europa desfilaran por las avenidas y plazas de sus ciudades y unieran sus voces al coro de las protestas levantado en Berlín, en Munich, en Colonia, en Francfort. Ya sabemos que nada de esto sucedió ni podría haber sucedido. Por indiferencia, apatía, por complicidad táctica o manifiesta con Hitler, el pueblo alemán, salvo alguna rarísima excepción, no dio un paso, no hizo un gesto, no dijo una palabra para salvar a quienes iban a ser carne de campo de concentración y de horno crematorio, y, en el resto de Europa, por una razón u otra (por ejemplo, los fascismos nacientes), una asumida connivencia con los verdugos nazis mantendría el orden o castigaría cualquier veleidad de protesta.
Hoy es diferente. Tenemos libertad de expresión, libertad de manifestación y no sé cuantas libertades más. Podemos salir a la calle miles o millones que nuestra seguridad siempre estará asegurada por las constituciones que nos rigen, podemos exigir el final de los sufrimientos de Gaza o la restitución al pueblo palestino de su soberanía y la reparación de los daños morales y materiales sufridos a lo largo de sesenta años, sin mayores consecuencias que los insultos y las provocaciones de la propaganda israelí. Las imaginadas manifestaciones de los años treinta serían reprimidas con violencia, en algún caso con ferocidad, las nuestras, como mucho, contarán con la indulgencia de los medios de comunicación social y luego entrarán en acción los mecanismos del olvido. El nazismo alemán no daría un paso atrás y todo acabaría igual a lo que luego iba a ser y la Historia ha registrado. Por su parte, el ejército israelí, ése que el filósofo Yeshayahu Leibowitz, en 1982, acusó de tener una mentalidad “judeo-nazi”, sigue fielmente, cumpliendo órdenes de sus sucesivos gobiernos y comandos, las doctrinas genocidas de quienes torturaron, gasearon y quemaron a sus antepasados. Podría decirse incluso que en algunos aspectos los discípulos adelantaron a los maestros. En cuanto a nosotros, seguiremos manifestándonos. (Ver blog Cuaderno de José Saramago).