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miércoles, 16 de marzo de 2022
Y buscando una señal, algo a lo que sentirse atado, dedujo, con esa sensación tan parecida al espanto que provoca la lucidez, que el error formaba parte del aprendizaje. Para tomar decisiones justas antes había tenido que perderse. Ricardo Méndez Salmón, Horda. Seix Barral. Foto: Exposición de Esther Ferrer "Todas las variaciones son válidas incluida ésta".
martes, 15 de marzo de 2022
La verdad siempre había estado ahí. En el fondo. En lo hondo. En la caída. Bastaba con dejarse llevar. Porque toda construcción estaba condenada al derrumbe. Y porque cada época tenía el privilegio de diseñar su propio fracaso. Multitudes afanosas con la boca llena de palabras vacías que elevaban al cielo la gloria perecedera de sus arquitecturas. Pero el mundo estaba destinado a venirse al suelo, a regresar al impulso primordial de la caída. Era una ley física, cosmológica, pero también una verdad moral, un imperativo de la conciencia. La vida, en cualquiera de sus formas, cae a partir de cierto punto. Caen los imperios; caen sus señores; cae la más humilde pluma que surca el aire. Ricardo Méndez Salmón, Horda. Seix Barral.
jueves, 3 de marzo de 2022
Las palabras vivían entre nosotros y se las llevaron. Así lo decidieron. Enmudecerlas. Someterlas. Encarcelarlas. No sabemos cúando sucedió. Solo sabemos que sucedió. Que el don se convirtió en condena. Y que llegó la época del silencio. Una enseñanza que no se transmite con palabras. Porque la palabra ya no dice nada a nadie. Música sin eco. Flecha detenida en el aire. Sed en la sed. El argumento para la prohibición tuvo que ser por fuerza su mal uso. Para qué servía la palabra entonces, en aquel remoto esplendor. Para nada. Prostituida. Desvirtuada. Degradada. Para qué seguir permitiendo su empleo si cada palabra pronunciada era máscara, humo, fantasma. Ricardo Menéndez Salmón, Horda, editorial Seix Barral.
miércoles, 8 de junio de 2016
Débiles y crédulos
martes, 10 de mayo de 2016
El oficio de mirar.
Contemplar durante el
tiempo suficiente, cualquier cosa acaba por convertirse en un acontecimiento.
El mero transcurrir muda la naturaleza de lo banal en trascendental. Por
humilde que sea, un hecho sometido a una atención desmesurada acaba por
resultar fascinante: un rastro de saliva sobre la madera; una bolsa de plástico
movida por el viento; las idas y venidas de una mosca en un frutero. Estos tres
sucesos, admirados con penetración y paciencia, resultan tan mágicos y resonantes
como la contemplación de la constelación de Andrómeda. El oficio de mirar es el
más venerable. También la actividad preferida del sedentario. No hay que
moverse para hacerlo. Es suficiente con abrir los ojos y contemplar lo que sucede.
Extraído de la novela "El Sistema" de
Ricardo Menéndez Salmón. Editorial Seix Barral.
jueves, 31 de marzo de 2016
El pintor de paisajes, Ricardo Menéndez Salmón
viernes, 18 de marzo de 2016
El coleccionista de sellos
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| Marzo 20116. Foto Sebastián Navarrete |
Con los sellos, las fronteras sí son físicas, aduanas levantadas hace tiempo y que tantas veces el propio tiempo borró, mudó o canceló para siempre, hasta dibujar un cronomapa irrepetible. Los sellos de cada isla son diversos. Como diversos son las lenguas que los nombran, los rostros grabados en ellos, los acontecimientos fijados en sus colores. La filatelia es un intento por enfrentarse a la entropía. Generar un fragmento de orden dentro del desorden cósmico. El coleccionista como consuelo. Una batalla vana, pero insaciable. Extraído de la novela "El Sistema" de Ricardo Menéndez Salmón. Editorial Seix Barral.
viernes, 20 de febrero de 2015
Un hombre no es sólo una vida
jueves, 19 de febrero de 2015
La noche feroz. Ricardo Menéndez Salmón.
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| Gijón, Asturias. Foto Sebas Navarrete |
De
todos los placeres que conoce el hombre, ninguno mayor que el de causar dolor.
La contemplación de la belleza o el trance del amor físico no pueden compararse
con el goce de quebrar un hueso. Y el hecho de que los filósofos no hayan
encontrado todavía una razón convincente, decisiva, irrefutable, para
justificar esta característica de la naturaleza humana, es uno de los misterios
más hondos que existen. Porque el hombre levanta puentes, domestica selvas o
resuelve problemas matemáticos planteados hace cientos de años, pero todo su
genio, toda su paciencia y todo su fervor palidecen ante el enigma de la
maldad.
“La noche feroz” de Ricardo Menéndez Salmón. Seix Barral.
martes, 15 de abril de 2014
viernes, 17 de mayo de 2013
La desnudez
Llegará
un día en que cada centímetro del planeta habrá sido fotografiado o filmado. El
mundo, su física más inmediata, la del paisaje, habrá quedado completamente
expuesto. Lo que su desnudez revelará es un enigma. La exposición impúdica de
un cuerpo, incluso de uno tan enorme como la Tierra , acaso implique su pérdida de sentido.
Vale decir que la pornografía, convertida en norma, destruye cualquier
dimensión topográfica que pudiera poseer y se convierte sólo en visión
panóptica: sin dentro, sin recodos, sin misterios. Al contrario, el efecto de
una desnudez tan rotunda es enervante. Al fin y al cabo, es cierto que la
fascinación por la desnudez es una prebenda de las razas vestidas. También
arrancarle los velos a todo paisaje, hacer de la orografía una ciencia exacta
del mirar, encerrar la presencia del clima y el agua en simulacros técnicos,
quizá obligue a una consideración apática, desprovista de lujuria, de la
naturaleza.
Extraído de la novela de Ricardo Menéndez Salmón “Medusa” Editorial
Seix Barral. Primera edición septiembre 2012.
miércoles, 31 de octubre de 2012
Los detalles
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| En el Parque Nacional de Ordesa. Foto Sebas Navarrete |
Lo que aleja decisivamente al político del escritor es su
antagónica relación con los detalles. La política, por definición, es el reino
de la negación del detalle. George Walter Bush dice a micrófono abierto: “Hay
que pasar de esa mierda”, y “esa mierda” es el Líbano, es Hezbolá, es Siria, es
Israel, es Palestina, es una historia de milenios fundada sobre la intolerancia
religiosa y sustentada por intereses económicos que afectan a millones de
personas.
Por su parte, la literatura, por definición, es la
fraternidad del detalle, una práctica ya milenaria que se alimenta del detalle,
un ejercicio absorbente que en el detalle encuentra su recompensa y su razón
íntima de existir. Porque el escritor, en este caso, tiene que descender al
detalle y explicar qué demonios es “esa mierda”, por qué huelen tan mal, quien
la fomenta, tolera y consiente, quién hace de ella su modo de vida. El escritor
es la persona que analiza “esa mierda” abstracta que el político derrama sobre
los mapas. Y en esa meticulosa y no siempre placentera lección de escatología,
en ese arduo proceso para desentrañar los detalles que hacen que “esa mierda”
sea lo que es, y no otra cosa, es donde el escritor encuentra su mayor premio:
la dignidad.
Pervertir la realidad a través del lenguaje, lograr que
el lenguaje diga lo que la realidad niega, es una de las mayores conquistas del
poder. La política se convierte, así en el arte de disfrazar la mentira.
Extraído de “El corrector” de Ricardo Menéndez Salmón.
viernes, 19 de octubre de 2012
Las personas que pasan
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| Haddington, Escocia. Foto Sebas Navarrete |
Ella me enseñó esa verdad que a menudo nos obstinamos en
ignorar: que a menudo son las personas que pasan, y no las que permanecen, las
que juegan un papel decisivo en nuestras vidas.
¿Por qué? Precisamente porque la vida no las gastó,
porque su memoria, para lo bueno o para lo malo, permanece a salvo del paso del
tiempo, que todo lo ensucia. Extraído de “Medusa” de Ricardo Menéndez Salmón.
jueves, 18 de octubre de 2012
Esa "gran mentira"
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| Fort William, Escocia. Foto Sebas Navarrete. |
La gran enfermedad del hombre es buscar un sentido y una
finalidad a cuanto sucede. Por supuesto que no creo en las causas finales, sino
sólo en las eficientes. Por supuesto que en mi corazón no hay lugar para los
ídolos paganos, los papas de Roma o los espíritus del más allá. ¿Pero acaso
todos nosotros no vivimos como si el Sol saliera de nuevo cada mañana? Estoy
siendo confuso a la hora de expresarme, lo sé, pero no es sencillo lo que trato
de decir. Nuestra vida, toda ella, desde que amanece hasta la hora del lobo, es
una gran mentira, una sombra, un intenso simulacro. Fedor Dostoievski lo sabía.
Albert Camus lo sabía. John Maxwell Coetzee, que ha escrito sobre el origen de los
demonios una estupenda novela, El maestro de Petersburgo, lo sabe también. Para
habitar esa mentira, para reconciliarnos con esa sombra y ese intenso
simulacro, para conciliar todo lo que sabemos con todo lo que podemos soportar
saber, es para lo que existen cosas como la literatura. Sabemos que el universo
es einsteiniano, cierto, pero lo que rige nuestra vida es la creencia en un día
a día tolemaico, en ese Sol del que hablaba antes y que cada mañana algo o
alguien enciende milagrosamente. Extraído de “El corrector” de Ricardo Menéndez
Salmón.
miércoles, 17 de octubre de 2012
La marea
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| El Cantábrico, Costa de Asturias. Fotos Sebas Navarrete |
En efecto, no es en la plenitud de la marea ni en la
bajamar transparente donde la vida acaece, sino en ese instante anfibio, que
pertenece tanto al aire como al agua, en el que la marea parece dudar entre
seguir subiendo o comenzar a retroceder.
En esos instantes indefinidos, que no son de Dios ni del
Diablo, sino del hombre abandonado a su suerte, es cuando las circunstancias
decisivas, lo que queda, respira con mayor fuerza. Y lo hace con branquias y
pulmones, en una doble atmósfera en la que los actores se convierten en
víctimas o en verdugos con sólo equivocar el paso. Extraído de “Medusa” de
Ricardo Menéndez Salmón.
martes, 16 de octubre de 2012
Los libros
| Biblioteca Nacional, Madrid. Foto Sebas Navarrete |
Porque
el olor del libro es la quintaesencia de todos los olores, la geografía del
héroe, el trópico de la quietud y los bosques nemorosos. Todo libro es pasaje.
Cuando abro un volumen y aspiro sus páginas, ya no estoy allí. Mucha gente no
puede entender que Tucídides huela a aurora de islas griegas, pero así es.
(Nunca he estado en Grecia, pero mi convicción es irrefutable precisamente
porque es irracional.) Se puede vivir sin leer, es cierto; pero también se
puede vivir sin amar: el argumento hace aguas como una balsa capitaneada por
ratas. Sólo quien ha estado enamorado sabe lo que el amor regala y quita; sólo
quien ha leído sabe si la vida merece la pena ser vivida sin la conciencia de
aquellos hombres y mujeres que nos han escrito mil veces antes de que
naciéramos. Extraído de “El corrector” de Ricardo Menéndez Salmón. Editorial
Seix Barral.
jueves, 11 de octubre de 2012
El lenguaje y los políticos
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Pervertir la realidad a través del lenguaje, lograr que
el lenguaje diga lo que la realidad niega, es una de las mayores conquistas del
poder. La política se convierte, así, en el arte de disfrazar la mentira.
Nadie, desde que existen ágoras, ha mentido tanto como
los políticos. Cuando entre los griegos un político mentía, se le imponía una
vergonzante pena: el ostracismo. Hoy, en el peor de los casos, se le pone un
escaño, se le regala una alcaldía o se le adjudica un ministerio. Es el código
no escrito de nuestra meritocracia: miente y serás recompensado. Extraído de “El
corrector” de Ricardo Menéndez Salmón.
miércoles, 10 de octubre de 2012
La verdad de una vida
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| En Malasaña (Madrid) Foto Sebas Navarrete |
Desentrañar la verdad de una vida es una batalla perdida
desde el inicio. Aspirar a revelar el entramado causal que organiza una
existencia es como intentar llenar un cubo sin fondo: el agua se derrama fuera.
Todo “por qué” es inútil. La esterilidad en la respuestas no es la excepción,
sino la norma. Extraído de “Medusa” de Ricardo Menéndez Salmón.
martes, 9 de octubre de 2012
El mar
Desde mi casa no se ve el mar, pero en los días de fuerte
nordeste, cuando el viento más amado de mi ciudad azota la playa y las gaviotas
chillan sin descanso, puedes oler el Atlántico dentro de las habitaciones. Es
una sensación tan hermosa como oír la risa de un niño. Extraído de “El
corrector” de Ricardo Menéndez Salmón.
lunes, 8 de octubre de 2012
La condición humana
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| El Caído de Rafael Canogar. Foto Sebas Navarrete |
Los hombre, sin excepción, negro y blancos, felices y
tristes, inteligentes y necios, somos así: enarbolamos banderas que otros
odian, adoramos dioses que ofenden a nuestros vecinos, nos rodeamos de leyes
que insultan a quienes nos rodean. La consecuencia es fácil de deducir: de vez
en cuando, haga sol o nieve, en democracia o bajo la égida de algún fascista
disfrazado de inspector de finanzas, estrellamos aviones contra rascacielos,
bombardeamos países pobres de solemnidad y nos embarcamos en cruzadas tan
atroces como injustas. Extraído de “El corrector” de Ricardo Menéndez Salmón.
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