jueves, 18 de octubre de 2012

Esa "gran mentira"

Fort William, Escocia. Foto Sebas Navarrete.
La gran enfermedad del hombre es buscar un sentido y una finalidad a cuanto sucede. Por supuesto que no creo en las causas finales, sino sólo en las eficientes. Por supuesto que en mi corazón no hay lugar para los ídolos paganos, los papas de Roma o los espíritus del más allá. ¿Pero acaso todos nosotros no vivimos como si el Sol saliera de nuevo cada mañana? Estoy siendo confuso a la hora de expresarme, lo sé, pero no es sencillo lo que trato de decir. Nuestra vida, toda ella, desde que amanece hasta la hora del lobo, es una gran mentira, una sombra, un intenso simulacro. Fedor Dostoievski lo sabía. Albert Camus lo sabía. John Maxwell Coetzee, que ha escrito sobre el origen de los demonios una estupenda novela, El maestro de Petersburgo, lo sabe también. Para habitar esa mentira, para reconciliarnos con esa sombra y ese intenso simulacro, para conciliar todo lo que sabemos con todo lo que podemos soportar saber, es para lo que existen cosas como la literatura. Sabemos que el universo es einsteiniano, cierto, pero lo que rige nuestra vida es la creencia en un día a día tolemaico, en ese Sol del que hablaba antes y que cada mañana algo o alguien enciende milagrosamente. Extraído de “El corrector” de Ricardo Menéndez Salmón.