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miércoles, 21 de octubre de 2009

Pasividad.

Foto: Dunas de Corralejos, Fuerteventura.

Ya sabemos por qué los sindicatos permanecen pasivos: con subvenciones y subsidios acaba acostumbrándose uno a la crisis. La pasividad, sin embargo, no es sólo de los sindicatos, que al fin y al cabo son lo que son y representan lo que representan.
El fenómeno es general. Y es curioso. No hace falta que abundemos en las razones para el cabreo. Crisis al margen, están por todas partes: el Gobierno, el caso Gürtel, la partitocracia hipertrófica, los desmanes bancarios, la lentitud de la justicia y sus errores, la degradación urbana, la defensa del Atlético de Madrid, los toros (a favor o en contra), Millet y el fangal catalán, las estrecheces de la banda ancha, la precariedad laboral, Irak-Afganistán y lo que venga luego... Paro por no agobiar.
El caso es que no protestamos. Hacemos del disgusto una cuestión personal que cada uno lleva como puede. ¿Falta de alternativas? No fastidiemos. ¿Entonces?
El asunto resulta especialmente curioso porque los jóvenes, a quienes solía atribuirse una actitud contestataria, tienen ante sí un futuro bastante oscuro. Y los jóvenes, ahora, están más interconectados que nunca.
En soitu.es aparecía ayer un artículo titulado El último mandamiento en la Red: no protestarás, que hacía referencia a esto. La Red, que fue anunciada por los teóricos como formidable contrapoder, ha salido, de momento, de lo más sumisa. Cada uno cuelga o vomita su texto o su comentario iracundo y ahí nos quedamos: en el mejor de los casos, un mosaico de desahogos; en el peor, un océano de conformismo nihilista.
Se decía que las redes sociales (Facebook, Tuenti, etcétera) iban a generar un nuevo asociacionismo: reacción instantánea, debate genuino y sin imposiciones desde arriba, movilización masiva, qué sé yo. Pero no se atisba nada de eso. A la gente le gusta colgar sus fotos de vacaciones, reencontrar viejos amigos y anunciar urbi et orbi que acaba de comerse un bocadillo de mortadela.
Según parece, nos resignamos. ¿Las cosas van mal? Ya las arreglará Obama. Para eso le votamos, ¿no? Enric González. El País, 21 octubre 2009.

lunes, 16 de febrero de 2009

La cacería

…”Esas cacerías, en las que uno paga el animal (a un precio muy superior al salario mínimo) y le dejan pegarle un tiro. Cuando uno es un alto funcionario judicial, prácticamente indespedible, como Garzón o Bermejo, puede hacer lo que le dé la gana. Cuando uno ocupa un puesto tan efímero e importante como el de ministro debería mostrar un poco de prudencia y de atención al contexto. La crisis económica es brutal, se aproxima una huelga de jueces, el país se siente en vilo. ¿No podría el ministro Bermejo quedarse en casa hasta el cese y luego dedicarse a la escopeta?
Dejo al margen el hecho de que el ministro Bermejo y el fiscal Garzón coincidieran en la expedición de caza. Eso ya no tiene nada que ver con la compostura. Eso es un error político de los que no se olvidan.
Pertenezco a ese pequeño grupo de atontados que piensa que un cargo político, es decir, lo que llamamos “poder” constituye un privilegio y una grave obligación. Si se acepta, se acepta con todas las consecuencias. Solía pensar que los políticos estaban mal pagados. Ahora pienso lo contrario. Visto que pueden casar a las hijas en El Escorial, como Aznar; que pueden ir de caza, lucir vestidos exclusivos o comprar chalé de lujo al dejar La Moncloa, me inclino a pensar que convendría rebajarles el sueldo.
Por favor, no me digan que esto es demagogia. Demagogia es prometer pleno empleo ó 2,2 millones de nuevos puestos de trabajo hace justamente un año.” Enric González. El País 16 febrero 2009.