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lunes, 11 de junio de 2012

El tiempo


El tiempo es una materia flexible. Nos pasamos la vida esperando, y no porque seamos dueños de nuestro tiempo, sino porque tenemos prisa, porque necesitamos llegar a donde no estamos, conseguir lo que no tenemos, vivir en la imaginación de lo que no hemos vivido. Nuestra espera se parece a una negación del presente, ponemos los ojos en el futuro para desposeernos de la realidad. Da igual estar consagrados a una utopía grandilocuente, a una hipoteca quebradiza en el horizonte de los finales de mes o a una cola de aeropuerto. El caso es sentirnos condenados a la insatisfacción. La prisa de la palabra cuándo impide cualquier relación serena con el presente. Extraído de “Una forma de resistencia” de Luís García Montero. Editorial Alfaguara.

jueves, 24 de mayo de 2012

Todos tenemos un precio



Todos tenemos un precio delante de los ojos, ya sea a la hora de pagar o de vender. Mis preocupaciones tienen un precio que yo no puedo pagar, y por eso siguen siendo mis preocupaciones, porque no puedo adaptar los presupuestos generales de la vida a la bisutería que me ofrecen. En los negocios son necesarias por lo menos dos manos, la del comprador y la del vendedor. Ya sabemos que hay compradores con colmillos de vampiro, pero no son más indignos que los vendedores que ofrecen el cuello para hacer negocio con su propia sangre.
Somos una lista de precios, una moneda al aire. Y no tenemos derecho a quejarnos del diablo cuando se aprovecha de nuestra bajeza, de nuestra estupidez, de nuestra indignidad. Lo que más me asusta de los compradores es la confianza que tienen en su idea infalible de la realidad. Consideran que el mundo está habitado por seres dispuestos a venderse. Sus razones tendrán. Y sus preocupaciones.
Extraído de “Una forma de resistencia” de Luís García Montero. Editorial Alfaguara.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Igualdad, libertad, fraternidad


La lluvia de París cae en el corazón de los que todavía pretenden soñar con la igualdad, la libertad y la fraternidad. Es cierto que necesitamos inventarnos la mitología de una nueva ciudad, una nueva geografía simbólica. Pero, mientras descubrimos otra lluvia, París debería seguir pareciéndose a París. La pequeña Torre Eiffel de mi despacho se levanta como un recuerdo de la libertad que no renuncia a la convivencia, de la política que no se deja sustituir por los mercados.
España no es diferente, pero tiene mala suerte. Ha llegado a ser igual que Europa cuando Europa se está desmantelando. 
Extraído de “Una forma de resistencia” de Luís García Montero. Editorial Alfaguara.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Canción suicida



Canción suicida

No obedece el futuro,
ni el pasado obedece,
ni siquiera los días
contables del presente.

Tampoco las palabras
escritas obedecen.
Son un destino al margen,
unas canciones débiles,

como las caracolas
tocadas de cipreses
que dejan en el viento
las verdades sin suerte.

No obedecen las cartas.
La escopeta obedece
el enigma que sufren
los relojes de nieve.

Porque el tiempo es un curso
sin corazón ni leyes
que olvida las historias
y jamás obedece.

Obedeció el disparo
del suicida en la frente.
Allí, junto a sus cosas,
le obedeció la muerte.

Luis García Montero. “La intimidad de la serpiente” editorial Tusquets, edición febrero 2003.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Última estación


El tren provoca en pocos metros cuadrados las mismas coincidencias perturbadoras que las ciudades del mundo infinito. Los viajeros hablan, cuentan sus vidas y surge el amor. Pero la cercanía de los extraños siempre oculta un secreto. Al bajarse en su estación, la mujer envuelve su consentimiento con una cita insólita. Jura que si está en su mano volverán a verse al cabo de un año en el mismo andén de la despedida. El paso del tiempo, marcado segundo a segundo por el corazón del enamorado, sólo sirve para deshacer el trágico misterio. A la cita no acude ella, sino una carta mensajera de la fatalidad. Enferma de tuberculosis, la mujer se había atrevido a darse el plazo de un año para superar la enfermedad y vivir su nuevo amor. La derrota cruel de las ilusiones obliga a escribir una despedida trágica: ¡El triste vive y el dichoso muere! Luis García Montero.