jueves, 24 de mayo de 2012

Todos tenemos un precio



Todos tenemos un precio delante de los ojos, ya sea a la hora de pagar o de vender. Mis preocupaciones tienen un precio que yo no puedo pagar, y por eso siguen siendo mis preocupaciones, porque no puedo adaptar los presupuestos generales de la vida a la bisutería que me ofrecen. En los negocios son necesarias por lo menos dos manos, la del comprador y la del vendedor. Ya sabemos que hay compradores con colmillos de vampiro, pero no son más indignos que los vendedores que ofrecen el cuello para hacer negocio con su propia sangre.
Somos una lista de precios, una moneda al aire. Y no tenemos derecho a quejarnos del diablo cuando se aprovecha de nuestra bajeza, de nuestra estupidez, de nuestra indignidad. Lo que más me asusta de los compradores es la confianza que tienen en su idea infalible de la realidad. Consideran que el mundo está habitado por seres dispuestos a venderse. Sus razones tendrán. Y sus preocupaciones.
Extraído de “Una forma de resistencia” de Luís García Montero. Editorial Alfaguara.