jueves, 10 de mayo de 2012

Palabras



Estaba cansado, llovía. Decidí darme una vuelta por el diccionario. Entré por la O, atravesé obedecer, obelisco y óbito y me detuve un rato en obsesión. Me enteré de que una obsesión es una idea fija que ofusca el entendimiento. Giré hacia mi derecha en obtuso, atravesé occisión y océano y dirigí mis pasos a ofuscar. Las temperaturas continuaban descendiendo. Tropecé en ofertorio y en oftalmoscopio, que es un aparato que sirve para mirar el ojo por dentro, pero enseguida vi ofuscar detrás de ofuscación; consiste en trastornar el entendimiento. Con las ideas confundidas, salí de allí, di un salto y me planté en la V; pasé sin detenerme por venera, venerable y venéreo para alcanzar ventana; se trata de una abertura más o menos elevada sobre el suelo, que se deja en una pared para dar luz y ventilación. Me asomé a la abertura; afuera llovía sin pasión, pero sin pausa, como un niño que ha llorado muchas horas sin ser atendido. Una ráfaga de aire arrancó a un árbol siete hojas que cayeron al suelo como manos inútiles, incapaces ya de acariciar o ser acariciadas. Los transeúntes las pisaron sin mirarlas. Abandoné ventana, di la  vuelta y comencé a correr en dirección contraria. Como iba con los ojos cerrados, tropecé en muela y me caí. Averigüe que la muela cordal, también llamada del juicio, es la nace en la edad viril en las extremidades de las mandíbulas. Me acerqué un momento a viril y allí un funcionario me remitió a varonil. Cuando llegué estaba a punto de cerrar, pero pude averiguar que varonil es lo perteneciente o relativo a varón. Deduje que las mujeres carecen de muela cordal. Asqueado por esta muestra de machismo alfabético, abandoné el diccionario por la palabra túmido, hice transbordo en túnel y salí al primer tomo de mi enciclopedia favorita. Caí directamente en andrópolis, que significa cementerio. Llovía. Busqué tu tumba y la mía, nuestra tumba, pero aún no habíamos llegado.
Palabras. Extraído de “Articuentos completos” de Juan José Millás. Editorial Seix Barral.