Mostrando entradas con la etiqueta Hermann Hesse.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hermann Hesse.. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de julio de 2011

Un día llegará la paz.....


Al pensar hoy en aquel atardecer en que me despedí de este camino, la angustia suena ya desde una lejanía cuyo azul y cuya fragancia no sabe nada de batallas y gritos.
Y un día no quedará nada de todo aquello que ha destrozado y atormentado mi vida y henchido mi ser de tan honda congoja. Un día llegará la paz con el último agotamiento, y la maternal tierra me acogerá en sus brazos. No será el fin, sino un renacimiento, será el baño y el sueño en que desaparece lo viejo y marchito y empieza a respirar lo joven y nuevo. Quiero volver a recorrer entonces, con otros pensamientos, todos estos caminos, y escuchar una y otra vez los arroyos y contemplar una y otra vez el cielo vespertino.
Hermann Hesse. El caminante. Editorial Bruguera. Edición de mayo del 1983.

viernes, 22 de julio de 2011

El caminante


El caminante es en muchos aspectos un hombre primitivo, del mismo modo que el nómada es más primitivo que el campesino. Pero vencer el sedentarismo y despreciar las fronteras convierten a la gente de mi clase en postes indicadores del futuro. Si hubiera más personas que sintieran mi profundo desprecio por las fronteras, no habría más guerras ni bloqueos. No existe nada más odioso que las fronteras, nada más estúpido. Son como cañones, como generales: mientras reina el buen sentido, la humanidad y la paz, no nos percatamos de su existencia y sonreímos ante ellas, pero en cuanto estallan las guerras y la demencia, se convierten en importantes y sagradas. ¡Hasta qué punto significan durante los años de guerra y tortura y prisión para nosotros los caminantes! ¡Que el diablo se las lleve!

Hermann Hesse. El caminante. Editorial Bruguera. Edición de mayo del 1983.

jueves, 31 de marzo de 2011

Llorar alguna vez



Fotos: Primavera en tierras de Castilla (Valladolid)
Clicar sobre las fotos para verlas más grandes.


 Yo me siento con frecuencia cansado y sin fe ni valor, pero creo que estos estados no deben combatirse propiamente, sino que es preciso abandonarse a ellos, llorar alguna vez, o ensimismarse sin pensar en nada, y luego se advierte que entretanto el alma ha seguido viviendo… y ha avanzado. Hermann Hesse.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Hermann Hesse.

“Cada uno de nosotros pinta o falsea, todos los días y todas las horas, la selva virgen de los misterios como un bonito jardín o como un mapa plano y detallado: el moralista con ayuda de sus máximas, el religioso con ayuda de su fe, el ingeniero con ayuda de su calculadora, el pintor con ayuda de su paleta y el poeta con ayuda de sus modelos e ideales, y cada uno de nosotros vive satisfecho y tranquilo en su mundo ilusorio y en su mapa, hasta que la rotura de un dique o alguna tremenda revelación provoca la irrupción repentina de la realidad, de lo inaudito, de la belleza o la falsedad sobrecogedoras y se siente irremediablemente y mortalmente atrapado". Hermann Hesse, Mi credo.