Mostrando entradas con la etiqueta Nelly Schnaith. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nelly Schnaith. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de abril de 2013

Una propuesta visual



Para hacer visible lo invisible, para dar a ver la dimensión metafísica del instante, la imagen fotográfica debe propiciar, desde su reducto inmóvil, las condiciones de emergencia de un contexto propio, surgido desde su particular propuesta visual.

Extraído de “Lo visible y lo invisible en la Imagen Fotográfica” de Nelly Schnaith.


miércoles, 20 de marzo de 2013

El rostro humano



El rostro humano, como signo icónico, es vehículo de un sentido que trasciende su mero valor de representación. Un retrato es, al mismo tiempo, histórico como símbolo de una época, irrepetible como signo de un individuo y ejemplo genético como símbolo de lo humano. Más aún, en el mundo actual, donde el lenguaje de las imágenes se ha acabado por imponer el lenguaje de las cosas (la gente delega cada vez más sus ojos en los “especialistas en mirada”, dice Doisneau), los retratos se convierten en símbolos de nuestra iconofilia y en síntomas de nuestra patología icónica: es por su intermedio como nos encontramos, nos ocultamos, nos interpelamos, nos perdemos y nos superamos a nosotros mismos: en ellos somos más de lo que demos y menos de lo que pretendemos.

Extraído de “Lo visible y lo invisible en la Imagen Fotográfica” de Nelly Schnaith.

viernes, 15 de junio de 2012

El rostro humano




El rostro humano, como signo icónico, es vehículo de un sentido que transciende su mero valor de representación. Un retrato es, al mismo tiempo, histórico como símbolo de una época, irrepetible como signo de un individuo y ejemplo genérico como símbolo de lo humano. Más aún, en el mundo actual, donde el lenguaje de las imágenes se ha acabado por imponer al lenguaje de las cosas (la gente delega cada vez más sus ojos en los “especialistas en miradas”, dice Doisneau), los retratos se convierten en símbolos de nuestra iconofilia y en síntomas de nuestra patología icónica: es por su intermedio como nos encontramos, nos ocultamos, nos interpelamos, nos perdemos y nos superamos a nosotros mismos: en ellos somos más de lo que decimos y menos de lo que pretendemos.
Frente a un buen retrato debería ser posible imaginar una historia, inferir una biografía. Quien lo contempla debería ver una situación, una condición, un destino humano condensado en el instante eterno de la imagen. Bill Brandt piensa que “un buen retrato debería contar algo sobre el pasado del sujeto y sugerir algo sobre su futuro”
Extraído de “Lo visible y lo invisible en la imagen fotográfica” autor Nelly Schnaith. Editorial La Oficina.

viernes, 1 de junio de 2012

Un retrato



El rostro humano, como signo icónico, es vehículo de un sentido que trasciende su mero valor de representación. Un retrato es, al mismo tiempo, histórico como símbolo de una época, irrepetible como signo de un individuo y ejemplo genérico como símbolo de lo humano. Más aún, en el mundo actual, donde el lenguaje de las imágenes se ha acabado por imponer al lenguaje de las cosas (la gente delega cada vez más sus ojos en los “especialistas en miradas”, dice Doisneau), los retratos se convierten en símbolos de nuestra iconofilia y en síntomas de nuestra patología icónica: es por su intermedio como nos encontramos, nos ocultamos, nos interpelamos, nos perdemos y nos superamos a nosotros mismos: en ellos somos más de lo que decimos y menos de lo que pretendemos. Extraído de “Lo visible y lo invisible en la imagen fotográfica” de Nelly Schnaith. Editorial La Oficina.

lunes, 30 de abril de 2012

Representar





Representar es, etimológicamente, volver a presentar, ¿qué?, lo “real”. Las comillas pretenden advertir sobre la simplicidad de esta respuesta que, bien enfocada, remite el problema de definir la representación al de decidir qué sea lo real mismo. The Real Thing es el título de un cuento de Henry James sobre el fracaso de la pintura y el arte cuando se enfrentan a modelos humanos tan “auténticos” que en vez de favorecer, coartan la verosimilitud de la representación. El pintor se ve forzado a admitir: “Después de dibujar a la señora Monarch –aristócrata arruinada que se ofrece como modelo por dinero- una docena de veces estuve más seguro que nunca de que el valor de un modelo como la señora Churo –modelo profesional de baja condición social- residía precisamente en su falta de apariencia definida, hecho combinado, desde luego, con su curioso e inexplicable talento para la imitación. Su aspecto habitual era como un telón que levantaba a voluntad para dar una representación memorable” Representación de la aristocracia para la cual no servía “lo real”, la verdadera aristócrata. 

Extraído de “Lo visible y lo invisible en la imagen fotográfica” de Nelly Schnaith. Editorial La Oficina.

martes, 24 de abril de 2012

Eternizar la fugacidad




Cuando una imagen queda atrapada en la placa, arrancándose del tiempo y del espacio, su pura inmovilización provoca ya la potencial extrañeza de la realidad más banal o más cercana. Al perpetuar la imagen en uno de sus instantes, la cámara consuma un acto de extrañamiento que inflige al objeto real una pequeña muerte simbólica. Una foto detiene y separa una imagen, dejándola en suspenso entre el antes y el después, apartándola, por ende, de sus coordenadas convencionales de realidad. En el tiempo fijo de sus imágenes, la fotografía puede, en los casos más afortunados, eternizar la fugacidad y desplegar así la espesura condensada en la diferencia infinitesimal de un segundo. Extraído de “Lo visible y lo invisible en la imagen fotográfica” autor Nelly Schnaith. Editorial La Oficina.