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martes, 30 de abril de 2019

La primera Instantánea de la historia


Puede considerarse la primera instantánea de la historia, la araña se disponía a abalanzarse sobre su presa una avispa cuando de repente una gota de resina petrificó la escena. Esta pieza cristaliza la quintaesencia de lo fotográfico, el preludio de la aportación Cartier-bressoniana: un parpadeo en el acontecer para garantizar la perdurabilidad absoluta, una brevísima fracción de tiempo para asegurar el tiempo eterno, un momento en definitiva que se tutea con la eternidad. La acción tuvo lugar en el valle de Hukawng en el país asiático de Myanmar, durante el Cretácico Temprano, hace unos cien millones de años. 

Extraído de "La furia de las imágenes, notas sobre la postfotografía" de Joan Fontcuberta.

jueves, 25 de abril de 2019

La voracidad de las cámaras, cita de Joan Fontcuberta, y chumbera en el Jardín Botánico de Gijón, Asturias.






La omnipresencia de cámaras que disparan continuamente colapsa todos los instantes sin ningún tipo de discriminación. La fotografía ya no solemniza un episodio de la vida, porque todo está fotografiado, nada parece escaparse a la voracidad de las cámaras. el registro ya no se reserva a lo extraordinario, y cuando lo extraordinario ocurre, porque por ley de probabilidades tiene que ocurrir, queda sepultado bajo el magma inconmensurable de lo ordinario. En el reino de la banalidad, los momentos extraordinarios quedan eclipsados.

Joan Fontcuberta, La furia de las imágenes, notas sobre la postfotografía.

miércoles, 24 de abril de 2019

Jeff Guess y la curiosa historia de su foto de bodas.



El día en que contrajo matrimonio, en el año 1993, el artista franco-estadounidense Jeff Guess, en vez de acudir al estudio de un fotógrafo profesional o hacerse tomar el retrato tradicional por algún conocido, barruntó una situación insólita que le proporcionase su fotografía oficial de la efeméride. Ataviados con los trajes de boda, los novios se introdujeron en su automóvil y enfilaron una carretera sobrepasando deliberadamente el límite de velocidad, lo cual terminó accionando la cámara de un radar de tráfico. Su retrato nupcial, que la Gendarmería Nacional tuvo la amabilidad de enviarles a su domicilio junto a la multa correspondiente, fue realizado cuando el vehículo circulaba a 98 km por hora. El artista quedó más que complacido con la fotografía que tituló con ironía “Fonce Alphonse”. Escribe el artista “en el momento exacto en que la policía acciona su aparato fotográfico en un intento de identificarnos, nuestras identidades están en fluctuación, ya que al casarnos se produce un cambio importante en nuestro estatus civil y social”. 

Extraído de la obra de Joan Fontcuberta “La furia de las imágenes, notas sobre la postfotografía”

martes, 10 de septiembre de 2013

¿Para qué fotografiamos?

Le Tréport, Francia. Foto Sebas Navarrete

“Tomemos una colección de fotografías personales. Aparentemente sólo se incluyen situaciones agradables entendidas como excepcionales de la cotidianidad: ritos, celebraciones, viajes, vacaciones, etc. Fotografiamos para reforzar la felicidad de estos momentos. Para afirmar aquello que nos complace, para cubrir ausencias, para detener el tiempo y, al menos ilusoriamente, posponer la ineludibilidad de la muerte. Fotografiamos para preservar el andamiaje de nuestra mitología personal."

Extraído del “El beso de Judas, fotografía y verdad” de Joan Fontcuberta. Editorial Gustavo Gili. 1ª edición 2009.

viernes, 10 de febrero de 2012

Imágenes-kleenex


Tanto estudios de marcado llevados a término por empresas del sector como investigaciones académicas demuestran que antaño el grueso de la producción de instantáneas compendiaba escenas familiares o de viajes: era una forma de salvaguardar vivencias felices, oasis en el desierto de una existencia tediosa. Hoy quienes más fotos hacen ya no son los adultos, sino los jóvenes y los adolescentes. Y las fotos que hacen no se conciben como “documentos”, sino como “divertimentos”, como explosiones vitales de autoafirmación; ya no celebran la familia ni las vacaciones sino las salas de fiesta y los espacios de entretenimiento. Constituyen la mejor plasmación de las imágenes-kleenex: usar y tirar. Producimos tanto como consumimos: somos tanto homo photographicus como llanos foto-adictos, cuantas más fotos mejor, nada puede saciar nuestra sed de imágenes, el soma de la posmodernidad.

Extraído de “La Cámara de Pandora” “La fotografía después de la fotografía” de Joan Fontcuberta

miércoles, 1 de febrero de 2012

El mito del espejo


Toda fotografía es, antes que espejo, especulación, ya que es esencialmente una manipulación más o menos inconsciente. El mito del espejo se quiebra como se quiebra la analogía entre objeto e imagen, como se quiebra la analogía entre las cosas y las palabras, lo que abre paso al conflicto lingüístico que recorre todo el pensamiento occidental durante el siglo XX[…] Todo código de lenguaje es arbitrario, no sólo el de las palabras, también el de las imágenes, que no es universal, pues depende de unos criterios de cuya existencia somos más o menos conscientes.

Extraído de “La Cámara de Pandora” “La fotografía después de la fotografía” de Joan Fontcuberta

martes, 31 de enero de 2012

El boom de las cámaras digitales



Cuando Sontag escribió el libro (sobre la fotografía) no podía adivinar el boom de las cámaras digitales y de los móviles con cámaras de fotos integradas. Hoy en día todo el mundo lleva consigo una cámara fotográfica y además las nuevas tecnologías nos permiten hacer tantas fotos como queramos, verlas al instante y si no nos complacen, borrarlas y hacer otras nuevas. Esta evolución tecnológica y las consecuencias que causa en los hábitos de la sociedad de hoy han favorecido la noción de fotografía como captación de un instante. Se ha acentuado la necesidad de capturarlo todo. Todo es fotografiable y más aún, todo es mostrable. Se han creado photologs, blogspots, Flickr, Facebook, Twitter, Myspace… un surtido de sitios en la Red donde la gente cuelga sus fotografías para que todos las puedan ver y comentar. Acostumbramos a hacer fotografías de acontecimientos a los que hemos asistido, viajes, encuentros con los amigos cuantas más fotografías tienes, más vida y más divertido resultas ser. Nos encontramos pues frente a la necesidad de confirmar la realidad y dilatar la experiencia. 


Extraído de “La Cámara de Pandora” “La fotografía después de la fotografía” de Joan Fontcuberta

miércoles, 27 de julio de 2011

El beso de Judas



Todavía hoy, tanto en los dominios de la cotidianidad como en el contexto escrito de la creación artística, la fotografía aparece como una tecnología al servicio de la verdad. La cámara testimonia aquello que ha sucedido; la película fotosensible está destinada a ser un soporte de evidencias. Pero esto es sólo apariencia; es una convención que a fuerza de ser aceptada sin paliativos termina por fijarse en nuestra conciencia. La fotografía actúa como el beso de Judas: el falso afecto vendido por treinta monedas. Un acto hipócrita y desleal que esconde una terrible traición: la delación de quien dice precisamente personificar la Verdad y la Vida.
La veracidad de la fotografía se impone con parecida candidez. Pero aquí también, detrás de la beatífica sensación de certeza se camuflan mecanismos culturales e ideológicos a nuestras suposiciones sobre lo real. El signo inocente encubre un artificio cargado de propósito y de historia. Como un lobo con piel de cordero, la autoridad del realismo fotográfico pretende traicionar igualmente a nuestra inteligencia. Judas se ahorca agobiado por los remordimientos. ¿Reaccionará la fotografía a tiempo para escapar a su suicidio anunciado? “El beso de Judas, fotografía y verdad” de Joan Fontcuberta. Editorial Gustavo Gili. Colección Hipótesis. Edición del 2009.