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viernes, 5 de mayo de 2023
miércoles, 18 de noviembre de 2020
«¿Y las palabras? ¿Adónde van? ¿Cuántas permanecen? ¿Por cuánto tiempo? (...) mi abuelo Jerónimo, en sus últimas horas, fue a despedirse de los árboles que había plantado, abrazándolos y llorando porque sabía que no volvería a verlos. La lección es buena. Me abrazo a las palabras que he escrito, les deseo larga vida y recomienzo la escritura en el punto en que la había dejado. No hay otra respuesta». José Saramago.
lunes, 31 de diciembre de 2018
He aprendido a no intentar convencer a nadie...
jueves, 6 de septiembre de 2018
Una foto y cuatro reflexiones del tema religión.
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| Catedral de Lyon, Francia. Foto Sebastián Navarrete Molina |
José Saramago, en su novela Caín, se preguntaba por qué los humanos teníamos esa atracción trágica a inventar religiones que luego nos esclavizan al imponer códigos y prohibiciones terribles.
Luis Garcia Montero nos dice "Los seres humanos pueden vivir
sin dioses pero los dioses le deben la vida a los seres humanos, es decir, son
una extensión imaginaria de la realidad, el resultado de una insatisfacción".
Séneca “La
religión es verdadera para los pobres, falsa para los sabios, y útil para los
líderes”.
Y Luis Buñuel decía ser ateo gracias a Dios.
viernes, 5 de febrero de 2016
José Saramago, su casa en Tías, Lanzarote
En la localidad lanzaroteña de Tías se encuentra la casa de José Saramago, donde residió desde el año 1991 hasta su muerte el 18 de junio del 2010 "A Casa" es un lugar vivo, cargado de energía, donde este magnífico y comprometido escritor sigue estando presente en cada uno de sus rincones. Toda la información, horarios, situación, etc. la podéis encontrar AQUÍ.
Os dejo varias fotos de nuestra visita el pasado mes de enero.
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| Despacho de José Saramago. Enero 2016. Foto Sebastián Navarrete |
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| Entre los libros, fotografías del acto de la entrega del premio Nobel de Literatura en 1998. Enero 2016. Foto Sebastián Navarrete |
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| Casa de José Saramago. Enero 2016. Foto Sebastián Navarrete |
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| Casa de José Saramago. Enero 2016. Foto Sebastián Navarrete |
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| Biblioteca de José Saramago. Enero 2016. Foto Sebastián Navarrete |
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| Biblioteca de José Saramago. Enero 2016. Foto Sebastián Navarrete |
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| Biblioteca de José Saramago. Enero 2016. Foto Sebastián Navarrete |
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| Biblioteca de José Saramago. Enero 2016. Foto Sebastián Navarrete |
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| Fotografias familiares. Casa de José Saramago. Enero 2016. Foto Sebastián Navarrete |
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| Dormitorio de José Saramago. Enero 2016, Foto Sebastián Navarrete |
jueves, 4 de febrero de 2016
Sin ánimo de convencer a nadie
lunes, 15 de septiembre de 2014
El caos.
martes, 27 de mayo de 2014
Podemos, claro que podemos.
miércoles, 10 de agosto de 2011
Instinto de supervivencia
La lucha por la vida en el fondo no es más que el instinto de supervivencia. La vida es algo sobre lo que no sabemos ni el porqué ni sobre todo el para qué. Hay algo que en las circunstancias más adversas, en las más difíciles, nos lleva siempre a querer seguir viviendo. Por eso es por lo que hablamos de esperanza, por pensar que quizá el mañana sea mejor. Sin la esperanza, quizá la especie humana ya no existiría. De todos modos, no sé si se perdería mucho con eso; creo que el universo no se daría cuenta de la falta. José Saramago. Extraído de “Entrevista con la cultura” César Coca. Editorial Bassarai. 1ª edición octubre 2005.
domingo, 7 de agosto de 2011
Saramago
José Saramago es autor de uno de los más bellos discursos que se han escrito jamás. En diciembre de 1998, cuando acudió a Estocolmo a recoger el Nobel de Literatura. Saramago fue desgranando el origen y la motivación que había detrás de cada una de las obras publicadas hasta ese momento, a partir del relato de la peripecia vital de sus abuelos, vista con los ojos del niño que llegaría a ser escritor. “El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir”. Así comienza el discurso, con una frase que es el mejor homenaje imaginable a Jerónimo Melrinho, su abuelo.
Ante el selecto público asistente a tan solemne acto, José Saramago contó cómo sus abuelos, que vivían de la crianza de cerdos, metían a los lechones más débiles en sus camas durante las crudas noches de invierno, para evitar que murieran de frío. “Aunque fuera gente de buen carácter, no era por primores de alma compasiva por lo que los dos viejos procedían así: lo que les preocupaba, sin sentimentalismos ni retóricas, era proteger su pan de cada día, con la naturalidad de quien, para mantener la vida, no aprendió a pensar mucho más de lo que es indispensable”. Extraído de “Entrevista con la cultura” César Coca. Editorial Bassarai. 1ª edición octubre 2005.
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