La acumulación de información estorba a la visión global. La visión implica casi un desnudamiento previo. Si acudimos a interpretar el mundo cargados de información, inevitablemente contaminamos lo que observamos, porque proyectamos toda esa información sobre el fenómeno. Cuando los místicos intentaban comprender y acercarse nada menos que a lo divino, se apresuraban a aniquilarse, a desnudarse, y entonces era cuando conseguían ver. Para comprender muy profundamente, con una visión global, hay que empezar por prescindir de la hojarasca. José Luis Sampedro. Extraído de “Entrevista con la cultura” César Coca. Editorial Bassarai. 1ª edición octubre 2005.
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martes, 16 de agosto de 2011
La visión global
La acumulación de información estorba a la visión global. La visión implica casi un desnudamiento previo. Si acudimos a interpretar el mundo cargados de información, inevitablemente contaminamos lo que observamos, porque proyectamos toda esa información sobre el fenómeno. Cuando los místicos intentaban comprender y acercarse nada menos que a lo divino, se apresuraban a aniquilarse, a desnudarse, y entonces era cuando conseguían ver. Para comprender muy profundamente, con una visión global, hay que empezar por prescindir de la hojarasca. José Luis Sampedro. Extraído de “Entrevista con la cultura” César Coca. Editorial Bassarai. 1ª edición octubre 2005.
lunes, 15 de agosto de 2011
La obra de arte.
La obra de arte es, por supuesto, búsqueda de la belleza, pero también algo mucho más importante todavía, para mí: es la vía de conocimiento distinta de la de la ciencia, es una manera de conocer e interpretar el mundo, de conocernos e interpretarnos nosotros mismos, independientemente de la belleza. La belleza tiene la ventaja de que nos sugestiona y nos permite llegar más lejos es esa visión intuitiva, en esa visión global. Más aún: el arte está más cerca de la sabiduría. Vivimos en una sociedad muy rica en conocimiento científico, en técnica, y enormemente pobre en sabiduría, que es el arte de vivir, de llevar al como las potencialidades de la existencia humana. José Luis Sampedro. Extraído de “Entrevista con la cultura” César Coca. Editorial Bassarai. 1ª edición octubre 2005.
miércoles, 15 de junio de 2011
El amor
¿El amor es el consuelo del agnóstico? La gente suele identificar el amor con el hecho de hacer el amor, y piensa que a mi edad no tiene sentido. Claro que lo tiene. La compenetración, el afecto, el saberse sin hablar. Para mí, eso es más que siete Nobel. El goce de la vida no es cuestión de cantidad, sino de sensibilidad, intensidad, compenetración. La ternura da una intensidad profundísima. Y para eso no necesito el alma, tengo la mente. El cerebro, a base de combinar ideas como hace, peor, un ordenador, construye un mundo mental que da las sensaciones que se atribuye al alma. Yo tengo memoria, algún entendimiento y voluntad. El mundo es energía. Todos tenemos una chispa. A lo que llaman alma, yo lo llamo mente.
Extraído de una entrevista a José Luis Sanpedro en el País Semanal del 12 de junio 2011.
martes, 14 de junio de 2011
El capital.
Llevamos ocho años de Gobierno socialista. ¿No han estado a la altura? No, por una razón muy sencilla: no son socialistas. Es un Gobierno capitalista que pasa por socialdemócrata. El socialismo no habría privatizado Telefónica. Ahora anuncia que va a despedir a 8.000 obreros; si fuera del Estado, no lo haría. Y dirán: la empresa pública es menos rentable. Pero ¿para quién? Las empresas privadas dan más dinero para el director, no para los obreros. Y si viene otro Gobierno, será más capitalista aún. Los gobiernos no evitaron la crisis financiera y los pueblos siguen votando a quien ha hecho las cosas mal. ¿Quiénes provocaron la crisis?: los banqueros. ¿Quiénes salieron antes?: los banqueros. ¿Quiénes siguen ganando mientras el resto está parado?: los banqueros. ¿Quiénes les manda?: el capital.
Extraído de una entrevista a José Luis Sanpedro en el País Semanal del 12 de junio2011.
lunes, 13 de junio de 2011
¿Y frente al miedo a la muerte?
¿Y frente al miedo a la muerte? Frente al exterior que no podemos conocer del todo hay una actitud de inquietud e indefensión. Eso nos lleva a decir: voy a transformar el mundo, como dicen ahora. Yo no pretendo cambiarlo, sino estar en armonía con él, y eso supone una vida que cursa como un río. El río trisca montaña abajo, luego se remansa, y llega un punto, como estoy yo, en que acaba. Mi ambición es morir como un río, ya noto la sal. Piense en lo bonito de esa muerte. El río es agua dulce y ve que cambia. Pero lo acepta y muere feliz porque cuando se da cuenta ya es mar. Ese es un consuelo. No necesito la esperanza de un personaje que me acoja. Admito que haya más allá, pero no un señor pendiente de José Luis.
Extraído de una entrevista a José Luis Sanpedro en el País Semanal del 12 de junio 2011.
martes, 26 de octubre de 2010
Libertad
Foto: Playa en Faro Trafalgar, Cádiz (España)
Lo que llamamos libertad y que en España se interpreta como hacer lo que me da la gana, está siempre condicionado. Absolutamente.
… Cuento la anécdota de aquel amigo mío que en los primeros años de la dictadura, cuando en España casi nadie tenía coche y él consiguió uno de adjudicación oficial, decía tan contento: “Ahora iré por donde me dé la gana”. Y yo le replicaba: “No, ti iras por donde haya carretera, y si no hay carretera no podrás moverte en coche”. Es decir, que tienes tu libertad condicionada por otras circunstancias y otros factores impuestos por la sociedad. La libertad está siempre condicionada, sobre todo si se interpreta la palabra libertad como “hacer lo que me dé la gana”.
En cambio sí creo en la libertad interior. Tú puedes ser libre dentro de ti, no fuera. Y si no sabes serlo dentro de ti, no eres libre. Creo en la libertad interior.
El monje es libre, se encierra en el convento y parece que se acabó la libertad, y, efectivamente, se acabó la libertad, pero porque él lo ha elegido, porque es libre de hacerlo. Recuerdo que escribí una reseña para la Revista de Occidente sobre el libro de Jorge Semprún, Le long Voyage. En el artículo, que por cierto, se cargó la censura, le sacaba jugo a una conversación entre el preso y el guardián porque ilustraba muy bien que el preso puede ser mucho más libre que el guardián. El guardián está condicionado por la mentalidad imperante y hace lo que le mandan; no tiene libertad aunque lo crea así. El preso no tiene libertad exterior, no puede salir, pero se siente libre por la convicción de sus ideas. No ha elegido estar encerrado, pero ha elegido su ideario y la defensa de unos valores hasta sus últimas consecuencias. Extraído de La ciencia y la vida de Valentín Fuster y José Luis Sampedro con Olga Lucas. Editorial Debolsillo.
viernes, 29 de enero de 2010
Por la lectura

POR LA LECTURA
Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.
Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos.
Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favordel libro.
Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir –eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo.
Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque:a) obtiene algo a cambio.
b) es objeto de una sanción.
Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?
Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.
Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.
¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!
José Luis Sampedro
Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.
Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos.
Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favordel libro.
Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir –eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo.
Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque:a) obtiene algo a cambio.
b) es objeto de una sanción.
Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?
Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.
Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.
¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!
José Luis Sampedro
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