miércoles, 17 de octubre de 2012

La marea

El Cantábrico, Costa de Asturias. Fotos Sebas Navarrete

En efecto, no es en la plenitud de la marea ni en la bajamar transparente donde la vida acaece, sino en ese instante anfibio, que pertenece tanto al aire como al agua, en el que la marea parece dudar entre seguir subiendo o comenzar a retroceder.
En esos instantes indefinidos, que no son de Dios ni del Diablo, sino del hombre abandonado a su suerte, es cuando las circunstancias decisivas, lo que queda, respira con mayor fuerza. Y lo hace con branquias y pulmones, en una doble atmósfera en la que los actores se convierten en víctimas o en verdugos con sólo equivocar el paso. Extraído de “Medusa” de Ricardo Menéndez Salmón.