martes, 10 de mayo de 2016

El oficio de mirar.


El Rastro, Madrid. Foto Sebastián Navarrete

Contemplar durante el tiempo suficiente, cualquier cosa acaba por convertirse en un acontecimiento. El mero transcurrir muda la naturaleza de lo banal en trascendental. Por humilde que sea, un hecho sometido a una atención desmesurada acaba por resultar fascinante: un rastro de saliva sobre la madera; una bolsa de plástico movida por el viento; las idas y venidas de una mosca en un frutero. Estos tres sucesos, admirados con penetración y paciencia, resultan tan mágicos y resonantes como la contemplación de la constelación de Andrómeda. El oficio de mirar es el más venerable. También la actividad preferida del sedentario. No hay que moverse para hacerlo. Es suficiente con abrir los ojos y contemplar lo que sucede. Extraído de la novela "El Sistema" de Ricardo Menéndez Salmón. Editorial Seix Barral.