lunes, 28 de septiembre de 2015

Lunes

Madrid, septiembre 2015. Foto Sebastián Navarrete

Los documentos clasificados sirven para averiguar de viejos que lo que nos contaron de jóvenes era mentira. En función del tamaño de la mentira se desclasifican a los diez, a los cincuenta o a los cien años. Algunos, suponemos, no salen nunca a la luz, así que, respecto a determinados asuntos, nos vamos a la tumba creyendo que fueron de un modo cuando en realidad sucedieron de otro. Ahora, sin ir más lejos, se acaban de desclasificar unas actas del Fondo Monetario Internacional que dejan en entredicho la actuación del Gobierno de Zapatero en unas reuniones de 2010. Lo contó este periódico entre el domingo y el lunes pasados sin que la revelación haya hecho crujir las costillas de la vida cotidiana. Acostumbrados como estamos a una dieta de información política en la que el 80%, como en las hamburguesas, es mero cartílago, ya nada nos extraña.

Si dentro de cien años, en la hipótesis indeseable de que continuáramos vivos, nos dijeran que Rajoy, por razones que en este momento se nos escapan, fue en realidad un topo al servicio de la causa separatista catalana, no nos sorprendería en absoluto. Debe de haber en alguna caja fuerte un dossier que explique los beneficios que la derecha española espera obtener del crecimiento exponencial del soberanismo, de otro modo no se explica la tenacidad con la que ha alimentado el anticatalanismo latente en España y el separatismo patente en Cataluña. Hay ejemplos a miles, pero lo último ha sido la idea de llamar en su ayuda a la banca, que es la institución más desprestigiada del Estado. Y no ya a la banca, sino al mismísimo Luis Linde, que viene actuando desde su nombramiento como el jefe de un sindicato amarillo en una empresa de vertidos tóxicos. A ver qué nos cuentan el lunes. Juan José Millás. El País, 25/09/2015