martes, 23 de noviembre de 2010

Tertulianos


La indignación ante los comentarios del tertuliano Sostres en el programa Alto y claro de Telemadrid emerge no tanto contra el individuo que los pronuncia (cuyo currículo es bien conocido por todos), sino contra la sensación de normalidad con la que se han recibido. La opinión de Sostres no es una excepción, sino una clara tendencia entre ciertos sectores sociales.
Algunas de las perlas que he tenido que leer en los últimos meses incluyen las asquerosas declaraciones sobre pederastia de Fernando Sánchez Dragó, los insultos del periodista de Intereconomía Eduardo García Serrano contra una ministra a la que llamó "zorra" y "puerca", y la caracterización del alcalde de Valladolid Francisco Javier León de la Riva de otra ministra como un objeto sexual.
Mi lectura de estos eventos es de acoso sexual a menores y a mujeres. Sin embargo, dentro de nuestra cultura, estos individuos pronuncian estas palabras con impunidad y con el apoyo de las instituciones y audiencias que les respaldan. El hecho de que haya instituciones dentro de las cuales dichos comentarios sean recibidos con normalidad significa que dichas instituciones son fundamentalmente sexistas. Un medio que publica o retransmite dichas opiniones tiene que ser responsable por ellas. El hecho de que haya una audiencia para comentarios sexistas y pederastas es un síntoma de la sociedad en general, algo de lo que todos somos responsables.
La normalización de discursos sexistas conduce a escenarios de violencia doméstica, discriminación laboral, abuso de menores e incluso situaciones en las que el encargado de un piso para mujeres maltratadas en Mallorca es detenido por acosarlas. Si no existen medios para prevenir la influencia de los formadores de opiniones sexistas o pederastas, deberemos inventarlos.
La libertad de expresión no es libertad si no se ejerce con responsabilidad. Ejercer esa responsabilidad nos corresponde a todos.- Vanesa Castán Broto. Investigador Post-Doctoral en la Universidad de Durham, Reino Unido. Publicada en El País, cartas al Director, el 22 de noviembre de 2010.