viernes, 4 de febrero de 2011

Las parejas.


En todas las parejas que investigan la felicidad amorosa hay un reparto de funciones que no depende del sexo respectivo. Al principio, por ejemplo (pero las variables son infinitas), ella es buena, dócil, no sabe ganar dinero, es lista, frágil, cariñosa y fiel, en tanto que él es colérico, independiente, eficaz, inteligente, protector e infiel. Es un esquema vulgar, pero frecuente. Pues bien, sea cual sea el reparto de funciones, a lo largo de una investigación amorosa todas las funciones se truecan, si es que estamos hablando de una investigación seria, porque se trata de un fenómeno de mutuo espejismo y cada uno de los objetos quiere ser el Otro. Y lo consiguen. Conseguirlo quiere decir dos cosas; primero, aburrirse del Otro por lo mucho que se parece a lo que uno era antes; segundo, comprender lo mediocre y zafio que era uno entonces. Consecuencia: el otro es ahora mediocre y zafio. Extraído de “Historia de un idiota contada por él mismo” de Félix de Azua. Editorial Anagrama.