martes, 15 de febrero de 2011

La juventud.


Las cosas que más tiempo nos acompañan –nuestros grandes amores, nuestros grandes anhelos y fracasos- tienen siempre la edad de la juventud, porque amores, anhelos y fracasos comparten ese lugar donde la inconsciencia y la ambición se encuentran. Toda obra humana llamada a perdurar nace ahí, del conflicto irresoluble entre lo deseado y lo posible, entre nuestro ideal y nuestras fuerzas; toda obra humana nace de la encrucijada donde dialogan nuestra sabiduría y nuestra ignorancia.

Extraído de “La luz es más antigua que el amor” de Ricardo Menéndez Salmón. Editorial Seix Barral.