jueves, 17 de febrero de 2011

La belleza



El homo sapiens es un animal religioso, que no puede vivir sin vincularse a un principio de causalidad, a la búsqueda de un fundamento, pero existen muchas formas de religión, y no todas pasan por identificarse con un lugar de trascendencia o con un credo al uso. Para quien, como es mi caso, concibe lo divino como un fantasma de la conciencia y reduce el misterio teológico a un misterio antropológico; para quien descubre en la historia un vértigo sin dirección ni sentido, carente de cualquier asomo de finalidad; para quien asume que la realpolitik no es otra cosa que la más alta manifestación del maquiavelismo entendido como cosmovisión, el horizonte de consuelos se reduce, acaso, a uno solo: la belleza, cuyo culto es la forma más incruenta de idolatría conocida.

A lo largo de mi vida, que pronto llegará a los setenta años, cada vez que la dignidad humana ha fracasado he sentido la tentación de dimitir de la realidad y esconderme en un agujero muy profundo al que no llegara el ruido de nuestra codicia. Pero nunca lo he hecho, siempre me he obstinado en alzar la mano y hacerla caer sobre el papel, en redactar libros.

Extraído de “La luz es más antigua que el amor” de Ricardo Menéndez Salmón. Editorial Seix Barral.