jueves, 9 de septiembre de 2010

En misa.


Tan acostumbrados estamos a que los partidos hayan acaparado los informativos que casi no percibimos que las noticias no son noticias sino un baile de declaraciones en las que el periodista más que contar asume el papel de sostenedor de micrófonos y, en ocasiones, ni eso: es habitual que los gabinetes de prensa de los partidos elijan los momentos estelares de los mítines para disfrute de los espectadores.
Cada paso que da un político de relumbrón es retransmitido con docilidad. De esta forma, el otro día tuvimos la suerte infinita de asistir desde nuestros hogares a la ofrenda que el comité ejecutivo del Partido Popular hizo al Apóstol Santiago, rogando al santo por la unidad de España y pidiéndole ayuda para superar la crisis. Supongo que dicho comité daba por hecho que el Apóstol estaría dispuesto a intervenir a condición de que fuera el PP quien ganara las elecciones.
Qué poco contribuye a crear una España de ciudadanos libres en sus creencias y opiniones el que los partidos invadan territorios que corresponden al ámbito personal. En este caso, parecían afirmar que todo aquel votante que opte por el Partido Popular es católico y que no hay creyentes fuera de su órbita. Qué pobre sería nuestro país si admitiéramos estas dos premisas, y qué poco democrático que un partido se arrodille ante un santo convirtiendo la fe en un descarado acto político. Imagino que a fuerza de alentar las diferencias existe hoy un tipo de votante airado que disfruta con estas afirmaciones públicas de la España eterna, pero alguien sensato debiera advertir a quien corresponda que la fe aumenta su apariencia de autenticidad cuanto más en privado se practica. Lo otro es estar en misa y repicando. Un partido no debiera olvidar que el laicismo es la única manera de enfrentarse a un país diverso, el que ellos aspiran gobernar. Elvira Lindo. El País, 8 de septiembre de 2010.