viernes, 17 de septiembre de 2010

El destino.

Foto: Cabo San Vicente

Para el ser humano, el destino es como el viento para el velero. El que está al timón no puede decidir de dónde sopla el viento, ni con qué fuerza, pero si puede orientar la vela. Y eso supone a veces una enorme diferencia. El mismo viento que hará naufragar a un marino poco experimentado, o imprudente, o mal inspirado, llevará a otro a buen puerto. Amin Maalouf. Identidades asesinas. Alianza Editorial.