sábado, 9 de abril de 2011

Objetos muertos.


Y un día en que, mientras paseaba por el jardín, Fardrús el griego tropezó con una piedra, montó en cólera. Y se volvió y cogiendo la piedra dijo con voz ronca: “Objeto muerto que te has cruzado en mi camino.” Y arrojó lejos la piedra.

Y Almustafá, el elegido, el bienamado dijo:

“¿Por qué dices objeto muerto? Has estado mucho tiempo en este jardín, ¿no sabes que nada hay aquí que esté muerto? Todas las cosas viven y resplandecen en la claridad del día y en la majestad de la noche.”

“Tú y la piedra sois uno: la única diferencia estriba en los latidos del corazón. Crees que tu corazón late un poco más deprisa, amigo mío; y es cierto, pero no es tan sereno como la piedra. Quizá su ritmo sea distinto, mas yo te digo que si sondeas las profundidades de tu alma y escalas las alturas del espacio, sólo una melodía oirás, y en ella la piedra y la estrella cantan en perfecta armonía al unísono.”

“Si mis palabras no llegan a tu entendimiento, mejor será que esperes otra aurora. Si has maldecido a esta piedra en la que tu ceguera tropezó, también deberías maldecir la estrella si tu cabeza chocara contra ella en l cielo. Llegará un día en que juntarás piedras y estrellas como el niño que arranca los lirios del valle, y entonces sabrás que todas estas cosas tienen vida y fragancia.” Gibrán Jalil Gibrán. El jardín del profeta. Biblioteca Edaf.