jueves, 14 de abril de 2011

La educación del niño


He reflexionado con frecuencia acerca de lo que podría ser la educación del niño. Pienso que se necesitaría estudios básicos, muy simples, en los que el niño aprendiera que vive, en el seno del universo, sobre un planeta cuyos recursos deberá cuidar más tarde, que depende del aire, del agua, de todos los seres vivientes, y que el menor error o la menor violencia, pueden destruirlo todo. Aprendería que los hombres se han matado entre sí en guerras que sólo han producido otras guerras, y que cada país acomoda su historia, falsamente, para halagar su orgullo. Se le enseñaría lo suficiente del pasado para que se sienta ligado a los hombres que lo han precedido, para que los admire cuando lo merezcan, sin hacer de ellos unos ídolos, como tampoco del presente o de un hipotético porvenir. Se intentaría familiarizarlo, a la vez con los libros y las cosas; sabría el nombre de las plantas, conocería a los animales, sin hacer esas odiosas vivisecciones impuestas a los niños y a los adolescentes con el pretexto del estudio de la biología; aprendería a dar los primeros auxilios a los heridos; su educación sexual comprendería su presencia en un parto, su educación mental las vista de enfermos graves y de muertos. Se le darían también simples nociones de moral, sin las cuales la vida en sociedad es imposible. En materia de religión, no se le impondría ninguna práctica o ningún dogma, pero se le diría algo respecto de todas la grandes religiones del mundo. Se le enseñaría a amar el trabajo cuando el trabajo es útil. Hay ciertamente un medio de hablar a los niños de cosas en verdad importantes, y más pronto de lo que se hace. Marguerite Yourcenar.