martes, 26 de abril de 2011

Emaús

Foto: Procesión en Conil de la Frontera (Cádiz)


De todas formas, somos felices, o por lo menos creemos que lo somos.
Con el equipamiento de serie de la normalidad que viene incluido, irrenunciable, el hecho de que somos católicos –creyentes y católicos. En realidad, ésa es la anomalía, la locura con la que refutamos el teorema de nuestra simplicidad, pero nosotros nos parece todo muy normal, reglamentario. Uno cree y no parece que exista otra posibilidad. No menos baladí: uno cree con avidez y con hambre; no con una fe tranquila, sino con una pasión incontrolada, lo mismo que una necesidad física, una urgencia. Es la semilla de alguna forma de locura –la condensación evidente de una tempestad en el horizonte. Pero ni padres ni madres leen la borrasca que se avecina, por el contrario, tan sólo leen el falso mensaje de una callada aquiescencia a los designios de la familia: de manera que nos dejan que nos vayamos mar adentro… el gusto por la pobreza, el orgullo por las ropas miserables. Los rezos, el rezar. El sentimiento de culpa, eso siempre. Somos unos inadaptados, pero nadie quiere darse cuenta de ello. Creemos en el Dios de los Evangelios. Extraído de la novela de Alessandro Baricco “Emaús” Editorial Anagrama, primera edición marzo 2011.