lunes, 26 de julio de 2010

Sánchez Ferlosio


Sánchez Ferlosio escribía acerca de la reacción de su hija de tres años el día en que, yendo con ella por el parque del Retiro de Madrid, oyendo, de pronto, las voces de un teatro de títeres. Se acercaron y la pieza debía de ir, ya más o menos, por la mitad. Era un día de tiempo celestial y la niña nunca había visto marionetas, pero, para enorme sorpresa del padre, ella entró instantáneamente en la función, como si se tratase de algo sobradamente conocido desde su nacimiento, riéndose ya con la primera frase. De pronto, el padre descubrió que la niña no sabía lo que era un argumento, que no tenía ni idea de que una obra de teatro se suponía que era una serie de hechos enlazados que se sucedían en el tiempo. Para ella no existía tal sucesión. “Para ella”, escribe Ferlosio, “cada instante era puro y pleno presente, sustentado en si mismo, completamente dueño de su propia ahora, ajeno a cualquier antes y después, acabado y entero de por sí.” Lo que la niña estaba viendo no era nada que pasara u ocurriera en el tiempo, sino un puro manifestarse en el ahora. Extraído de: Dietario Voluble. Enrique Vila-Matas. Anagrama, Narrativas Hispánicas