jueves, 2 de junio de 2011

Ensoñación y juego



Es un error confundir “ensoñación” y “juego”. Un niño que se aleja del libro y deja vagar la mirada por el cielo, protagonizando una historia construida con trozos de comics y películas, no juega. Fantasea tan sólo. Pero suena el timbre del recreo, y el niño regresa a una realidad todavía indecisa. Ya no está del todo en las nubes, como antes, ni está todavía en la clase, como antes del este. Sigue apresado, si no en la ensoñación, al menos en su estela. Se levanta, coge un plumier e imita las evoluciones de un avión: ahora está jugando. La ensoñación es un embrión de juego que anida y crece en el seno maternal de la conciencia, sin contacto con el mundo exterior. El juego es la ensoñación que se apropia de un fragmento de realidad –el juguete-, que se convierte así en una cosa fagocitada por un sueño. José Antonio Marina. Elogio y refutación del ingenio. Premio Anagrama de ensayo.