sábado, 7 de mayo de 2011

Conclusiones


Hubo un verano en el que la muerte se aburrió de su comarca nocturna y decidió instalarse en la refulgente mañana. El sol se filtraba entre los rascacielos y de detuvo a sólo tres baldosas de su desamparada sombra.
La muerte enfocó con sus ojos grises el piso más alto de un imponente edificio. Allí, junto a una frágil baranda, estaba un hombre totalmente desnudo que abría y cerraba los brazos. Desde la concurrida plaza nadie miraba hacia arriba. Todos cuidaban sus pasos o esperaban el verde de los semáforos. La muerte comprendió que el hombre desnudo estaba a punto de arrojarse al vacío, pero ella no estaba en ánimo de recibirlo, así que simplemente parpadeó. Cuando volvió a mirar, el hombre desnudo ya no estaba asomado a la remota baranda, pero al cabo de un rato reapareció pulcramente vestido y con una sonrisa que desde abajo nadie era capaz de distinguir. Salvo la muerte.
Una pareja de jóvenes, quizá demasiado absortos en su amor, se aventuró en un cruce de peatones a pesar del semáforo en rojo. Un camión enorme se les vino encima; mejor dicho, se les venía, porque la muerte otra vez parpadeó y el camionero frenó bruscamente, no sin antes cubrir de prolijos insultos a los imprudentes. Éstos ni se dieron cuenta del peligro corrido y siguieron abrazados su camino.
La muerte decidió moverse. La grandiosa avenida, con sus rascacielos en fila y sus nudos de automóviles, le pareció el pretencioso borrador de un futuro camposanto. Para ella era indudable: toda aquella disparatada hipérbole acabaría algún día, centímetro a centímetro, Kilómetro a Kilómetro, cruz a cruz, en un oscuro destino sin regreso, en su hora suprema.
De pronto se dio cuenta de que el luminoso día la aburría aún más que la noche. De modo que regresó urgentemente a su lóbrego hábitat, donde sólo la luna podía desafiarla. Y empezó como siempre la rutinaria caravana.
Desde abajo, desde las tres o cuatro guerras que asolaban el mundo, se elevaban hálitos, manes, soplos vitales consumidos, huellas de espíritus. La muerte la acogía con su habitual pericia y los diseminaba en su franja de éter, unas veces como efluvios y otras veces como miasmas. Un trabajo verdaderamente agotador.
Menos mal que no hay Dios, masculló la muerte con su voz cavernosa. Su hubiera Dios y viniera a disputarme el azar, no tendría más remedio que morirme. Cuento titulado Conclusiones, extraído de “El porvenir de mi pasado” de Mario Benedetti. Editorial Alfaguara, edición del 2003

viernes, 6 de mayo de 2011

El porvenir de mi pasado.


Eso fui. Una suerte de botella echada al mar. Botella sin mensaje. Menos nada. Nada menos. O tal vez una primavera que avanzaba a destiempo. O un suplicante desde el Más Acá. Ateo de aburridos sermones y supuestos martirios.
Eso fui y muchas cosas más. Un niño que se prometía amaneceres con torres de sol. Y aunque el cielo viniera encapotado, seguía mirando hacia adelante, hacia después, a renglón seguido. Eso fui, ya menos niño, esperando la cita reveladora, el parto de las nuevas imágenes, las flechas que transcurren y se pierden, más bien se borran en lo que vendrá. Luego la adolescencia convulsiva, burbuja de esperanzas, hiedra trepadora que quisiera alcanzar la cresta y aún no puede, viento que nos lleva desnudos desde el suelo y quién sabe hasta (y hacia) dónde.
Eso fui. Trabajé como una mula, pero solamente allí, en eso que era presente y desapareció como un despegue, convirtiéndose mágicamente en huella. Aprendí definitivamente los colores, me adueñé del insomnio, lo llené de memoria y puse amor en cada parpadeo.
Eso fui en los umbrales del futuro, inventándolo todo, lustrando los deseos, creyendo que servían, y claro que servían, y me puse a soñar lo que se sueña cuando el olor a lluvia nos limpia la conciencia.
Eso fui, castigado y sin clemencia, laureado y sin excusas, de peor a mejor y viceversa. Desierto son oasis. Albufera.
Y pensar que todo estaba allí, lo que vendría, lo que se negaba a concurrir, los angustiosos lapsos de la espera, el desengaño en cuotas, la alegría ficticia, el regocijo a prueba, lo que iba a ser verdad, la riqueza virtual de mi pretérito.
Resumiendo: el porvenir de mi pasado tiene mucho a gozar, a sufrir, a corregir, a mejorar, a olvidar, a descifrar, y sobre todo a guardarlo en el alma como reducto de última confianza. Extraído de “El porvenir de mi pasado” de Mario Benedetti. Editorial Alfaguara, edición del 2003.

jueves, 5 de mayo de 2011

El plural


Un ciudadano escucha en las noticias que un cuerpo especializado del Ejército americano ha acabado con la vida del terrorista más buscado del mundo y se siente impelido a salir a la calle, a Times Square, a la Casa Blanca o a la Zona Cero y convierte esa noticia en un espectáculo. Ese individuo usa el plural al dirigirse a una cámara y decir, "lo hemos vencido, al fin hemos acabado con él, ese día tenía que llegar, lo hemos derrotado". Es ese plural el que ofende a las personas serenas, que no entienden la muerte, sea de quien sea, como celebración. Es el plural que aparecía en las primeras páginas de los periódicos gratuitos en el metro de Nueva York ayer martes: "Al fin lo hemos golpeado"; es el plural bíblico que utiliza sin miramientos el Washington Post, poniendo en boca de todos los ciudadanos americanos la siguiente frase: "Púdrete en el infierno". Es el plural que divide al mundo en dos planetas, Oriente y Occidente; el plural que separa a los seres humanos en buenos y en malos; el plural que tras el 11 de septiembre trazó un eje, el del mal, que sembró el rencor y la desconfianza; aquel plural decisivo para sustentar lo que fuera un continuo estado de emergencia, "la guerra contra el terror", y una excusa perfecta para defender invasiones contra todo derecho. Es un plural que marca una línea entre nosotros y ellos.

Entiendo las dificultades que se derivan de esta acción contra Bin Laden: será complicado evitar una beatificación de quien ya era un icono. Bin Laden era un problema: vivo, muerto, preso o enterrado. Pero celebrarlo en plural tiene algo de victoria deportiva, algo naif, grosero. Y que conste que tampoco me siento incluida entre los españoles que hablan de "ellos", de los americanos, como si hubieran sido 300 millones de personas los que hubieran puesto en su boca ese plural que provoca escalofríos. “El plural” Elvira Lindo. El País 4 de mayo de 2011.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Canción suicida



Canción suicida

No obedece el futuro,
ni el pasado obedece,
ni siquiera los días
contables del presente.

Tampoco las palabras
escritas obedecen.
Son un destino al margen,
unas canciones débiles,

como las caracolas
tocadas de cipreses
que dejan en el viento
las verdades sin suerte.

No obedecen las cartas.
La escopeta obedece
el enigma que sufren
los relojes de nieve.

Porque el tiempo es un curso
sin corazón ni leyes
que olvida las historias
y jamás obedece.

Obedeció el disparo
del suicida en la frente.
Allí, junto a sus cosas,
le obedeció la muerte.

Luis García Montero. “La intimidad de la serpiente” editorial Tusquets, edición febrero 2003.

martes, 3 de mayo de 2011

Tres citas


La última de las libertades humanas es elegir nuestra propia actitud ante cualquier circunstancia. Viktor Frankl


Como no puedo gobernar los acontecimientos me gobierno a mí mismo. Michel de Montaigne.

A un discípulo que siempre estaba quejándose de los demás, le dijo el Maestro:
-Si es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás. Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar toda la tierra. Anthony de Mello.

lunes, 2 de mayo de 2011

Literatura urbana

 En Conil de la Frontera (Cádiz)
 Parque Natural de los Alcornocales (Cádiz)
 Parque Natural de los Alcornocales (Cádiz)

Escrito en la pared de un edificio oficial de la Junta de Andalucía en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)

sábado, 30 de abril de 2011

El otro



Para conservar la prisión de Guantánamo no es preciso ser un monstruo, basta con ser Obama. Tampoco es obligatorio ser un perverso para encarcelar al soldado Manning en vez de a quienes han cometido los crímenes sacados a la luz por él. Basta de nuevo con ser Obama. Si usted creía que para torturar a adolescentes o a ancianos con demencia senil se requería carecer de cultura, usted era un ingenuo. De esta tarea se han encargado en Guantánamo gente con titulación media y superior, personas con excelentes currículos académicos y de conductas personales intachables. Algunos han tenido que aprobar oposiciones más duras que las de juez, registrador de la propiedad o notario. Ese psiquiatra militar que observaba impasible cómo un preso se comía sus propias heces, se bebía el champú y embadurnaba con excrementos su cuerpo desnudo, era seguramente un tipo normal, incluso de una normalidad superior a la media, una normalidad fuera de lo común, valga la paradoja. No se extrañe usted, hay normalidades de este tipo. Aznar, por ejemplo, se definía a sí mismo como un radical de la normalidad y también como un extremista de centro. Si puede haber psiquiatras militares y obispos castrenses, es que no hay límites para la naturaleza humana. Podemos serlo todo. Bush pertenecía también a la categoría de normales máximos, cum laude. Pero créanme, no es preciso alcanzar tal grado de normalidad para concebir un espacio de horror como la cárcel medieval de Guantánamo. El propio Obama, que cuando la observaba desde fuera del Gobierno sentía por ella un asco sin límites (juró cerrarla en 10 meses), ha acabado aceptándola, ya ven. Y es que para ser sádico no hace falta, sorprendentemente, ser sádico. Basta con ser Obama. Quiere decirse que para ser el otro basta con ser uno mismo. En otras palabras, para ser bobo basta con ser listo. “El Otro” Juan José Millás. El País 29 abril 2011.

viernes, 29 de abril de 2011

Manuel Azaña

Veo en los sucesos de España un insulto, una rebelión contra la inteligencia, un tal desate de lo zoológico y del primitivismo incivil, que las bases de mi racionalidad se estremecen. En este conflicto, mi juicio me llevaría a la repulsa, a volverme de espaldas a todo cuanto la razón condena. No puedo hacerlo. Mi duelo de español se sobrepone a todo. Esta servidumbre voluntaria me ha de acompañar siempre, y nunca podré ser un desarraigado. Siento como propias todas las cosas españolas, y aun las más detestables hay que conllevarlas, como una enfermedad penosa. Pero eso no impide conocer la enfermedad de la que uno se muere, o más exactamente de la que nos hemos muerto; porque todo lo que podamos ahora decir sobre lo pasado suena a cosa de otro mundo. Manuel Azaña.

jueves, 28 de abril de 2011

Miguel de Cervantes.


Foto: Consuegra (Toledo) desde una ventana del castillo.

En esto, descubriendo treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo y, cuando don Quijote los vio, dijo a su escudero:
-La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que pudiéramos desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con los que pienso pelear y quitarles a todos las vidas.
Con sus despojos comenzaremos a enriquecernos, que ésta es una guerra justa, y es gran servicio de Dios quitar tan mala semilla de la faz de la tierra.
-¿Qué gigantes?- dijo Sancho Panza.
Aquellos que allí ves –respondió su amo-, de los brazos largos, que algunos los suelen tener de casi dos leguas.
-Mire vuestra merced –respondió Sancho- que aquellos que allí se ven no son gigantes sino molinos de viento y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, movidas por el viento, hacen andar la piedra del molino.
-Bien parece –respondió don Quijote- que no eres muy experto en esto de las aventuras: ellos son gigantes. Si tienes miedo, quítate de ahí y ponte en oración mientras que yo entro con ellos en una fiera y ardua batalla. Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha.

miércoles, 27 de abril de 2011

El día de mañana


Mis padres se pasaron la vida pensando en el día de mañana. Tú piensa en el día de mañana; tú ahorra para el día de mañana, me decían. Pero el día de mañana no llegaba. Pasaban los meses y los años y el día de mañana no llegaba.

Hoy, de hecho, mis padres ya están muertos y el día de mañana aún no ha llegado.

Extraído de “Tanta pasión para nada” de Julio Llamazares. Editorial Alfaguara.

martes, 26 de abril de 2011

Emaús

Foto: Procesión en Conil de la Frontera (Cádiz)


De todas formas, somos felices, o por lo menos creemos que lo somos.
Con el equipamiento de serie de la normalidad que viene incluido, irrenunciable, el hecho de que somos católicos –creyentes y católicos. En realidad, ésa es la anomalía, la locura con la que refutamos el teorema de nuestra simplicidad, pero nosotros nos parece todo muy normal, reglamentario. Uno cree y no parece que exista otra posibilidad. No menos baladí: uno cree con avidez y con hambre; no con una fe tranquila, sino con una pasión incontrolada, lo mismo que una necesidad física, una urgencia. Es la semilla de alguna forma de locura –la condensación evidente de una tempestad en el horizonte. Pero ni padres ni madres leen la borrasca que se avecina, por el contrario, tan sólo leen el falso mensaje de una callada aquiescencia a los designios de la familia: de manera que nos dejan que nos vayamos mar adentro… el gusto por la pobreza, el orgullo por las ropas miserables. Los rezos, el rezar. El sentimiento de culpa, eso siempre. Somos unos inadaptados, pero nadie quiere darse cuenta de ello. Creemos en el Dios de los Evangelios. Extraído de la novela de Alessandro Baricco “Emaús” Editorial Anagrama, primera edición marzo 2011.

lunes, 25 de abril de 2011

El mar. La mar.





Para verlas más grandes clicar sobre las fotos


El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?

¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños, la marejada
me tira del corazón.

Se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

Rafael Alberti. Marinero en tierra, 1924

viernes, 22 de abril de 2011

Dichosos los que....


Dichosos los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse.
Dichosos los que saben distinguir una montaña de una piedra, porque se evitarán muchos inconvenientes.
Dichosos los que saben descansar y dormir sin buscar excusas; llegarán a ser sabios.
Dichosos los que saben escuchar y callar; todos los días aprenderán cosas nuevas.
Dichosos los que son suficientemente inteligentes como para no tomarse en serio; serán valorados por sus vecinos.
Dichosos los que están atentos a las urgencias de los demás, sin sentirse indispensables; serán permanente fuente de alegría.
Dichosos los que sepan mirar seriamente las cosas pequeñas y tranquilamente, las cosas importantes; llegarán lejos en esta vida.
Dichosos los que sepan interpretar con benevolencia las actitudes de os demás, aun con las apariencias; serán tomados por ingenuos, pero es el precio justo de la caridad.
Tomás Moro.

jueves, 21 de abril de 2011

Parque Natural La Breña y Marismas del Barbate (Cádiz).



Este pinar fruto de varias repoblaciones efectuadas entre 1895 y 1926, tenían como objeto fijar el avance de las dunas litorales, además de fijar el suelo para protegerlo de la erosión.






Fauna y flora que encontré en el camino.

martes, 19 de abril de 2011

Puesta de sol Cabo de Trafalgar (Cádiz)





Así se ocultó el sol el lunes 18 de abril, visto desde la base del faro de Trafalgar.

En sus inmediaciones tuvo lugar el 21 de octubre de 1805 la célebre batalla de Trafalgar, en la que la escuadra franco-española fue derrotada por la inglesa al mando del almirante Nelson.

lunes, 18 de abril de 2011

Arcos de la Frontera (Cádiz)







Domingo 17 de abril de 2011. Segundo día de fuerte viento de Levante. Así la playa ni verla. Nos quedan los pueblos del interior como Arcos de la Frontera.

sábado, 16 de abril de 2011

jueves, 14 de abril de 2011

La corrupción


La corrupción, evidentemente, es el síntoma de una enfermedad del Estado. Ahora bien, la cosa no acaba –ni comienza- aquí. Late un supuesto muy hipócrita en algunos planteamientos referentes a la corrupción; es el supuesto de que la mayoría de los políticos son unos sinvergüenzas en tanto que la mayoría de los ciudadanos son unos ángeles. En primer lugar, para que haya políticos corruptos ha de haber ciudadanos corruptores; en segundo lugar, la mayoría de los políticos, al menos en lo económico, son gente honrada. (Las pasiones y las patologías del animal político discurren por otros ámbitos.) El meollo de la cuestión está en el mismo cuerpo social. Es probable, por ejemplo, que muchos españoles no reprochen tanto a los corruptos su corruptela como su torpeza.

Otro planteamiento incorrecto: puesto que hay corrupción, la democracia está podrida. Se olvida que es precisamente la democracia la que permite denunciar la corrupción. Aquí lo importante es que la denuncia se haga desde el convencimiento y no desde el cinismo político. El caso es que la crítica al político no exime al ciudadano. La corrupción hay que combatirla, ante todo desde el interior de la propia conciencia. La democracia exige que un mínimo de ciudadanos posea eso que se llama responsabilidad moral.

A diferencia de la responsabilidad jurídica, la responsabilidad moral no es una institución sino una figura subjetiva. La responsabilidad moral remite a esa misteriosa relación que cada cual tiene consigo mismo. Ahora bien, el problema de nuestra época surge porque el espacio interior, la relación de cada cual consigo mismo, ya no viene presidida, como en los tiempos de Kant, por la llamada “conciencia moral universal” Hoy cada cual tiene su propia conciencia, su propio sistema de valores, su propia topografía moral. En un contexto pluralista no hay códigos universales, y uno tiene que autodefinirse sabiendo que no hay valores absolutos…. 17 abril 1994. Extraido de “Asimetrias” de Salvador Pániker. Editorial Debate.

La educación del niño


He reflexionado con frecuencia acerca de lo que podría ser la educación del niño. Pienso que se necesitaría estudios básicos, muy simples, en los que el niño aprendiera que vive, en el seno del universo, sobre un planeta cuyos recursos deberá cuidar más tarde, que depende del aire, del agua, de todos los seres vivientes, y que el menor error o la menor violencia, pueden destruirlo todo. Aprendería que los hombres se han matado entre sí en guerras que sólo han producido otras guerras, y que cada país acomoda su historia, falsamente, para halagar su orgullo. Se le enseñaría lo suficiente del pasado para que se sienta ligado a los hombres que lo han precedido, para que los admire cuando lo merezcan, sin hacer de ellos unos ídolos, como tampoco del presente o de un hipotético porvenir. Se intentaría familiarizarlo, a la vez con los libros y las cosas; sabría el nombre de las plantas, conocería a los animales, sin hacer esas odiosas vivisecciones impuestas a los niños y a los adolescentes con el pretexto del estudio de la biología; aprendería a dar los primeros auxilios a los heridos; su educación sexual comprendería su presencia en un parto, su educación mental las vista de enfermos graves y de muertos. Se le darían también simples nociones de moral, sin las cuales la vida en sociedad es imposible. En materia de religión, no se le impondría ninguna práctica o ningún dogma, pero se le diría algo respecto de todas la grandes religiones del mundo. Se le enseñaría a amar el trabajo cuando el trabajo es útil. Hay ciertamente un medio de hablar a los niños de cosas en verdad importantes, y más pronto de lo que se hace. Marguerite Yourcenar.

miércoles, 13 de abril de 2011

Cojamos flores


Maestro, son plácidas todas las horas que nosotros perdemos, si en el perderlas, cual en un jarrón, ponemos flores. No hay tristezas ni alegrías en nuestra vida. Sepamos así, sabios incautos, no vivirla, sino pasar por ella, tranquilos, plácidos, teniendo a los niños por nuestros maestros, y los ojos llenos de Naturaleza… Junto al río, junto al camino, según se tercie, siempre en el mismo leve descanso de estar viviendo. El tiempo pasa, no nos dice nada. Envejecemos. Sepamos, casi maliciosos, sentirnos ir. No vale la pena hacer un gesto. No se resiste el dios atroz que a los propios hijos devora siempre. Cojamos flores, mojemos leves nuestras manos en los ríos calmos, para que aprendamos calma también. Girasoles siempre mirando al sol, de la vida nos iremos tranquilos, teniendo ni el remordimiento de haber vivido. Fernando Pessoa.