
Continúo atento a la conversación. El actor de cine fracasado tarda en responder a la reportera pérfida. Finalmente dice que si pudiera elegir optaría por fracasar como fracasado. Parece un juego de palabras, un ardid para escapar de la encerrona, pero quizá en la respuesta haya alguna sustancia. Me pregunto si fracasar como fracasado equivale a un fracaso doble y me viene a la memoria un título de Julio Ramón Ribeyro: La tentación del fracaso. ¿Acaso es esta tentación más fuerte que la del éxito? ¿Es más sana, más estimulante? ¿Nos previene de algún tipo de desengaño? Un amigo de juventud aseguraba que el éxito era una forma de traición. ¿Sería entonces el fracaso un modo de fidelidad? ¿Y de fidelidad a qué? Oscurece al tiempo que se deshacen los hielos en mi vaso. La calle se llena de sombras poco a poco. Pido otro gin-tonic. La reportera mira el reloj y decide rematar la entrevista preguntando al actor fracasado por su vida actual. Cuido de una nieta, dice él. Sombras. Juan José Millás. El País 15 enero 2010.
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¿Y como voy a saber lo que pienso si no lo he dicho todavía? E.M. Forster.
Te doy las gracias por opinar y participar. Saludos.