jueves, 16 de octubre de 2008

Progresar.


El niño pequeño nos enseña inequívocamente que estamos sometidos a este doble dinamismo del placer y de la superación. Cuando nace, le importa exclusivamente satisfacer su necesidad de bienestar. Quiere estar bien alimentado, calentito, limpio, acogido. Pero antes de los tres años dice un frase que delata en su interior el impulso incansable de la especie humana. Dice: "Mamá, mira lo que hago". Se trata de una petición muy peculiar. No pide otro dulce, otro juguete, otro capricho, sino algo que pertenece a una categoría absolutamente distinta. Quiere sentir que progresa y que ese avance es reconocido por una persona significativa para él. Así seguimos toda la vida. Conviene que no lo olvidemos: necesitamos siempre sentir que progresamos. José Antonio Marina. Aprender a convivir.