miércoles, 13 de junio de 2012

Una migaja



Dios dio un pan a cada pájaro,
pero sólo una migaja a mí.
No me atrevo a comerla,
aunque perezca.

Tenerla, tocarla
es mi doloroso placer.
Confirmar la hazaña que hizo mío el pedacito.
Demasiado feliz, en mi suerte de gorrión,
para codicia mayor.

Puede haber hambruna en torno mío
que yo no perderé una miguita siquiera.
¡Tan espléndida mi mesa resplandece!
¡Tan hermoso mi granero se muestra!

Me pregunto cómo se sentirán los ricos,
los maharajás, los condes. Yo creo
que, con sólo una migaja,
soy soberana de todos ellos,

Emily Dickinson “El viento comenzó a mecer la hierba”
Editorial  Nórdica. Edición bilingüe.