miércoles, 24 de agosto de 2011

El sentido de la vida


¿El sentido de la vida? Primero, procurar no fallar; luego, procurar fallar sin desfallecer. En cuanto a si merece la pena vivir, te remito a lo que comentaba a este respecto Samuel Butler, un escritor inglés a menudo guasón: “Ésa es una pregunta para un embrión, no para un hombre.” Cualquiera que sea el criterio que elijas para juzgar si la vida vale la pena o no, lo tendrás que tomar de esa misma vida en la que ya estás sumergido. Incluso si rechazas la vida, lo harás en nombre de valores vitales, de ideales o ilusiones que has aprendido durante el oficio de vivir. De modo que es la vida lo que vale… incluso para quien llega a la conclusión de que no vale la pena vivir. ¡Más razonable sería preguntarnos si “tiene sentido la muerte”, si la muerte “vale la pena”, porque de ésta si que no sabemos nada, ya que todo nuestro saber y todo lo que para nosotros vale proviene de la vida! Creo que la ética digna de ese nombre parte de la vida y se propone reforzarla, hacerla más rica. Me atreveré a ir más lejos, ahora que nadie nos oye: pienso que sólo es bueno el que siente una antipatía activa por la muerte. ¡Ojo! Digo “antipatía” y no “miedo”; en el miedo siempre hay un inicio de respeto y bastante sumisión. No creo que la muerte se merezca tanto… Pero ¿hay vida después de la muerte? Desconfío de todo lo que debe conseguirse gracias a la muerte, aceptándola, utilizándola, haciendo manitas con ella, sea la gloria en este mundo o la vida perdurable en algún otro. Lo que me interesa no es la vida después de la muerte, sino que haya vida antes. Y que esa vida sea buena, no simple supervivencia o miedo constante a morir. Extraído de “Ética para Amador” Fernando Savater. Editorial Ariel. 24ª edición, julio 1995.